martes, 14 de junio de 2016

Verano de los 90.

Después de que por fin acabaran las clases, como todos los años nos íbamos a veranear a Huesca, Aragón. Era un pueblecito con pantano, rodeado de verde, con una pequeña iglesia, un pequeño comercio, una cancha de tenis, piscina y muchas cuestas. Las casas eran todas de piedra, las cuales te hacían volver en el tiempo e imaginarte como sería la vida allí, probablemente con más edad pero ahora que lo pienso, a la edad de 16 años, solo pensaba en divertirme y este sitio me lo proporcionaba.

El pueblo era pequeño, la gente se saludaba al pasear por las calles cubiertas de piedra y hermosas construcciones de casas que rodeaban el pantano. En este sitio, cada año se organizaban las típicas fiestas de pueblo con su orquesta y música para la juventud. En aquel hermoso lugar, aunque lejano, me proporcionaba la alegría que durante todo el año no había tenido en el instituto, y esas amigas que encontré en este acogedor valle, me hicieron sentir una más entre ellas. Con nuestros más y nuestros menos, siempre había algo que hacer.

Entre los juegos veraniegos al parchís, la piscina, la cancha, y las fiestas que proporcionaban los lugareños y los de los alrededores hacían de mi verano, único.

Recuerdo que yo estaba muy encariñada con un chico al que acabó en algo muy bonito pero que quizás nunca fuimos algo más, por la timidez de mi edad. Tal vez, me hacía falta encontrar a alguien comprendiera lo crudo que es para un tímido enzarzarse en ese tema del amor.

Una noche, a tientas, me escabullí de casa. Yo le envié un mensaje a ese chico al que tanto quería y con el que tan bien me llevaba. Nos encontramos en la plaza y en esa noche después de haber estado hablando, él se acercó hacia a mí y yo…. Me aparté. La vergüenza fue como multiplicada por mil. Me daba tanta vergüenza, que hice lo que mi cuerpo expresó en un momento en el que más me hubiera hecho falta echarle un par de ovarios, para que aquello funcionara.


Durante mucho tiempo me estuve imaginado, después de aquello, como podría haber sido aquel beso con el que soñaba noche y día. Hicieron falta años, para darme cuenta que aquello, no tenía porque ser final de un verano, que por desgracia, con la separación de mis padres nunca más volví a visitar aquel lugar.


Nunca podré olvidar , Sopeira. 

4 comentarios:

  1. Hola Mini Fu! Pues si, es una edad maravillosa. Gracias por pasarte por mi blog.Un saludo!!

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  2. Me parece que todos los tímidos tenemos historias como esa o incluso más embarazosas... Cuando estaba en esa edad hubo algunas chicas que me gustaron, pero nunca pude tener nada con ellas por falta de arrojo, por temor al rechazo o quien sabe que más. Con los años uno cambia, pero todavía sigo teniendo cierto grado de timidez y temor...

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  3. Hola Roger!
    Pues si, estas en lo cierto. La cruz de los tímidos, como te dije antes. es verdad que la timidez le hace uno sentirse de la peor manera, te lo digo, como timida empedernida que he sido yo. Aun con todo , la gente de la que te redees y las cosas que hagas por superarlas definirán tu grado de timidez. Yo me vine al sur por amor, y ahora estoy mas suelta por la gente que de aquí, es más sociable , por nada se inicia una conversación. Así que ya sabes, haz algo que te de mucha vergüenza, y poco a poco ves intentando otras cosas. un saludo y hasta pronto!!

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