jueves, 21 de junio de 2018

Relato: El Defensor

¡Hola, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!



Carlos volvía con sus amigos después de una noche de concierto. Joan, seguía con sus temas de conversación que nunca acababan; Joana que no se perdía nada le seguía la corriente e intentaba rebatirle cada comentario; Eli que solo hablaba para meter pequeñas puyitas para que Joan dejara de hacerse el interesante con Joana y dejarlo callado, y Carlos, que seguía el panorama ,divertido, sin perderse nada.

Un sonido pareció retumbarle los oídos de tal manera que logro echar a Carlos al suelo encogido como un niño de cinco años. El sonido era tan agudo que podía atravesar el tímpano. Pareció una eternidad pero, una vez fue bajándose la intensidad de aquel sonido, vió que sus amigos le miraban atónitos y expectantes por saber que le había ocurrido. Al parecer, había sido el único afectado:

- ¿En serio no habéis oído el sonido agudo y persistente que se ha escuchado?- Los tres amigos se miraron entre ellos y al unísono aseguran que no. 
-Tío, debe de haber sido la cerveza de barril, en estos conciertos no sabes qué mierda te pueden echar en el vaso. -Todos ríen pero, Carlos, esboza una media sonrisa medio fingida, como para quitarle hierro al asunto. 

Los cuatro amigos se despiden cada uno con una chica a la que acompañar por las calles solitarias. Joan con Joana y Carlos con Eli. Cada pareja sujeta el móvil por si sucediera algo para lo que no estuvieran preparados. Llevaban rememorando esa vieja tradición desde los diez y ocho y ahora que el mundo se había vuelto un poco más inseguro, no iban dejar de hacerlo. 

Carlos y Eli bajaron una larga cuesta hacia abajo mientras los dos caminban sin decirse nada. Unos metros más allá, Joan y Joana van a lo suyo en una animada conversación sobre los grupos que han visto esa noche, añadiendo datos de los artistas que creen que el otro no sabe pero, Joana pronto se queda pensativa y la conversación toma un giro:

- ¿Crees que Carlos está bien?- espeta Joana
- ¡Carlos es una roca! no te preocupes mujer...- trata de consolar Joan
- Ya pero ¿ y si no fuera unicamente un dolor de oído como hemos hablado otras veces? Ya es la quinta vez esta semana. Temo que algo malo le este ocurriendo. 
- Joana, ya le sugerimos que fuera al médico pero no quiso. Nosotros no podemos hacer nada más por él. 
- Ya... 
- Y sabes que si Carlos te viera triste de daría una colleja de las suyas.- Rien juntos mientras se alejan lentamente. 


A unos kilómetros más allá, Carlos se despide de Eli con quien no ha mediado apenas palabra hasta que ella, rompe el silencio:

- Deberías ir al médico.- Carlos que no quiere hablar del tema, disimula.
-¿Qué?
- Ya sabes, por lo del oído.
-No es nada. A lo mejor solo necesito descansar... -trata de quitarle hierro al asunto de nuevo pero esta insiste:
- Carlos- Eli adopta un semblante solemne- Si cuando pase la semana no se te ha pasado, por favor, ves al médico- Carlos la mira boquiabierto- Por favor, ya que no lo haces por ti, hazlo por los que te queremos. - Este cabizbajo asintió y se dió la vuelta, al mismo tiempo que hace un ademán de despedida en el portal de Eli y se aleja silenciosamente. 

A la mañana siguiente, Carlos escogió su taza favorita e hizo las pertinentes comprobaciones antes de encender el microondas. Pruebas de sonido. Sacó una cucharilla y la chocó contra la taza. Notó un leve zumbido pero nada comparado con lo de anoche. Aun sintiendo la imperiosa necesidad de que debía ir al médico, él seguía en sus trece. Por lo que haciendo caso omiso al zumbido, se sirvió el café y encendió el microondas con la taza dentro. 

El sonido le obligo esta vez a literalmente tirarse al suelo durante los minutos que el aparato estuvo en funcionamiento. Cuando este emitió el timbre que indicaba que el café ya estaba listo, se retorció en el suelo de dolor. Todo le daba vueltas, y el dolor en la sienes y los oídos eran horribles. Comenzó a sangrar de una oreja. 

Salió escopeteado hacia el hospital pero en el trayecto, la pena fueron los obstáculos que no supo preveer, ya que el sonido del gentío, el claxon, y el ruido de los motores le obligaron a ir por la calle con las manos tapándose las orejas. No fue hasta que llegó al hospital, que encontró algo de paz. Lo suficiente cómo para no tener que taparse. 

Después de casi dos horas, el médico le atendió. Carlos le explicó asustado y medio horrorizado, sus síntomas y el doctor extrajo los instrumentos, Observó los timpanos, los ojos y la boca. Y le preguntó:

- ¿Tomas drogas?
-No.- y entonces añadió - Usted cree que yo voy a tomar ... 
- Es un simple test para recopilar información, para llegar a un diagnóstico claro- interpuso. Y este no dijo más- ¿Duermes bien?
- Pues ... ahora que lo dice, me cuesta conciliar el sueño por las noches. 
- Bien.- dice mientras anota en el ordenador y añade- ¿Has tenido algún trauma psicologico o emocional?
- Bueno, mi padre nos abandonó cuando yo tenía siete años, pero lo tengo superado... No es ningún trauma. 
-A veces no es cuestión de superarlo pero voy a mirar si puedo concertarte cita con la psicologa. Creo que te pude ir bien. 
- Pero vamos a ver, yo he venido por el oído. ¿Qué tiene eso qué ver con mi problema?
- Mucho más de lo que piensas chico.- Odiaba que por tener unos años más que él le llamaran chico pero ¿qué podía hacer? añadió el doctor entonces: - Creo que tengo un diagnostico pero quiero llamar al especialista inmediatamente porque tu problema podría ser grave... 
- ¿Cómo de grave?- se apresuró Carlos
- No puedo decírtelo con exactitud pero llamare a mi colega. 

El doctor se marcha de la estancia y después de quince minutos aparece con un hombre con gafas, alto, mayor y con las manos arrugadas. Este procede a revisar su orificio auditivo. Cruzan miradas entre el doctor y el especialista. tras un silencio interminable. El doctor imprime una hoja que muestra a Carlos. Lo primero que aprecia y por que la letra es grande es la palabra: Hiperacusia:

- ¿Qué es esto? ¿Qué es la Hiperacusia?
- vamos a ver, oyes los sonidos más fuertes, tienes dolores de cabeza, malestar y no puedes casi ni diferenciar entre un sonido normal y uno extramadamente fuerte sino que, todo es extremo, ¿no?
-Así es, doctor. 
-Pues a eso se le llama Hiperacusia. Tienes una extrema audición.
- Ahora me encaja todo. 
- Lo que se viene se puede tratar.
- ¿Cómo?
- No me es fácil decirte esto pero los pacientes que la sufren, muy raramente hacen vida normal y tienden a aislarse del mundo por la sensibilidad de los sonidos... 
- ¿Está sugiriendo que me internen?
-¡Jesús! ¡No! nadie en su sano juicio haría eso hoy en día pero hay tratamientos mediante medicación que pueden aplacar levemente los síntomas. Te sentiras mejor. De hecho aquí tienes la receta y te he concertado cita ya con la psicologa y con nosotros para dentro de dos semanas y así seguir tu caso más de cerca. 

- Bueno, le hice una promesa a una amiga y la cumpliré- dijo sin estar muy convencido- Por lo que no me quedará más remedio que ingerir pastillas. 

Carlos salíó de allí estupefacto. Pero no concibia el hecho que había planteado el letrado. Sus amigos eran cómo hermanos. No se aislaría. 
Antes de salir a la calle, se guarda la receta en el bolsillo y sale con las manos en a ambos lados de la cabeza. Busca la farmacia mas cercana. 

Después de unos minutos, en la misma farmacia casi tuvo que rogar un vasito de agua para poder ingerir las pastillas y quedarse allí  hasta que la sensibilidad auditiva redujera considerablemente. Es entonces cuando se dirige a casa lo más rápido posible. No sabía el efecto de esas cosas pero debía refugiarse de tanta acústica. 

Una vez en el su zona segura, su casa, se sentía a salvo de tanto ruido o eso creía por lo que tuvo que llamar a clase y al trabajo para decir que estaría unas semanas sin ir. No se sentía con el suficiente ánimo como para ir a aquellos lugares sin que le fuera a estallar la cabeza. Se sintió aliviado de no tener que pasar por aquel mal trago. 


***

Habiendo pasado una semana, Carlos estaba casi acostumbrado al nuevo oír. Solo que ahora, el habitáculo era un cúmulo de voces susurrantes que hablaban entre ellas, las cuales, no podía hacer callar, ni tan siquiera podía hacer nada por no oírlas. Y es que siempre se escuchaba lo mismo, la vecina de algún lugar del edificio hablando de una chica ¨Esa chica seguro que anda en algo¨ ¨No debe ser fácil ir por la calle con esas pintas por las calles¨ en alguna ocasión se oía al supuesto marido que aseguraba que alguien, algún día la escucharía y entonces otro gallo cantaría. Era cuando carlos sonreía y pensaba ¨Y tanto que te oigo bruja¨ 

Carlos dedicó los ultimos días de aquella semana, mientras mascullaba por lo vagini y maldecía a la vecina por decir aquellas cosas tan crueles a aquella chica. Bueno, por eso y porque daba la casualidad de que aquella vecina era la ultima en acostarse.

Decidió hallar a la chica. Al fin y al cabo, no debía ser dificil ¿no? En una de las demostraciones de despreocupacion por aquella chica, la vecina dió una descripción que la hizo llevarse la reprimenda de su marido con creces. Aquello le sirvió para deambular por el edificio y cómo sabía el nombre de ella, lo unico que tuvo que hacer fue mirar en el buzón del portal . 

La misteriosa chica, tan mencionada, casi una amiga, como de la familia se llamaba Rosa Morales y supo que vivía justo una planta por debajo de él. Ahora solo tenía que hallar un modo de tener conversación con ella. Fue cuando pensó detenidamente en lo que estaba haciendo. ¿Se iba a plantar frente a ella y le iba a contar que gracias a su habilidad sensitiva podía escuchar a la vecina de enfrente? ¿Y luego qué? se quitó la idea de la cabeza. 

Carlos seguía ensimismado, por medio de las pastillas, que le dejaban medio estable como para escuchar al recinto vecinal en sus cosas. A veces, resultaba agobiante pero había aprendido a confiar bien en las pastillas, tanto que ya no podía vivir sin ellas. De hecho, un día casi se le olvidó y fue como si le amartillearan la cabeza. Comenzó a dejar de quedar con sus amigos. 


La situación agravó cuando al ver a la vecina chismosa, mientras bajaba las escaleras , por detrás vió a la posible Rosa Morales. Allí estaba la vecina chismosa que le daba codazos a su marido como si nadie se diera cuenta. Rosa , iba impoluta, unos vaqueros, un top y el cabello suelto con una melena pero la vecina maleducada le sacaba de las casillas. No pudo captar la media sonrisa de Rosa, que se dirigía hacia el buzón en busca del correo y este decidió ligar delante de la vecina cotilla para callarla. 

Rojo como un tomate se dirigió hacia una Rosa de piel negra e imponente:

- Oye... -intervino cortadísimo
-Dime vecino - declaró Rosa con intención y animada
- Tienes... Tienes ... - Rosa comenzó a tocarse el cabello como si tuviera algo en ahí o en alguna parte pero este mira de nuevo a la vecina cotilla y espeta:
- ¿Tienes algo qué hacer esta tarde?- Rosa sonrió pero la vecina tenía la boca desencajada de la sorpresa, cosa que no vió Carlos porque estaba demasiado nervioso.

Los vecinos cotillas se marchan hacer lo que tuvieran que hacer, si es que tenían que hacer alguna otra distracción,  y rosa habló libremente:

- No veas vecino, has logrado lo que yo en veinte años no he conseguido. Gracias por la invitación- Le guiña el ojo- ¿Me recoges a las cinco? 

Carlos no sabia como lo había hecho pero había logrado su objetivo. Un par de semanas a la vista del vecindario y esa bruja callaría para siempre. Carlos estaba sumido en sus pensamientos y las voces del gentío en la calle. Tuvo que asentir seco y disculparse. Salió corriendo hacía el apartamento con lo que parecía ser otro síntoma. Rosa no se extrañó, sonrió y se fue poco después a su piso.


Esa misma tarde Joan, Eli y Joana pasan a ver cómo está su amigo pero Carlos insiste en que no deberían de haber venido. Él aseguraba estar bien mientras ingeria otra pastilla demás. estuvieron charlando, casi susurrando debido a la notoriedad de lo sensible de las vibraciones vocales. Finalmente, les pidió por favor que le dejaran descansar. Acto seguido puso el despertador a las cuatro y se echó a dormir en la cama a oscuras. 

Se sumió en un festival de voces que iban y venían hasta que a la hora acordada, sonó el despertador. Era horrible , no había mejorado pero tenía otro recurso para quedar con Rosa. Invitarla a su piso aun a riesgo de parecer un salido. ¿Qué otra cosa podía hacer? el dolor era terrible por lo que pronto desistió de aquella idea, dejó pasar las horas y se quedó dormido en el sofá. 

Suena el timbre. Como puede abre la puerta y al abrirla es Rosa, que trae un tarro y va con ropa de estar por casa:

-Hola, espero que no pienses que soy un estorbo pero al ver que te enontrabas mal ... - añadió una sonrisa de oreja a oreja - Se me occurrió prepararte esto. 

-Ah! Sí sí! pasa por favor... y ... ¿qué es lo que has preparado?

-Un remedio muy bueno para tus sintomas. 

-Bueno, lo probaré. Es un detalle por tu parte. Pasa mujer que no te voy a comer- rien los dos sin dejar de mirarse a los ojos. 

La tarde se hace una velada de los más agradable gracias a Rosa y su ¨hunguento mágico¨ el cual no quiso revelar qué le había echado. Los dolores desaparecieron y el malestar también. Quedaron para una próxima vez. 

***

Habían pasado las dos semanas acordadas y acudió religiosamente a la cita. Carlos acudió a la cita con la psicóloga y con el especialista. Ambos les aseguraban que mejoraría pero él no dejaba de pensar en lo bien que se encontraba. Hasta la charla con la psicóloga le pareció que le dejó , de lo más raro que de costumbre con sus mantras y el positivismo. Carlos no necesitaba aquello o eso quiso hacerse creer. 


Rosa ha invitado a Carlos ese fin de semana a cenar pero, ella la anula sin dar explicaciones. Carlos queda con sus amigos y pasa una tarde entre la familia que no es de sangre, pero cómo si lo fuera. 

Todos hacen bromas con respecto a su vecina y todos rien cómo si el incidente nunca hubiera ocurrido. Carlos sentía el poder de querer estar vivo aunque a veces, le sobrecogia un temor infundado que le hacía creer que se encontraría mal en la calle, delante de sus amigos. Ello le preocupaba. No quería hacerles sufrir más de la cuenta.


Volviendo al vecindario, ya en su barrio, comienza a notar el alboroto de voces leves , tal y como cuando tomaba las pastillas. Soportable , tranquilo. Al fin escuchó cómo su vecina de en frente, Marga, comentaba la jugada de la semana pasada. Esta vez su marido daría en el clavo, para que dejara de hablar definitivamente ¨A ti lo que te pasa es que te gustaria ser cómo Rosa, y no tienes nada mejor que hacer que meterte en vidas ajenas. Cómo sigas por este camino ...¨ Carlos no cree que haya hecho nada malo pero si su marido le dejaba, se lo tenía merecido. Pensaba que no hay que ser tan cotilla, que hay que dejar ser algo así como ¨vive y deja vivir¨.

Carlos piensa en Rosa, y en lo acertado de todos estos días, ¿cómo podía ser que conociera tan bien sus dolencias? es más, le sorprendía incluso, lo bien que habían encajado para no haberse dirigido la palabra en tantos años y estando en el mismo edificio. Será que ella es de las que sabe como hacer sentir bien a los demás se decía Carlos. 

Pronto comenzaron a dejar de quedar por indisposición de ella. Mientras tanto, Carlos seguía pasando por el gaznate pastillas y mejorando con los días pero de lo que no se libraba era de las oleadas decibélicas que para si oído, habían sido reducidas mediante la ingesta. En este caso, oía las conversaciones de alguien que andaba en problemas.

¿Sería demasiado loco ayudarlo? Pensó en Rosa y decidió pasarse a verla ya que la Hipersacusia la tenía bien controlada. 

Bajó los escalones y llego a la puerta. Tocó el timbre y allí estaba ella tras varios minutos. Con su bata rosa de siempre y su cabello, esta vez, despeinado:

-Venía a ver cómo seguías. Estás mejor ?
- Qué bien! no esperaba menos, pasa- adecua con una sonrisa amplia
- Qué te ocurre Rosa?
- Bueno, esto le suele suceder a poca gente pero de niña ya me ocurria así que tengo a la bestia dominada o eso creo yo a veces...
- venga Rosa... No te hagas la fuerte, en mi puedes confiar.
- Lo sé 
-¿Entonces?
- Síentate en el sofá -Le indica Rosa a Carlos y este le hace caso
- Es como si todo mi mundo se trastocára ¿me entiendes? me siento débil, tengo mal estar en el cuerpo ... a veces no duermo ... - Carlos se teme lo peor pero sigue escuchando- A ver, es que lo que a ti te pasa... a mi también me ocurre- Carlos quedó boquiabierto , con la mandíbula desencajada. No sabía qué decir. 
- En... Entoces tienes ... 
- Sí Carlos, lo que has intentado hacer estos semanas por mi, no lo ©️había hecho nadie, de hecho , te considero el defensor del edificio. Eres una buena persona, ¿Sabes? Y.. un consejo, esa persona a la que seguramente quieres ayudar, es mejor que no la ayudes. Hazme caso. - Carlos quedó atónito. Quería expresar su alegría pero al mismo tiempo le desconcertaba que supiera tanto de él. No sabía muy bien cómo reaccionar por lo que optó por sonreír. - Deduzco que no sabes que decir, es normal , cuando yo lo supe también me ocurrió. 
- Debes saber ... que ... no quería nada raro contigo, solo quería que Marga, mi vecina de enfrente dejara de cotillear...
-jajajaj lo sé tranquilo, no te veo como esa clase de tios.- Carlos se quedó pensativo
-¿Que clase de tios?- dijo tajante
-Eres un buen chico, ya te lo he dicho 
-Dejando a un lado eso, ¿tienes... Hiperacusia?
-Exacto 

Carlos comprendió todo , su sonrisa cómplice, su habilidad para tratar los dolores... todo. 

Aquello no fue el final de una historia sino que, afianzó su relación y bien que lo hizo, pues ahora ya no eran una colla de cuatro sino de cinco. 





©️El Rincón de Keren



miércoles, 20 de junio de 2018

Poema: Él y yo

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!







Añoro tu calidez
Añoro el olor de tu espalda
dirás ¿Porqué?
¿Qué tiene la espalda que no tenga otra parte?

Forma una curvatura que,
logra estremecerme, ahí,
en medio de ese acto de amor, creo en
el poder de las pequeñas cosas...

No es hasta que con tus ojos curiosos me observan, y los míos también
se forman bailes de miradas
nos damos eso que tanto ansiamos decirnos
pero que solo expresamos con los ojos... las pupilas...
algo extasiados, maravillas del poder las sensaciones...

Me acaricias con ternura la ternera
suavizas tu prisa
cómo si supieras que las prisas no traen nada bueno,
pero en este juego siempre hay aceleración,
Hemos logrado alcanzar aquello que nos proponemos.

La calma llega al hogar cómo si hubiéramos deshecho toda carga frustrada,
en nuestro interior...
en nuestras almas...


Evadimos el móvil,
evadimos el habla televisiva
y entre ruidos y sirenas,
juntos nos abrazamos en el cobijo,

Ignoramos el mundo, de ahí afuera
la fiesta es nuestra ...
Entre él y yo.

©️El Rincón de Keren



martes, 19 de junio de 2018

Poema: Pese a todo

¡Hola, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Encontré un amor
que aun en el temblor
demostró su valía
pese al estruendo
pese al murmullo

Encontré lágrimas
de felicidad
de amor
de remolinos vespertinos
pese al desconcierto
a palabras dolorosas

Que ruta tomar
cuando puede condicionar

Palabras de desconsuelo
palabras sin hilarse
hirientes...

cuando vienes a mi
me ahuecas bajo la ternura
todo es olvido

Encontré un amor
que reniega del dolor
tan bueno es lo hallado
tan ignorantes al alrededor

Ignorantes al qué dirán
cuando somos dos almas acopladas
entre merienda y cena

El albor olvidará
¿Qué fue de aquella regañina?
                         Se fue...
                         ya no habita...
                         Nos amamos...

Almería, Mayo 2018
Imagen propia


©️El Rincón de Keren

lunes, 18 de junio de 2018

Relato: ¨El teléfono al que llama, está apagado o fuera de cobertura¨





¡Hola, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Caminaba alegre. Lo podía notar en el buen tiempo, en las palomas, el sol, el cielo... Había sido una buena semana, todo lo que tenía que hacer para olvidar el mal sabor que deja la sensación de estar sola, lo podía invertir mediante los paseos curiosos en un día soleado cómo aquel. Y no había día más ocupado, que el de su día a día. 


Los lugares a los que acudía, eran la melodía de un lunes, pero si tenía que elegir un día de la semana, supongo que todos estarían de acuerdo con ella. Los viernes. Los viernes eran la delicia de cualquier pareja, de los que se dejan caer por las terracitas, las calles con sombra y las heladerías. El verano había llegado pero ella persistía en dejar su cuerpo al sol, para sentir la luminosidad del camino. No por frío, sino por emociones encontradas. 

Un viernes tenía todas las de ganar, pero no por ello el lunes era menos valioso. El lunes le daba la oportunidad de demostrarse, así misma, cuanto podía disfrutar de ese estar sola. Abría el portátil , buscaba lugares para visitar, y echaba a andar hasta que el hambre fuera su más urgente recurso del momento. Era entonces cuando se refugiaba bajo la multitud de bares veraniegos que en invierno, no había dios que alguien visitara. Y aun resistiéndose, un café helado caía. 

Aquel día, aunque eran la inmesidad que cualquiera quisiera para su día, luchaba con la inoportuna idea de que no tenía lo suficiente cómo para cruzar el puente que unía la ciudad con un pueblo cercano. Tendría que seguir rebuscando en la agenda. Lo bueno de las ciudades, sea cual sea, es que ofrecen un amplio abanico de actividades y cómo buena ciudadana se apuntaba a todas ellas. Eso no le impidió acudir a la cita de cada mes. 

Cómo cada mes, Andra acudía a su terapia particular. Perderse por las calles de una ciudad desconocida. Viajar le había proporcionado la ventaja de aplacar pensamientos que nada tenían que hacer con su ímpetu de querer estar viva. Esa ciudad que degustaba todos y cada unos los días desde hacía ya una década. Si algo le hacia sentir más triste de lo que podía soportar, se echaba a lo incierto de adquirir imágenes renovadoras pero que siempre le dejaban buen sabor de boca. Y eso, le alegraba.


Hubo un tiempo, en el que salir a pasear y curiosear, se convirtió en la pesadilla del no querer salir a menos que fuera estrictamente necesario pero, aquello ya pasó a la historia y la hacía sentir la protagonista de su propia historia. 

Solía recorrer aquel lugar cómo si fuera una turista más. La hacían un poco más astuta al conocer ciertos lugares únicos a los que poder reservar para otras salidas. Ella, cogía a la vida con ganas y se notaba en cada sonrisa que esbozaba al acercarse a cualquier lugar repleto de coches. No comprendía cómo la gente podía cruzar la calle sin detenerse a admirar, por ejemplo, el alboroto de los coches intentando encontrar el carril correcto para llegar lo antes posible a ese lugar ¿Cuál sería? 

Suena el móvil pero, ella no se da cuenta hasta que hace su primera parada, al llegar a la cafetería. Revisa, mira y vuelve a revisar. Andra ve un mensaje de Trevor, pero este no parece ser él, pues su forma de expresarse no la de siempre. Decide llamar a su amigo pero antes se enciende un cigarrillo por lo nervios. Este no contesta y logra el nerviosísmo de Andra que, para rematar, se había pedido un café cargado debido a lo temprano del día. 

Cómo Andra conoce bien sus estados, decide no darle importancia. Al menos, no toda la que se merece. Pero acude en la pantalla un correo del amigo con sus típicos debates que suelen crear las delicias de las conversaciones matutinas y que, aunque nunca se lo ha dicho, encuentra a Trevor una persona de la que aprender y copiar cada buen hacer en su vida. En cierto modo, Andra, admiraba su forma de abordar cada difícil situación y si no fuera por él, aun seguiría en casa metida, con un buen bote de helado y el Netflix. Su fortaleza le impulsó a imitar su lucha. El resto, vino solo. 

El correo, parecía verdadero pero el mensaje no. Decidió preguntarle si había cambiado de número de móvil pero, este le evadió diciéndole que estaba ocupado y que en cuanto ella tuviera tiempo, que le contestara a su primer correo. Ella no lo tomó cómo algo que fuera de mala educación, de hecho ,Trevor siempre andaba metido en miles de proyectos. No hizo caso y se dirigió hacia el centro de la ciudad a llevar a cabo su cometido, disfrutar del día. 


Si algo le gustaba de aquella ciudad era el esmero con el que cuidaban las plantas. Los árboles parecían sacados de las mismísimas revistas. El empeño de la urbe por cuidar la naturaleza era evidente, de recordar los espacios que habitaban los lugareños, no solo eran cuestión de vida humana. No sabía cómo pero, había logrado iniciar un debate con Trevor sobre los inicios de la humanidad. Sin querer, acabaron riendo como siempre con alguna ocurrencia de él: Esto es cómo lo del huevo y la gallina. Nunca lo sabremos del todo. 
Los dos rieron.

Se avecinaba la hora de comer y una llamada entró: -Sí, mamá ... estoy bien y como bien, pero no me atosigues más con ese tema -Cuando tengas hijos comprenderás mi preocupación pero veo que ahora ya estáis bien tú y Raúl. - ¡Qué sí, que sí! que te has vuelto una mamá cotilla. Las dos ríen al unísono y se dejan llevar por la conversación animada. Andra cuelga y se da cuenta de que le queda poca batería pero de ningún modo dejará su modo de diversión por la tecnología. Aun le quedaba la cámara de fotos.

Otro mensaje se atreve a intentar desequilibrar a la chica. Pero de pronto su marido Raúl le llama y el aparato no puede con el consumo y se apaga. Andra piensa en qué sería lo que querría. Eran las cinco y media de la tarde y tenía que ir a esa charla que tanto había estado esperando. No le dió importancia al hecho del teléfono. Continuó con su día algo cansada de andar de acá para allá.

Entra en la sala, los integrantes hacen la comprobación del micro y la charla discurre sin ningún problema. Al salir, Andra está emocionada y animada pero el viaje de vuelta, la habían llevado a volver más que extasiada y rendida por el ajetreo de andar sin la ayuda de buses. No le quedó remedio. Cogió el bus que le dejaba cerca de su casa y después de veinte minutos llegó a casa y puso a cargar el móvil.

Se sentía eufórica. Aquello era normal pero aquel día había arreglado la casa, había fotografiádo la ciudad, había logrado apartar el pensamiento de malas vibras y había acudido a la charla que tanto le ayudaría con su proyecto. Suena el fijo del hogar: -¿Dónde te has metido durante todo el día? llevo enviándote mensajes y llamadas al móvil pero me aparecía apagado. ¿Estás en casa? - Sí , lo estoy. acabo de llegar. Cuelga el teléfono fijo y sigue en sus emociones.

Se oye como abren la puerta y Andra le muestra una sonrisa muy amplia a Raúl:
Pesaba que te había ocurrido algo al no verte en casa después de haber llegado de trabajar. Me has asustado. Tan asustado estaba que he llamado a tu madre. 


Andra lo miró con cariño, y le plantó un beso en los morros.

(A veces, la única manera de hacerse con la visibilidad de un amigo, una pareja, es haciendo una misma su propia vida. Habrán malos pensamientos, incongruencias que no entendemos pero a veces, no haciendo caso a lo malo y dándole la oportunidad a eso que nos engancha cómo es el disfrutar de la vida (De la forma que sea) nos proporciona esa libertad y el ímpetu que escondíamos pero que rezumámos aunque no queramos verlo claro. En serio, esta es una forma de darse amor propio, de darse ese valor que una merece, de darse cuenta que no debes vivir para nadie. Solo para ti mism(X): ¿Cuál crees que sería una forma de hacerte valorar? )


©️El Rincón de Keren

jueves, 14 de junio de 2018

Sur

¡Hola, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


©️El Rincón de Keren
Almería, finales Mayo.


Dónde cada uno hace y deshace, dónde cada cual es, solo por el hecho de existir. No soy reina de este castillo, las tierras son de alguien, y ese alguien, en algún momento de la vida unió cielo y tierra removiendo cada genialidad que me convertía en lo que hoy, es una realidad, veamos pues porqué. No soy sin mi totalidad. 

Desde niños, nos fijamos en tantas cosas a la vez que, sería imposible puntualizar qué eran todas esas cosas qué le llegan a gustar. Al ser tantas, puede que me decida entonces, por lo que más marcó mi vida y que condicionó forma de actuar, hablar y sobre todo, interesarme. 

¡Comenzamos!


Soy el color que nunca quisieron en tierras norteñas. 
Más cada noticiario es la excusa perfecta para odiar.
De la tierra soy 
De la alegría me unto 
Mi esbozada curiosidad hacía el sur
Miradas hacía abajo con ilusión 
La ilusión de una niña
Creerá en la rumba 
Sentirá en un flamenco 
Más trasteará cual copla anida en el corazón del sur
Cual acento contagioso denotan los sureños 
el deleite de una tierra bañada de sol y gentío 
Gentío devorador de conversaciones
Del hoy como recurso 
Del alma sin prejuicios
De todo hay en todas partes

La niña ya creció 
Tierras que se clavan 
que dejan huella
No es más sabio el que más dice o escucha
Prima la buena gente

Sol que recoge sus penas 
azul que olvida al invierno 
Los inviernos son el reclamo del ansiado briz 

Refugio en una ciudad
Calidez olviada
Amigas, por valores 
Compresión e incomprensión
Forman las conclusiones de una vida que no había conocido

La vida no es única en todos los lugares 
¡qué equívoco!
¡qué locura!

la comprensión
La mente 
Las maneras
Y una ciudad que ruge de corazón 

Embelesada
canta mientras andante curiosea cómo por primera vez

¿Qué importan los grises?
Lo bueno, se hace eterno
Lo malo, resta momentos de alegría

En algún lugar del sur...
Canta el alma de una niña
¿Cuantos corazones bailan curioseando y descubriendo un sueño hecho realidad?


¨Ser no es una profesión, 
Es el alma en lo que descubres y quieres seguir descubriendo.¨

©️El Rincón de Keren