jueves, 14 de febrero de 2019

Relato: Respirémonos

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Les comparto uno de los microrrelatos que hice para Instagram y que 
he querido extender o ampliar para dar con este relato en prosa que espero que 
les guste tanto cómo a mi. 

¡FELIZ SAN VALENTÍN!



RESPIRÉMONOS 



No te percibo en la cama. El despertador, hacer rato que dejó de sonar. Seguramente, al despertar: lo apagaste, tomaste ese café caliente que te regeneró y con la pesadez del sueño, te fuiste una vez más. 

Mis pies aun no funcionan con la contundencia que debiera, pero me siento en el borde de la cama e inspiro y luego expiro. Quiero recordar que hoy es un día nuevo, que nos hemos tenido bien. De nada servirá pensar en el ayer, en los momentos que ya no están. Hoy es nuevo, es un día desde el principio y sin necesidad de escarbar en nada más, <<Hoy...>>. Sin embargo, el pensamiento nada entre las olas del querer, suspirando, por un momento cargado de la alegría en estado puro. El éxtasis a mis pulmones, la mirada más tierna, te daría, cada vez que lo recuerdo. Y es que, aunque comienza algo nuevo, el recuerdo se esparce colandose el amanecer por entre los huecos de la ventana, intentando escapar a toda velocidad, en ese momento en el que, por fin, es de día. 

Suspiro... Pero no es pesado. Aun quedan restos del animado reír en el interior donde las palabras se rendían al borde las carcajadas, entre bromistas y sonrisas socarronas. Es un día nuevo, pero el alma se empeña en hacer batir al corazón con cada soplo de aire que emito en cada acción. 

El aire que respiro, aun está cargado de los restos del amor que nos dimos, a sabiendas que la noche anterior agonizaría, con nuestras miradas fundiendose en un suspiro ahogado, latente, incapaz de cumplir la verdadera función de respirar. Aire, vivir, respirar... 

Nos hemos vivido, nos hemos arrancado las sonrisas para llevárnosla al pecho, para llamarnos a dictados del suave oleaje del que ama sin restricción. En la distancia, sumen más los roces palpitantes con los que nos llevarnos ese aire reprimido en el tórax y exhalámos hasta sofocar las ganas de arrancarnos, a carne viva, los pesares de antes de ayer. 

Respiro... 

Te quiero respirar
Ver tu cara de dormida
Tu piel con esa sonrisa
Porque cuando nos repiramos
Nos hacemos a la alegría
"La sarten no se pega"
Y nos encandilamos 
con la primera sonrisa del día 
El café nos invita a la conversación 
Y al beso del despertar, 

RESPIRÉMONOS...


©️El Rincón de Keren 

martes, 5 de febrero de 2019

Poema: 'No entiendo'

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!






 

Se embíste de cólera
Rechaza la paz, la tolerancia
El respeto humano...

No entiendo esta ceguera
O hay más linces, que liebres
Donde un beso, es objetivo
Donde una nación, es castigada

No entiendo este desapego mundial
Donde mujer y hombre, en enfrentamiento
Donde un acto lo cambia, y tergiversa todo
Donde una nacionalidad, trastoca un barrio
¡Corre niño y juega!
Con la libertad infantil 
Carente de ideologías
Icástico, en estado puro
Donde una raza
¿A caso fue un impedimento?

No entiendo el odio adulto
El Prisma del género
El prisma intelectual
El Prisma emocional
Donde la familia, es desconocida
El llanto interno
¡Aviso!
Puede quebrar
¡Detente! introspectivo
¡Avanza! curioso
¡Determina! natural
¡Renueva pensamientos!
Pero no alcanza la verdad
El sosiego mundial
La fe en la bondad

Un trozo de pan, tiene bondad
Un roce sincero, tiene eco
Un abrazo inesperado, consecuencias dulces

Añoro la cálida intimidad
Donde nace silente la amabilidad
Donde un favor, no es acusado
O de mirada frágil y suntuosa, a veces suspicaz

No entiendo, la paz del caos que les invade
¿Será codicia?
¿Será poder?
 Solo se que la paz de mi amigo andante y nuevo, en el lugar
Arrastra la culpa
¿Pobre individuo?
La mano le estrecho
Y la voz de la madrugada
Desvela historias

...Dolor, guerra, destierro...
...Huida, supervivencia, dolor... 

El miedo en sus pupilas...

...Miedo en mis entrañas...

Solo se que camino
y no quepo en mi por mi amigo
Pues no entiendo al que no entinde de empatizar
A los zapatos de una travesía
Traumática

Quizá en el resquicio de la cordura
Yo sea a quien no entienden
Pues la paz y el entendimiento fue 
y ya no es más que al olvido.

©️El Rincón de Keren
 

miércoles, 30 de enero de 2019

Relato: Si pides, pide bien

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


 Les comparto esta historia que se me ocurrió a 
raíz de un microcuento que escribí, no hace mucho. 
En esta historia, espero que lo paseis bien y os riais mucho. 
Espero de todo corazón que os guste tanto, como a mi haberla creado. 





Había caído por un barranco, el cielo estaba blanco, las princesas se pirraban por los hombres que tenían algo más que ofrecer que yo, pero lo cierto, era que no tenía suerte en lo que al amor se refería.


Soy un herrero, que con poca o buena suerte vaga de pueblo en pueblo con mis artilugios a sabiendas que nadie se fijará en ellos. Aun con todo, consigo, a veces, hacer una buena venta. En el mercado de las ventas, algún curioso ha observado mis pequeñas hazañas y los ha visionado con gran loable afán. Creo que todo es bonito si se hace con cariño, pero esta vez al querer emprender y llegar un poco más allá, fui a los limites donde el Rey gobierna. Contento y con la esperanza de que le diera algún uso de mis armas, este, no contento con todos mis trabajos, me encomendó que me encontrara a mi mismo. 

Y allí estaba, con mi carreta que había sido motivo de mofa de los lugareños por haberse salido del camino y haber acabado en la cuneta, lleno de barro y con la nieve hasta la cintura. 

¿Cómo iba a conseguir lo que el rey me había encomendado? Toda la mercancía estaba desperdigada por la tierra, y en un intento de recuperar la compostura, mientras los viandantes ojeaban mi desastre, recogí todo, reparé la Carreta, puse a punto la única mula que tenía para los largos viajes y de nuevo me puse en marcha.

La noche arreciaba y el vaho pronunciaba un aliento gélido y humeante. El cielo iluminaba el prado en el que nos habíamos acomodado y los destellos que producía la luz contra la nieve nublaban mi visión, pero no fue preciso forzar la vista para ver como un aura purpurinosa, y de todos los colores posibles, cubrían el ambiente fantástico dando paso a una cortina de luces tenues. Y allí estaba ella: Un hada vieja y con bastón dispuesta a concederme tres deseos:

-         - ¿Así que puedo pedir lo que sea?

-       -Si hijo, pero date prisa porque mis alas ya están viejas y no me tengo ni en pie. Los mortales sois muy predecibles y seguro que pedirás algo que todos quieren: ¿Dinero? ¿Un castillo? ¿Fama? Puedo concederte lo que sea – sus aires pretenciosos no me advirtieron de lo que se me venía encima

-          -Bien, no es nada de eso, pero si que me gustaría que Diana… la chica que me gusta se fijara por fin en mi. Y me gustaría que tuviéramos un hijo. Y el tercero… que mis herramientas se vendieran tanto como para que pueda darle una buena vida a Diana, mi amada...

-          -Espera mortal. Para que yo pueda darte el gusto, deberás darme una ofrenda: Una hoja de trébol, una pata de conejo y un amuleto o en su defecto, algo que valores mucho más que a tu vida. - Sentenció y desapareció 

Imagen propia de mi propia creación ©️ElRincónDeKeren


     ¿Qué clase de hada era esta? No tenía tiempo para darle vueltas a todo aquello, pero por la cuenta que me traía, solo tenía esa oportunidad para que mis preciados sueños se hicieran realidad. Acudí al prado a la mañana siguiente, en el que nos encontrábamos, mi mula y yo, en busca del trébol. Fue difícil entre tanta nieve, pero finalmente lo conseguí. En la bolsa de piel llevaba desde hacía una semana una liebre que, para el caso, era lo mismo que un conejo. Y con toda la esperanza que mis entrañas emanaban, cogí el anillo que mi madre recibió al casarse con mi padre hará una eternidad ahora. 

El hada acudió en cuanto hubo pasado una semana exacta. Pero no parecía colaborar mucho:

-A ver mortal, ¿tienes todo para que pueda ofrecerte lo que me pides? ¡Cómo me duelen los deseos de los tristes mortales, a este paso se me quiebran hasta las alas! 

- Venga, no será para tanto, - Dije en un intento de animarla amablemente- Seguro que habrá visto deseos bonitos y bondadosos ¿no? - El hada enarcó una ceja y cogió un bastón que sacó de detrás de su espalda, inspeccionó la caja con la ofrenda y con un semblante taciturno, con la otra mano, ladeó la barita mágica. 

- …Que todos tus deseos, desde arriba hasta abajo, formen el arriba para devolverte de la deriva. Y que, con ese deseo, el amor sea tu fervor y tus trabajos elogios… ¡Pata de conejo y que la suerte arribe a ti!

El hada ser perdió en una cortina de humo dejándome en aquel prado. Nada parecía diferente. Nada parecía haber cambiado. Todo parecía normal e idéntico a como había sido siempre. Perdiendo toda esperanza de que aquella hada quejumbrosa me hubiera concedido lo que había pedido. Volví al pueblo con mis herramientas y mi carreta. Al llegar al pueblo una muchedumbre aporreaba la puerta de mi casa exigiendo un dinero de vuelta por cada trabajo realizado alegando que me habían visto trabajos mejores. En un intento por querer calmar al gentío, me pregunté si todo aquel alboroto era obra del hada vieja y quisquillosa. Después de haber calmado la ferocidad de la gente varias horas después, me encontré con Diana, que me prometió por los Dioses que se había casado con un armero y tenían un hijo en camino. Aquello fue la gota que colmó el vaso. Enfurecí, y de la rabia me bebí todo el vino de la casa chillando a grito pelado’: “¡Esto no me puede estar pasando a mi!” y en cuanto apareció el hada, le dije de todo, menos bonita. Ella alegó:

-Los mortales pedís sin prestar atención a las palabras. Este mundo, que del que yo procedo, se alimenta de lo malo y te ofrece lo bueno que tú conoces, pero si hubieras prestado más atención a lo que te rodeaba, habiendo estado tan seguro de que todo lo que te sucedía era malo, hubieras entendido, a estas alturas que, para encontrarte, solo hay que valorar lo que ya tienes. Te queda un deseo ¿Y bien?

Mi cara de estupefacto no tenía precio, pero en aquel momento lo único que quería era que todo volviera a la normalidad. Ser el tipo que, aunque invisible al mundo, contento y feliz. Lo deseaba con todas mis fuerzas: y se me concedió. 

En los meses posteriores, mi alegría debió de habérseme notado pues las ventas, aunque no eran sustanciosas, me daban para vivir y mis ideas brotaban de esa alegría, nuevos artilugios surgían y en un día cualquiera… Diana, que pasaba por allí me visitó y ¿Sabéis qué? Fuimos a comer y beber a la cantina. Lo que pasaría después, solo la felicidad lo sabría. Pues no quepo en mí. Nieva de nuevo en la aldea…Podría haberla pedido algo, podría seguir pidiendole al pensamiento, pero si pides, que sea bien , de corazón y con toda la alegría que te rodea y tal vez, se te suceda...


©️El Rincón de Keren

lunes, 28 de enero de 2019

Relato y microcuento: La maleta lista

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


 
 
Microcuento que encontrarás en la cuenta de instagram @kturmo

La casa destilaba el descontrol y frenetísmo de un día encargado de las tareas domésticas. Cuando ella se daba a las obligaciones, no había nubes que ofuscaran el brillo de su sentir. 

En cada mañana, las nubes eran un permiso para el sorber de la bebida predilecta por excelencia, pero en los días de sol, se daba a las emociones jubilosas que hacían que el poder de un primer pensamiento chíspeara la calma vibrante sedienta de viviencias cuanto más sustanciosas mejor. A veces, no eran complicadas, sino que, más bien, se daba a las pequeñas cosas que la rodeaban: 

-Gracias por este café- sorbió el café y acto seguido se hizo un moño en el cabello. 

Los días, cargados de luz, esos días en los que el tintineo de los ojos se fijaban en su próximo proyecto, darían otro sentido al día, a ese, "al día siguiente ya veremos" Se decía. Eran remolinos de reflexión y sabídas de muchos días en los que todo hubo sido un desastre. Pero si al salir a la calle y encontrarse enajenada por la belleza de una rosa o un clavel, la campanillera le daría al sol, el rosa del color de ese día, ¿O tal vez los colores brillantes? el caso era ver belleza en lo ajeno. Y tan ajeno era todo, que no podía llamarle su propia vida. 

Aquel día, no solo había madrugado para trabajar y escuchar la radio, no solo había caminado previamente antes de salir corriendo hacia su proximo lugar, había degustado el poder de darle un momento más antes de comenzar la jornada: Diez minutos más al escuchar la melodía matutina, diez minutos más para observar el albor que le daba los buenos días, diez minutos más de un momento para darse cuenta de lo que le rodeaba en aquel momento: una casa, cama, comida, gente a su alrededor que la animaba a ser mejor persona, una pareja que le hacía reír y la comprendía:

- ¿Soy feliz en este momento? - Carraspeó y emitió un ruidito parecido al ronroneo de los gatos al despertarse aquella mañana y dejó que los pensamientos fueran amontonadose progresivamente mientras cogia la bata, se servía el primer café y recordaba el día anterior. Al finalizar el día... - Todo se andaría - Se repetía en el pensamiento. 

Si por cada pensamiento de bondad, ella se mostraba receptiva a sus queridos, ¿Qué impedimento había entonces a su alrededor? 

La noche caía con la iridiscencia del ambiente vespertino, con la intención de reanudar otro día intenso, pero los días también son un gris, un rojo, un amarillo y hasta un azul marino que se puede confundir con el negro... A veces, pesa,  a veces hay que ir a rastras para encender la llama del olvido y padecer memoria selectiva para con los sucesos y aunque aquel infortunio de hablar mal de ella, era inevitable, a las malas palabras, se las encontrarían con otras tantas peores, y de quién menos lo esperan. "¿Con quién vivo?" "¿Quién me proporciona esa felicidad?" "¿Quién me da de comer?" 

-Solamente yo y tengo la maleta lista para dejar de acusarme con el pensamiento dañino ajeno. 


©️El Rincón de Keren