miércoles, 17 de octubre de 2018

Relato : El Sonido anhelado

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Cantaba, cantaba todos los días bajo el agua que corría del grifo de la ducha. Junto con la parafernalia de encender la radio, unas velas aromáticas y su revista mensual. Cantaba por hobbie, por ánimo y porque si no lo hiciera, algo le faltaría en el pecho. No se sabe si bien o mal, pero Raúl, estaba que trinaba. 
Imagen extraída de Google

Cada día, era el mismo ritual de todas las mañanas: Ella encendía la emisora a la que asiduamente no fallaba ningún día, las cantaba todas, desde las de Eros Ramazzoti hasta las de David Bisbal y si le ponían reggeaton pues se bailaba, aun a riesgo de resvalar porque aire, es música y un día sin música era todo lo que ella no quería ni tan siquiera imaginar. 

Raúl, tan comprensivo y paciente, durante casi una decada, al principio era la alegría de la huerta para ella para él, pero con el tiempo Odette cantaba las canciones de los anuncios, canturreaba mientras cocinaba, bailaba de camino a la cama, antes de ir a dormir y todas las mañanas no sólo escuchaba en casa la radio, también en el coche. Pero había algo que le molestaba más que esa rutina asidua. 

Desde el comedor, oía los gallos que, si bien al principio era gracioso, al tomarlo por costumbre, se había vuelto la pesadilla que temía cada amanecer, a cada nota mal entonada, a cada desgarro mal acogido, a los cristales que parecían notar lo que era un mal sonido. Raúl sabía que no era profesional, que no era una cantante en toda regla, pero aquel odioso sonido, mezclado con los cantos del gallo matinal de la casa de tu tío del pueblo Genaro no eran cosa normal. 

"Todos los días la misma cantina" Se decía Raúl mientras resoplaba y se echaba el café para él y luego para ella. Aquello no podía ser solo cosa suya, alguien más debía de pensar que esta chica, ojos tendría, pero oído para la música... Más bien poco, o nada. Al poco, llaman al timbre y es la vecina con los niños de la mano, ya que había  quedado con Odette para salir a caminar.

Entra, intercambian un "Hola" y se sientan los tres. El sonido de fondo, hace que Raúl repiquetee la cucharilla del café con algo más de fuerza de lo habitual, al escuchar un estridente sonido vocal desafinado y desagradable, ello logra la risa de los acompañantes. El marido, Raúl, se percarta de lo sucedido y siente vergüenza:

- ¡Esta chica tiene más energía que todos nosotros juntos! - declara la vecina complacida por esos chirridos que, parecía no haber escuchado.

Ello solo impacientó a un Raúl deseoso de que se marcharan. Taciturno y sin deseo de alegrar la conversación dió un sorbo a su café y no medió palabra: 

- Raulito, estás muy calladito. ¿Te ocurre algo?- intervino la vecina mientras intentaba que la pequeña de sus hijos se estuviera quieta. 

Esta vez, tuvo que responder pero solo alcanzó a decir un "No" seco e inquieto que logró el silencio de la visita. 

Al poco, aparece Odette canturreando con la música de de fondo y ya arreglada y lista para hacer su ruta matutina, como no, después de dejar a los niños en el colegio. Raúl intenta disimular su desacuerdo con la música y le espeta : 

- Te has dejado la radio puesta, amor ... - Logra con gran habilidad
- Uy! sí, ¡es verdad!- Odette cierra la emisión se despide de su pareja y se van

Es entonces cuando reina el silencio en la casa. Que se fuera con sus amigas a caminar o correr era mano de santo. El silencio fue, por unas horas, el mejor sonido de la mañana. Aprovechó para leer , para ver la televisión y se dieron las tres de la tarde y Odette no aparecía. Se fue a trabajar en su media jornada laboral y al volver, el silencio aun era posesión del hogar. Siguió leyendo la novela, se preparó un té calentito y ella aun sin volver. 

Sólo el mensaje le dijo dónde podía estar. Al parecer se iba una semana con unas amigas a la casa del pueblo de tío Genaro. Saltó de alegría. No cabía en sí de tanta paz que encontraría, ni más ni menos que una semana. 

Los primeros días, todo iba según lo previsto: Silencio y más silencio. 

Al tercer día las mañanas le parecían algo extrañas. Así que solía encender la televisión mientras iba haciendo aquellas tareas en las que Odette no iba a poder ocuparse además de los recados y pagos, hacer la compra semanal y preparar los almuerzos.

Al cuarto día, odiaba ese silencio que se le había concedido.

Raúl no entiendía de dónde sacaba la entereza Odette, para no pegarse un tiro con tantas cosas qué hacer. Así que, solo por probar, se le ocurrió encender la radio. La misma que a ella le gustaba. Recordando su contoneo al salir de la ducha, su jovialidad que llenaba la casa con las bellas sonrisas matutinas. Bailó, limpió, y ahora era él, era  el que cantaba mientras se hacía el café por las mañanas y echaba de menos a su mujer. A su amada mujer. Esa que, no cantaba tan bien cómo él quisiera, que no se dejaba nada por hacer, que siempre tenía un guiño acompañado de una canción. Ahora era él el que se metía en la cama con la música y ¡cuánto añoraba a su dulce y querída compañera...!

Después de todo, ella siempre endulzaría las mañanas de algún modo u otro, aunque no sonara del todo bien.  


©️El Rincón de Keren

lunes, 15 de octubre de 2018

Reseña: 99x99 Autor: Miguel Ángel Molina López

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Este verano he tenido algunas lecturas que quería mostraros.
En esta ocasión tenemos un libro de Miguel Ángel Molina López y que 
me ha sorprendido gratamente y que le he visto adecuada esta frase que escribí hace tiempo.



Imagen propia





Sobre el libro: Miguel Ángel nos presenta un libro de unas cien páginas en la que nos recopila 99 microrrelatos que nos hacen manifiesto de las dietas milagro, maniquíes, cinefilos, chalados, dictadores, perdedores y las más polifaceticas situaciones en las que, o bien nos causarán un efecto soprendente o por el contrario, nos dará momento reflexivo para una lectura que no deja de ofrecernos lugares, diálogos y tinta para el pensamiento inquieto para el que lee en la silla, en el sofá o , como algunos, en la cama. 

 Libro:
99x99 
(Microrrelatos a medida)

99x99 Microrrelatos a medida (Imagen propia)



NO LEAS ESTE LIBRO SI... : 

- ...Eres un soltero/a con visperas de encontrar parejas sin problemas...
-... Eres propenso a no mirar a tu alrededor...
- ...No estás dispuesto a dejar de lado lo "bonito de la vida" y ver lo verdadero...
- ...No soportas las emociones fuertes...
-... No soportas, tampoco, ir a las claras...
-...No vas a dejar volar la imaginación...
-...Si no te vas a sentir identificado/a...(Déjate llevar)
-...No vas a poder soportar lo crudo 
-...No vas a poder deleitarte con lo bueno y jubiloso
- ...Si no vas a tener un día para leer... 
- ...Si no quieres descubrir este número magico y el porqué 


Libro: 99x99 (Microrrelatos a medida)
Categoría: De bolsillo
Autor: Miguel Ángel Molina López
Nº de páginas: 105 páginas 
Editorial: Baile del sol 
Precio: Asequible (Puedes contactar con él para que te llegue dedicado y a casa)




SOBRE EL AUTOR:

"Es lincenciado en Química y se dedica  la enseñaza. Los números , las fórmulas y las  reacciones químicas son las que le dan de comer, pero hace cuatro años descubrió su afición por la escritura  y los microrrelatos , desde entonces no ha parado."
"Algunos de sus textos han aparecido  en revistas literarias y otros en antologías colectivas. 
' antología (La logia del microrrelato) en 2013.' "

Podrás ponerte en contacto con él y leer su tinta en : http://en99palabras.blogspot.com.es

Yo, ya tengo el mío dedicado. ¿Y tú?


©️El Rincón de Keren

  

lunes, 8 de octubre de 2018

Poesía: Nos hallamos

¡Hola mis seguidores, lectores habtituales y nuevos lectores!




Te deseé en los giros de un beso
Te perdí en una palabra cinéfila
Los látigos del ayer
Castigan el hoy
Por una acción mal venida
Por un gesto mal ofrecido

Te rebusqué en las ascuas de un amor de fin de semana
Te hallé inconsciente
Sin saber a que atenerme
Te hallé entre brumas de algodón
Al colchón del amor
No lo niegas por desidia pero lo rechacé

Te vi entre enervado sucesos
El ir y venir de una jornada
Entre café y somnolencia
No te percibí
No te acallé las furias
Pero a tiempo de remediar
Se remedia hasta el alimento que nos damos

Hallé comprensión entre conversaciones veraniegas
Hallaste un corazón inquieto y temeroso
Embestido por el paso del tiempo
La furia que callaba
Era una tempestad piadosa
Por no preocupar
Por no dejar una acción de la que arrepentirse

Si te hubiera hallado años remontados
El cálido abrazo
Sería gélido, sin sabor
Ahora que te hallo
Se del ahora
Se del momento
Te veo
Y te hago comprender
Pero a las tempestades que transcurrirán en los años venideros
A oídos sordos y negando con la cabeza.


©️El Rincón de Keren

viernes, 5 de octubre de 2018

Dos Palabras (II)

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Como la vez anterior, otro viernes les traigo el "Dos palabras".
En este caso las palabras son diferentes.
(Clic en el vídeo para conocer las palabras)



Al calor de la lumbre
 La terrible noticia había consternado a la familia. Todos pasaban los días con una conmoción que solo se curaba con el cariño de toda la familia. Pronto el dolor hizo que la contrariedad anidara en la casa. 

El cabeza de familia, prohibió a sus hijas salir por las noches. Si lo hacían, tenían que estar al caer la noche en casa y acompañadas por su hermana mayor. Fuera lo que fuere que quisieran hacer. ¿Pero qué querrían hacer unas chiquillas de tan sólo diez y seis años y otra de cartorce?

Luisa, muy aplicada en los estudios, y la mayor de las tres hermanas, se había autoconvencido de que lo que necesitaba para echar a el dolor de su vida, era estar ocupada. Pasaba todos los días limpiando, estudiando, leyendo, y por las tardes, ayudando a sus hermanas con los estudios. Así lo había mandado su padre, y así se hizo. 

Clara, era la mediana, y su gran parecido con su madre, la convertía en el vuelco al corazón de su padre. Al mismo tiempo, las estrictas normas del padre de familia habían hecho mella en ella. Rebelde con causa: había retorcido los rabos de todos los animales, había puesto barro en la iglesia en vez de agua bendita o faltado a clase todas las tardes soleadas. Sólo quería divertirse, hacer el tonto y acompañada de su hermana menor, la cual la seguía a todas partes, hacían de sus travesuras, los enfados de todos los fines de semana. Su padre, Alfredo, ya no sabía cómo controlar a las niñas. Solo Luisa, con algo de amor y paciencia lograba, a veces, contener esos actos de rebeldía:

- No se qué voy hacer con vosotras. Vuestra madre estaría muy disgustada si os viera cómo actuáis a mis espaldas¡ y deliberadamente!. ¡ Dije que no podíais salir y eso es lo que se acatará! No me dejáis otro remedio que castigaros indefinidamente. - Sentenció. Luisa, que contemplaba a su padre con algo más de calma, intentó apaciguar a su padre con la mirada que su madre le hubiera echado pero eso solo enfadó a Clara:

- ¡Estás equivocado! Madre no querría esto para nosotras. -rechistó y añadió Helena, la menor: - Es cierto padre... 

-Helena, no sigas en su locura a tu hermana Clara, ¡entre las dos, me vais a volver loco!

- Padre, quizás las niñas deberían hacer las tareas de la casa a modo de castigo. Por otro lado, encerrarlas solo alentarían sus ganas de seguir haciendo chiquilladas- Intervino Luisa. 

-...Pero Luisa... en serio crees que merecemos esto... - dijo quejumbrosa Helena. Pero Luisa persuadió a su padre no haciendo caso a las hermanas:

- Quizás deberían pasar las noches conmigo. Ayudando en el arreglo del hogar y con usted supervisando.

Alfredo se giró de espaldas a las tres hijas cuando en ese momento Toni, el primogénito, llegó del trabajo. Toni, al explicarles lo sucedido y el acuerdo de ambos varones, no hubo otra opción que arrimar el hombro todos para acabar de arreglar la casa como restricción a las travesuras de las niñas menores. 

Habían pasado ya dos semanas. El castigo seguía en pie y todos arreglaban puertas, montaban muebles, construyeron una habitación de invitados, dispusieron un cobertizo y arreglaron el desván que tantos recuerdos guardaban. 

Las niñas estaban tan cansadas, que no tenían tiempo de pensar. 

Ya había transcurrido el mes entero y a cada rato Helena preguntaba qué era lo que debía hacer en su torpeza. Su hermana Luisa, muy cariñosa y amable, le explicaba las cosas con con voz apaciguadora. Mientras, Toni encerraba en el corral a las ovejas. Su padre observaba desde la lejanía. Un atisbo de esperanza había, cuando Luisa le miraba con una especie de bondad que se hacía reblandecer el corazón del cabecilla de la casa. 

En los próximos días, como sugirió Luisa, se sentaron al calor del alumbre, para hablar de los recuerdos de su madre en las noches. Pues ella insistió en que las niñas debían poder contar cómo se sentían.

Al principio todo era incómodo, nadie se atrevía a soltar prenda o a hablar de su madre fallecida hacía ya dos años a causa de un constipado. Pero Luisa manejaba muy bien la situación y Clara era la que más intervenía. La primera para recordar momentos de dicha, con la aquiescencia de su padre. Este fingía un estado de calma ,pero el dolor en su pecho por la pérdida sobre pasaba la situación.

Todas las noches se sentaban frente al fuego y Alfredo aguantaba todo lo posible para no llorar o que se le quebrara la voz. Se retiraba a su habitación porque no soportaba ni tan siquiera un pensamiento de su amada. Toni, muy parecido a su padre, también se iba a la cama temprano. Helena, alguna vez le vio soltar alguna lagrimilla a su hermano mayor. No dijo nada. 

Desde aquella regañina, las hermanas tejían las colchas de las habitaciones al calor de la lumbre. Tanto era así, que le llamaron la hora nocturna, avivando el recuerdo de los días en que, su madre en vida, llenaba de cálido cariño y fulgor la sala con una canción o una historia. Con el tiempo, Alfredo y Toni, se unieron al calor sosegador de una buena conversación en familia. Aquello les calmaba el dolor. El pensamiento y lo relatado, para ellas, era la mejor manera de mantenerla presente, porque lo que se olvida, nunca existió y ellas querían que siguiera existiendo en los relatos hogareños de cada noche. 
 
 FIN.

Como lo prometido es deuda, por si tienes curiosidad por ver el anterior reto, que me hago yo misma, Te invito a la entrada: Dos Palabras


GRACIAS POR LEER Y VISIONAR LOS VÍDEOS.  

©️El Rincón de Keren

 

miércoles, 3 de octubre de 2018

Relato: Chica "Bien"

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!



Rosa era una chica muy educada, de buenas maneras. De las que rozaba la perfección. De aquellas que a simple vista, todo parece hermoso y correcto: una chica bien. 

Una agenda con todo lo que tenía que hacer durante la semana, las horas ocupadas con todo lo que debía llevar a cabo. Almuerzos y cenas para los fines de semana, con la idea de que pudiera pasar tiempo con la familia, sin dejar de hacer lo suyo durante la jornada laboral: Ejercicio matutino, trabajo desde casa, citas y un espacio para el descanso. Todo estaba muy bien atado. Nada se le podía escapar.

Bajo esa alma activa, llena de proyectos e ilusiones, se escondía la chica que tras una fotografía subida a las redes sociales: buscaba las últimas tendencias, devolvía corazones. Muy interesada, leía detenidamente cada artículo, y con cada mediodía, en el descanso, la fotografía nunca descansaba y ella tampoco. Los vídeos llenaban su vida. Una vida que parecía formidable. Sus accesorios, sus prendas de vestir, su cabello y hasta su rostro parecían impecables. ¿Quién no querría una vida así, con miles de seguidores?

Bajo las capas de felicidad enfundada, había una Rosa inquieta, juiciosa, hiperactiva y llena de complejos, que cubría la vida soñada de cualquiera, pero había un aliciente que hacía que la semana cobrara el sentido que se merecía. Los mensajes se sus seguidores. O eso creía.

 Se había propuesto, estar más tiempo con su pareja.  Eso implicaba dejar de lado los mensajes. No sabía qué era o qué tenía, pero su vida mereciera la pena si estaba al lado de él.

Ya sabía que los almuerzos parecían desordenados, llenos de un caos incomprensible, la casa patas arriba y la mesa llena de utensilios para el hogar. A ella le sacaba de quicio, pero una tarde llena de rabia por que no había conseguido el premio al mejor Influencer, Jordi hizo una llamada y tocaron al timbre. Era el repartidor de pizza. Era su billete para sacar la tristeza fuera. Él sabía que tendría reparos, pero lo que no mueve el amor, lo mueve una buena cena en pareja:

-He pedido Pizza. Venga, anímate, es tu favorita, de barbacoa – Dijo guiñándole el ojo. Rosa a regañadientes y sabiendo que era una guerra que no podría ganar, porque la conocía muy bien, fue a por el cortapizza, hicieron lo propio y se pusieron a comer.

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- Espera. Hagámoslo más divertido, pongamos unos cojines en el suelo y sentémonos en ellos en la mesa pequeña. -Ella se encogió de hombros y escogió el que le pareció, mientras, Jordi puso en el Spotify música relajante y bajó las luces. Se sentó a su lado y mientras ella se llevaba una porción a la boca le susurró: - ¿Sabes que así es como más me gustas? - Rosa arqueó una ceja y luego sonrió tímidamente seguido de un: - Si tu lo dices …

- En serio, así al natural, sin maquillaje, sin esos modelitos, con una camiseta y con el cabello sin arreglar, estás de muy buen ver. Hasta me enamoraría de ti. – Dijo chistoso. Rosa no pudo aguantar la risa y estampó un beso en los morros.

Aquella noche no hubo fotografía, no hubo que agendar nada, no había un modelito nuevo para la noche y tampoco la contestación de un nuevo mensaje, pues las horas fueron retratadas con la fotografía de la retina y del alma, y del amor que se daban.


©️El Rincón de Keren