lunes, 19 de septiembre de 2016

Hakuna matata.

Estaba en mis estudios, estaba decidida a pasar página después de aquel terrible suceso en mi vida que a partir de ahora me acompañaría hasta el fin de mis días pero como dice timón en El rey león “ Hakunamatata”  si el mundo te da la espalda , lo que has de hacer es darle la espalda tú también. Eso no era tan fácil para mí, era una persona a la que le daba igual con quien tratara, si me hablaba, aunque me hubiera tratado mal, se merecería mi atención. No sé hasta qué punto pude llegar a seguir esta regla, pero al parecer, muchas veces.

Cuando yo dejé el Mc Donalds congenié muy bien con una encargada tiempo después y solíamos quedar para ir de “party” los findes o de “shopping” aunque por lo general era ella la que siempre se compraba ropa y yo, miraba. Ella se había convertido en la persona con la que compartir, por aquella época, y admirar.
Todo se dio cuando llegó el fin de la semana, deseosa de exprimir y saborear la pista de baile con las mejores canciones y menear ese cuerpo hasta cansarlo, maltratarlo contoneando las caderas, agitando los brazos cada vez que salía la canción que tú y tu amiga habíais consagrado como ‘vuestra canción’. El reguetón estaba en todo su esplendor y las minifaldas abundaban. Al igual que el ‘culeo’ y las rondas de chupitos de tequila. Había que aprovechar el fin de semana, porque… ¿No va ser todo estudiar, verdad? 


Habíamos quedado en Gloríes, parada de metro en Barcelona. A la salida de la boca del metro, había una paradita con comestibles pero no hicimos caso queríamos cenar algo cerca del centro comercial y en un mc Donalds de allí mismo, cenamos todos.

Mi amiga, por aquel entonces, empezaba una nueva relación con un chico más joven que ella. Él iba para abogado, ella, estaba trabajando de lo primero que le salió por que al haber venido de otro país, le tocaba convalidar sus estudios pero habíamos llegado al lugar, y todo estaba allí adecuado para que la gente se lo pasara bien. Todos consumimos nuestras respectivas bebidas y un chico del local empezó a bailar conmigo. El chico,   era mono, aunque yo realmente lo que quería era bailar, él quería que fuéramos fuera a hablar y puede que con suerte llevarme a la cama pero nada de eso sucedió. En lugar de eso, los conocidos con los que yo iba se quedaron bailando mientras yo me fui al otro lado del local con el chico.

La noche empezaba a consumirse y la mayoría de ellos tenía que descansar para poder rendir el lunes. Cada uno con sus respectivos quehaceres pero yo quería seguir bailando y mi amiga que llevaba mi dinero le dio mi dinero al chico para que me lo guardara. No sabéis lo feliz que estaba, pero la copas ya empezaban a pasar factura. El chico tenía que irse y decidió acompañarme hasta la otra punta de Barcelona, hasta mi casa, pero allí estábamos esperando el tren mientras hablábamos del amor, ¿el amor? Yo quería pasármelo bien, ¿a qué carajo venia todo eso si nos habíamos besado o como dirían los jóvenes ahora, enrollado (creo)?  Al parecer yo iba tan tomada que empezó a decirme que había una chica que le gustaba y que no sabía porque ella no le hacía caso. Trate de contener mi molestia por aquel comentario y le aconsejé lo que mejor supe y al parecer el consejo le hizo que se le encendiera la bombillita y decidió no acompañarme en el tren de vuelta a mi casa. 


Total,  que le di, al parecer, un buen consejo, me iba sola hacía mi casa con un ciego de narices pero que entendía y me acordaba de todo claramente, y para colmo…. ¡Se quedó con mis 20 €!!!! Si si, el dinero que supuestamente debía devolverme al final de la noche, cuando volviera a mi casa, se lo acabó quedando y yo me fui a casa con el peor sentimiento que puede sentir una chica. 

Me utilizaron hasta que ya no les hice falta pero como dice timón y pumba: "Hakunamatata"


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