martes, 18 de octubre de 2016

La llamada.

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imagen de Daria Nepriakhina


No fue la suerte de que me llamara, ni tan si quiera que la hubiera enviado un mensaje. No es que sintiera alegría, más bien me sentía afortunada de poder hablar abiertamente con ella. No hablabamos mucho, pero aquellas palabras me inundaron de una ternura y orgullo que solo puedes sentir cuando no hay malicia, cuando todo se dice de corazón y con lo que te nace. 

Ella atravesó también un trágico momento en su vida que de algún modo nos puso en el mismo camino por que pasábamos por algo parecido. Quisiera decir que la comprendo, que puedo sentir o imaginarme todo por lo que ha pasado pero lo cierto es que cada ser vive cada suceso con una intensidad distinta. Lo que si podía decirle, hacerle saber, es que podía contar conmigo para lo que hiciera falta. 

La llamada duró bastante. La verdad es que ella atravesaba una época preciosa, había presentado su libro, seguía con las obras de teatro, que era su vida, pero esta vez su tono se le notaba más apaciguado, tranquilo, sereno, claro, lleno de ternura… en efecto, ¡se había enamorado! Y como tal, se la escuchaba de modo en que, si ya de por si te quedabas con la boca abierta por lo clara que a veces era con la gente, ahora, tenía otro matiz y es que ahora se le notaba que estaba en el punto en que podía decir, ¡ahora estoy bien! Aunque no lo os creáis, ella no ha sido de estar enfocada en buscar el amor, ella ha sido siempre de distraerse leyendo, devorar libros como la que más. La que disfrutaba con la pintura, la que volvía a renacer representando una obra de teatro. Nunca ha sido de no hacer absolutamente nada. Al decir verdad, nunca la he visto quieta, pero cuanto más hacía, más la admiraba, más me daba  y me da, la impresión de que llegará a ser alguien muy importante. Siempre disfrutando de lo que le ofrece la vida por mucho o poco que haya tenido, por más difícil que se lo haya puesto la vida, siempre ha sacado una fuerza desmesurada que me pregunto, ¿de dónde las ha sacado? 

Al otro lado del teléfono, se oía a la que fue lo mismo que una hermana mayor para mí y como hermanas, hemos tenido nuestras diferencias, nuestros piques, nuestra discordancia… pero siempre ha habido amor entre nosotras, siempre hemos estado la una con la otra aunque nos separara la distancia, aunque viviéramos en pueblos distintos. Siempre estuvimos juntas, siempre estaremos juntas.

 Hemos salido a bailar. Aunque por el contrario los gustos no fueran similares en cuanto a música. Hemos ido a tomar algo. Aunque yo tuviera más ganas de bailar que de hablar en ocasiones. Quizás, no somos hermanas pero somos primas. Y yo, la quiero como si de mi hermana mayor se tratara. 

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