jueves, 6 de octubre de 2016

Reflexiones de un jueves, siendo octubre.

¡Hola mis lectores y seguidores!






Quizás no se trate tanto del que hacemos o dejamos de hacer. Quizás se trate más bien, de lo que aportamos a las demás personas cuando sabemos vivir solos.

Quizás no es tanto lo que me hace sentir esa persona, sino como afronto con actitud todos los sucesos que se me vengan encima.

Nunca he sido de ideas positivas, pero sí que es cierto que hay meses que entran y calan como agua de mayo en mi corazón calando en cada conducto de mis vasos sanguíneos que me transporta la sangre, haciendo que sienta cosas que no sabría describir con tan solo unos párrafos.

Es cierto que nos hieren, que no nos hablan o que acabamos mal con gente cercana de nuestro alrededor por confusiones, por malos entendido... pero ello no nos quita de sus pensamientos, de su vida diária.

Si una tarde de paseo con tu amigo perruno puede hacerte sentir tan inmenso como a mí, viendo cómo se diviérte, viendo las hojas caer, observando el paisaje, caminando y sintiendo tu corazón con fuerza como late del caminar… ¿Es necesario depender de algo externo para que podamos continuar? Yo creo que no.

Quizás no se trate de sentir cerca a los demás, sino de sentirnos más cerca de lo que nos hace sentir bien , reconfortables, con ánimo, con ganas de exprimir la vida a nuestra manera. Si siento todo eso, ¿para que necesito a alguien que me haga sentir otras cosas? ¿A caso no me he sentido vivo al disfrutar de esas sensaciones?

Buscamos amor, cobijo, en cosas, personas, que tal vez nos hagan sentir a salvo por un instante. Cuando podemos disfrutar de todo ello con las pequeñas cosas. No estamos solos. Tienes una pareja, un confidente, un amigo o amiga, un padre o una madre, a ambos, pero todo eso está muy bien, pero... ¿Qué hay de ti?




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