¡Hola mis lectores y seguidores!
Quizás no se trate tanto del que
hacemos o dejamos de hacer. Quizás se trate más bien, de lo que aportamos a las
demás personas cuando sabemos vivir solos.
Quizás no es tanto lo que me hace
sentir esa persona, sino como afronto con actitud todos los sucesos que se me
vengan encima.
Nunca he sido de ideas positivas,
pero sí que es cierto que hay meses que entran y calan como agua de mayo en mi
corazón calando en cada conducto de mis vasos sanguíneos que me transporta la
sangre, haciendo que sienta cosas que no sabría describir con tan solo unos párrafos.
Es cierto que nos hieren, que no
nos hablan o que acabamos mal con gente cercana de nuestro alrededor por
confusiones, por malos entendido... pero ello no nos
quita de sus pensamientos, de su vida diária.
Si una tarde de paseo con tu
amigo perruno puede hacerte sentir tan inmenso como a mí, viendo cómo se diviérte,
viendo las hojas caer, observando el paisaje, caminando y sintiendo tu corazón
con fuerza como late del caminar… ¿Es necesario depender de algo externo para
que podamos continuar? Yo creo que no.
Quizás no se trate de sentir cerca
a los demás, sino de sentirnos más cerca de lo que nos hace sentir bien ,
reconfortables, con ánimo, con ganas de exprimir la vida a nuestra manera. Si
siento todo eso, ¿para que necesito a alguien que me haga sentir otras cosas? ¿A
caso no me he sentido vivo al disfrutar de esas sensaciones?
Buscamos amor, cobijo, en cosas,
personas, que tal vez nos hagan sentir a salvo por un instante. Cuando
podemos disfrutar de todo ello con las pequeñas cosas. No estamos solos. Tienes
una pareja, un confidente, un amigo o amiga, un padre o una madre, a ambos,
pero todo eso está muy bien, pero... ¿Qué hay de ti?