viernes, 18 de noviembre de 2016

Historia inventada : Por cinco euros.


¡Hola mis lectores, seguidores habituales y nuevos lectores!


Por cinco euros 

Ella era de las que dejaban un momento para hacer cada cosa a su debido momento y como cada día se dirigía a su escritorio para escribir sus tan arraigadas letras , recoger todo lo que había absorbido en la semana y plasmar con letras todo lo que había vivido , sentido o incluso percibido. 

Imagen de mi instagram: @sweetblackyeye

Había recibido un mensaje de una amiga que lo estaba pasando mal y como buena amiga acudió a su cita en la cafetería Hernández donde servían unos croissants de vicio y podían hablar de todo lo que se les antojara. 
Ella la estudió minuciosamente. Su cara estaba descuidada, con algo de bolsas en los ojos. Lo más seguro es que se hubiera pasado toda la noche en vela o tal vez llorando, no estaba del todo segura porque no le dio ninguna información adicional. Tan solo un mensaje en el que se le informaba que a las 11.30 estaría en el Hernández ya que había pasado por casa de su abuela y necesitaba un café como el comer. 

Ella tan solo miraba a su amiga a la espera de alguna palabra, un sonido, algo que le pudiera decir que le ocurría a su compañera. 

Cuando ella se disponía a preguntarle a su cita, empezó a articular…. :

- Me la he vuelto a encontrar. No solo eso, me está amenazando y no consigo conciliar el sueño ¿te puedes creer que por cinco euros me esté pasado esto? Me llama a todas horas. Por las mañanas, a mediodía, por la tarde y hasta por la noche. 

Ella se quedó inmóvil, se miraron fijamente, se echaron una mirada cómplice y fue entonces cuando ella comprendió todo. Empezaron a reírse a carcajada limpia. Tales fueron las risas que todo el salón se giró para mirarlas por el estruendo. 

Al parecer, una amiga del grupo le había dejado dinero a la chica con la que ella estaba tomando café  y aunque ciertas personas le advirtieron de que no aceptara dinero de aquella otra chica , que al parecer ,le molestaban más los cuartos que la propia amistad que ellas tres habían forjado desde parvulitos. La otra chica, a la que le debía el dinero, siempre había sido una niña de mama, pero no comprendían ¿cómo teniendo tanto dinero en el banco, cómo llevando la vida que llevaba de lujos, le podía interesar tanto, cinco míseros eurillos? 

- ¡Pasta gansa amiga! Con esos cinco, me compro un lambor y me doy la vuelta al mundo en ochenta días. – le dijo picara. 

Las risas no cesaban. Cuantas más barbaridades soltaban, más alto sonaban sus risas. 

Después de un buen rato de bromas su amiga al fin desveló en un tono más tranquilo y serio, que la empresa de aquella otra chica, había quebrado y que habían tenido que vender muebles de su antiguo domicilio y mudarse a otro barrio. Un barrio de trabajadores que aun con todo, era muy buena zona y acomodado.  Las dos se apenaron un poco, porque habían crecido con ella. No comprendían como no les había contado nada, ya que Raquel, la amiga con la que había quedado ella,  se había enterado de todo a través de un amigo. 

Semanas más tarde, un fin de semana, como otro cualquiera, Raquel le envió un mensaje en el que solo decía que necesitaba una noche de chicas pero no concretó nada más. Así que respondió con un “ ¿Cuándo? “Y  con un  “¿A qué hora vendrás a mi casa?”  

Concretaron la hora y ella se dispuso a recoger y limpiar todo lo de las semanas que había por ahí tirado. Un descuido por su parte, ya que últimamente había mucho desorden en su vida. 

No se imaginaria lo que le esperaba después de 3 horas limpiando más el preparado de palomitas con las pelis más sanguinarias de la historia , “Freddy”  y sus amigos de “Candy ,Candy”  pero todo se andaría según las ganas que le pusiera Raquel al maratón de sangre fría, porque a ella, no le apetecían ñoñerías. 

Acomodó en el filo de la cama un pijama para Raquel. Cuando miró el reloj y ya eran las nueve de la noche y Raquel ya debería haber llegado. Los minutos no cesaban en su recorrido, se hartó de ver videoclips por la red cuando a las diez de la noche, sonó el timbre.  De un salto fue al recibidor, con la regañina en mente, cuando al abrir la puerta de par en par, se las encontró a las dos en la puerta con una caja de pañuelos. A aquella en el regazo de Raquel y su peculiar hipo cuando lloraba.  

Sí, era ella, la chica que llevaba atormentando a Raquel día y noche, por cinco condenados euros. 


2 comentarios:

  1. Hola Keren.
    ¡Que bueno!
    Me has enganchado desde el principio hasta final
    Buen y extenso relato con su punto de intriga que nos invita también a reflexionar sobre la amistad y sus posibles situaciones más o menos delicadas.
    Un encanto leerte; te mando un gran saludo y un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Hola Miguel!!
    Así es , hay amistades de todo tipo pero de igual manera ...se aceptaran las tres? Ocurrirá algo más? No se ... No se...

    Por otro lado, Me ilusiona que te haya intrigado la historia. Es lo que pretendía.

    Puede que haya segunda parte, o no. Quien sabe?

    ResponderEliminar