jueves, 2 de febrero de 2017

Historia inventada: No hay mal que por bien no venga ( Parte 2 )

             
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NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA (II)



                 - ...¿No sabes quién soy? , ¿verdad?- dijo con una sonrisa entre dientes

Lucía se le quedó mirando intentando hacer memória pero todo lo que se le ocurre es sonreír y decir lo siguiente: 

               - A caso debo conocer a todo el que entra en un establecimiento – dijo para borrar esa maldita sonrisita de su cara y lo consigue. 

               - Lucía , soy Isaac... –dice intentando causar efecto en ella.

En ese momento el camarero viene a traer las bebidas y a tomarles nota: 

               - ¿Han decidido que van a tomar?

Lucia hace caso omiso a la pregunta del hombre y se dispone a darle un sorbo a su Martini cuando el chico interrumpe la enumeración de platos que hay en la carta y éste dice: 

               - ¡Por dios santo Lucía! ¡Soy tu exnovio!- exclamó con desespero.

En ese momento, se atragantó con la bebida y comenzó a toser como una descosida mientras el camarero intentaba que recobrara el aliento:

               - ¿Está mejor Lucía?- dijo preocupado el camarero. 

               - Sí ying , ¿podrias ponerme lo de siempre para llevar?

               - ¿Te vas? – repitieron al unisono el camarero e Isaac. 

               - Sí – dijo sin atender a razones

               - Así lo haremos.- Dice el camarero mientras se aleja.

Ella se incorporó y se dispuso a marcharse del lugar. No tenia ganas de aguantar a su exnovio:

               - Mujer pero no te vayas , en unos minutos nos traen la comida. Debes de estar hambrienta. Quédate por favor , prometo no ser un estúpido contigo. 

Ella le miro de arriba a bajo, había adelgazado estaba fibroso, además de más guapo pero decidió quedarse porque en cierto modo , llevaba razón , estaba hambrienta así que  tras unos instantes pensando y debatiendo entre quedarse o no , decide quedarse. 

No podía creer que tras meses sin haber cruzado palabra con él, de todos los restaurantes que había en la ciudad, decidiera ir a este. No sabía muy bien de que debía hablar, ya que habían perdido contacto. En cuanto decidieron dar fin a la relación por su comportamiento tan agrio con ella y porque, según él, había cambiado mucho, no se volvieron cruzar. Y ahí estaban los dos compartiendo mesa, como si de una cita se tratara, como si fueran otra vez una pareja. Pero ella no olvidaba los malos ratos que le hizo pasar cuando estaban juntos reprochándole siempre el pasado: 

                 - Lucía, no pretendo incordiarte, ni hacerte sentir mal. Hasta hace unos meses, no quería ver lo que ocurría pero reconoce que algo de culpa tenías tú también….- dijo en un tono suave como intentando no desencadenar una discusión.

                 - Y según tú, ¿de qué tengo yo culpa?-vaciló

                 - Durante mucho tiempo estuviste ayudando a muchas personas, y te olvidaste de ti… e incluso de mi… - dijo como temiendo que ella estallara en tempestad.

                 - ¿A que te refieres con que me olvidé de mí?

                 - Llevas tanto tiempo ayudando a los demás, que se te ha olvidado disfrutar con los demás, con los que te quieren, de disfrutar con las cosas simples, tu pareja, los amigos. Te voy hacer una pregunta y quiero que seas sincera: ¿cuánto hace que no disfrutas con alguien o de estar contigo misma sin preocuparte de los problemas de los demás? Dime.

                 - ¡Ya veo que no quieres hacerme sentir mal , ya lo veo!- dijo enfurecida mientras recogía sus cosas para marcharse

                 - Por una vez, actúa como una adulta y enfréntate a tus miedos, se coherente con lo que sientes y haces. – dijo intentado hacer que se quedara pero fue en vano porque ella ya se iba de ahí. 

Lucia salió corriendo del restaurante con aquellas palabras retumbando en su cabeza. Corrió y corrió todo lo que los zapatos le dejaron, con tal mala suerte que resbaló haciéndose una herida en las rodillas. En aquel momento, comenzó a llover al mismo tiempo que lloraba. Sentía que Isaac lo único que quería era que se sintiera mal, solo quería ofenderla, humillarla y no lo iba a conseguir, ella creía que estaba para un propósito en esta vida. Ayudar a los demás. Las siguientes horas de camino a su casa fueron descalza y bajo la lluvia, por lo que al encontrarse una marquesina, decidió tomar un bus de camino a casa de su padre, él la comprendería, él la consolaría y sobretodo corroboraría lo que ella creía, que Isaac, no estaba en lo cierto. 

Imagen sacada de Internet 

Tomo el bus urbano que le dejaba justo a una manzana de casa de su padre que ahora que ya no vivía con su madre y con el ascenso de su trabajo en los últimos años y la consecuente jubilación había adquirido un piso acomodado y en buena zona. Si algo le sobraba, era el dinero, aunque en su casa, siempre les educaran de como en todas las casas humildes, gozando de una educación pública. Eso no les impidió que todas las hijas tuvieran su propia carrera. La familia estaba unida gracias a su madre y su padre que siempre estaban ahí para decirles que era lo bueno pero también lo malo. Lucia sentía que no podía haber recibido nada mejor que el cariño de sus hermanas y de sus padres, pero sobretodo el apoyo de su padre. 

El bus llegó a su destino. Bajo toda mojada y con los zapatos de la mano caminando sobre la acera ahora mojada, hasta llegar al portal, subir las escaleras y pulsar el timbre del piso. Abrió la puerta y descubrió a un padre en pijama, que la miro de arriba abajo: 

                - Pero bueno hija mía, ¡¿cómo vienes ahora con la que está cayendo?! Corre pasa que te de una toalla y algo para que entres en calor. 

Su padre trajo una toalla lo suficientemente grande como para cubrirse todo el cuerpo y con ella, un pijama suyo a rallas y unas zapatillas y le dijo: 

                - Ponte esto y te preparo un té bien calentito … - pero le interrumpen

                - Le he visto… papá… ¡le he vuelto a ver! – dijo entre lágrimas

                - ¡¿A quién has visto?! – dijo sorprendido

                - A Isaac papá…- dijo aumentando sus ganas de llorar

                - Mejor preparo chocolate caliente- dijo nervioso

                - Le he visto y lo único que ha sabido es incordiarme.¡ Seis meses han pasado! seis meses han pasado!- dijo furiosa

                - A ver, Lucia, cálmate y cuéntame que es lo que te ha dicho para que estés tan alterada.

Entonces ella tragó saliva, se secó las lágrimas y le contó lo sucedido: 

                - Hija mía ,te voy a decir algo que puede que no te guste pero  tu problema es que no soportas que te digan las verdades y algo de razón lleva el chaval- hizo una pausa para darle un sorbo al chocolate y prosiguió- Eres muy buena , te preocupas por todo el mundo y tienes muy buenos sentimientos pero ¿has pensado como ha tenido que sentirse ese muchacho al ver que prestabas más atención a los demás ,que a tu propia relación? 

Lucía se le quedó mirando a su padre y durante unos minutos voló su imaginación intentando hacer un recuento de todo lo que había vivido con aquel hombre, Isaac, sus constantes huidas para ayudar a innumerables amigos , su afán por su trabajo y el poco tiempo que le dedicaba al pobre hombre. Se quedó callada : 

               - Hija, lo que os ha pasado, no es tan diferente a lo que me ha pasado con tu madre, y en eso tengo que decir que no puedes decir que no eres hija de tu padre porque cuando nos sentimos mal con nosotros mismos nos escondemos tras el trabajo y ya que estamos hablando de verdades, te diré que yo me castigaba por no poder darle a tu madre una vida mejor de la que podía por aquella época. No tengo ninguna queja de tu madre puesto que se las apañaba para alargar todo lo posible el dinero , hacer más comida y aguantar el chaparrón por mi loca cabeza de no sacarme lo que hora le decís oposiciones , para ser policía de calle. Estaba estancado en mi lugar como administrativo pero lo cierto es que yo quería estar en el meollo, en las calles, sentir toda esa acción pero eso suponía quitar tiempo de mi familia y eso me daba miedo y tu madre durante un tiempo me animaba, pero con el tiempo deje de quererlo por miedo a perder a tu madre que aduras penas la veía, tú no te acordarás eras la más pequeña de las tres y aunque no os faltó de nada, me hubiera haber estado más con vosotras cuatro. Yo sé de qué tienes miedo pero  la pregunta es: ¿lo sabes tú? 

Lucia , cabizbaja , abrazó a su padre y entre lágrimas le dijo a su padre que tenía miedo de que los demás no la quisiera, que había aprendido a esconder el dolor , que se sentía vacía , no le encontraba sentido a nada y sentía que si ayudaba a los demás , lograría recomponer una parte de ella por cada persona a la que ayudara:

                 - Papá he sido una estúpida, me he estado engañando a mí misma y siento que el haberme hecho psicóloga quizás no fue la mejor de las ideas. 

                 - Hija mía, no sé si fue la mejor de las ideas yo solo sé que quiero volver a mi niña , la que reía , admitía sus errores y luchaba por lo que quería. Ese chico te quería con locura y tuvo que aguantar años de indiferencia. Hasta donde yo puedo ver , sigues enamorada de él. Yo no sé si podré arreglar lo que tenía con tu madre pero vosotros sois jóvenes. si le amas y él te ama , los problemas no deberían de ser un impedimento , el amor , todo lo puede. No dejes perder la ocasión porque los años pasan muy deprisa y los arrepentimientos los recordamos más que lo que hacemos bien. 

               - ¿Qué debería de hacer? 

               - Ahora tenéis unos aparatos fantásticos que se llaman móviles. Cítalo, discúlpate y tal vez, aun tenga remedio. Aunque con el plantón de hoy … puede que esté un poco resentido. 

               - ¿Pero papá con qué cara miro yo a Isaac después de todo lo que le he hecho? Y lo de hoy? Me va a mandar a freír espárragos.

               - Puede que te sorprendas más de lo que crees. Hazme caso hija. 

Lucia confiaba en su padre y así lo hizo. A la mañana siguiente envió un mensaje a su exnovio con la esperanza que éste aceptara quedar con ella. 
Aquella mañana la pasó con su padre y lo que iba a ser una mañana se convirtió en una semana. Era lo bueno de ser su propia jefa, podía decidir cuándo trabajar.

Tras llegar el viernes de aquella semana recibió un mensaje. Era Isaac, invitándola a cenar en el restaurante donde se vieron por última vez. Accedió, sintiéndose algo temeroso de lo que pudiera pasar.  La negativa ante una posible reconciliación, miedos, los reproches… le entraron ganas de vomitar y salió corriendo el baño. En ese momento salía su padre que se quedó sorprendido por su rapidez al entrar en el baño : 

               - ¿ Estas bien hija?- dijo mientras la veía vaciar hasta las entrañas. 

En cuanto pudo sacar la cabeza del váter, cogió aire y le dijo: 

               - He quedado con Isaac- dijo intentando recobrar la compostura. 

               - ¿Cuándo habéis quedado?

               - Esta noche. 

               - Cosas del amor ¿eh? ja ja ja ja ja – dijo burlón

               - ¿Encima te burlas de mi? 

               -   Es que, tienes que reconocer que es gracioso. Ahora etas como un flan y dentro de unos días estaréis cogidos de la mano como unos tortolitos. No te preocupes tanto mujer … - dijo entre dientes

               - Espero que tengas razón.

               -       Anda, vamos a comer y luego te invito a una tila para los nervios. Cortesía de la casa. – dijo burlón 

Laura se duchó, se cambió y comieron juntos. Aquella noche era la decisiva pero no sabía muy bien para qué. Salió de casa de su padre con la misma ropa con la que dejo a Isaac en el restaurante aunque realmente, no tenía demasiadas esperanzas en conseguir una tregua. 

Llegó a la puerta del chino y esperó. Había pasado una hora pero su expareja no aparecía. Pasaron dos horas.  Ella ya no confiaba en que llegara, así que para no irse de vacío entro en el restaurante y pidió lo de siempre para llevar y se fue para su casa. En la puerta de casa sonó el teléfono y era él para decirle que se pasaría más tarde que había tráfico. él le dijo que se había demorado en una reunión en su nuevo trabajo como Personal Trainner y la invitó a cenar al día siguiente sintiéndolo mucho. Ella se fue a su casa sintiendo que quizás era una excusa para no tener que verla. 

Cuando ella llegó a su casa, cogió una botella de vino blanco para acompañar la comida que había pedido y mientras comía en silencio una copa llevo a otra con las palabras de su padre en su cabeza. Ya, algo tomada, como pudo abrió la puerta y mientras se tambaleaba por la calle, se plantó en casa de su exnovio. Subió el primer piso. Aduras penas podía con su alma intento darle al botón del timbre pero sin éxito, por la visión borrosa, entonces decidió aporrear la puerta hasta que éste, no tuviera más remedio que abrir la puerta y asombrosamente, así sucedió : 

                - ¡Lucía! – dijo sorprendido

                - Veo que no me esperabas ….- dijo intentando sostenerse

                -      ¿Estás borracha? 

                - ...Siento haberte hecho sentir tan poquita cosa , siento no haber sido mejor novia , siento que todo esto no saliera como debiera ser , quizás no sé qué es lo más importante- dijo mientras intentaba coger aire pero en ese momento pierde el equilibrio y el la sujeta como puede introduciendola dentro del piso para que no arme más jaleo 

               - Ven, te voy a llevar a…. – pero le interrumpe y se separa de él

               - Tenemos que hablar… porque si tú me quieres y yo te quiero…. ¡Dios! ¡Cuánto te quiero…!- en ese momento no puede contener el equilibrio y, esta vez, Isaac no puede con su tambaleo y ella,  se desmaya.

CONTINUARÁ...



2 comentarios:

  1. Mi querida amiga, me encantan estas historias tuyas, poder ir leyendo y dejando la emoción de seguir en la siguiente entrada :) un saludo

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    1. ¡Hola preciosa!
      Me alegra que te guste,me anima a seguir escribiendo. ya estoy preparando otra historia, así que estate atenta. ¡un abrazo!!

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