lunes, 3 de abril de 2017

No debo enamorarme


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Desde el mismo instante que lo vi sentí que no íbamos a ser nada, que nunca estaríamos ni tan siquiera en la misma habitación, que no compartiríamos la misma cama, que los besos que yo añoraba, no iban a ser de él, sino de otro, pero ¿de quién?


Mi corazón se aceleró al verle con la camisa un tanto descubierta, pero ¡¿Cómo?! Él no iba a ser quien comprendiera mi soledad y no sentía que fuera a comprender la oscuridad que habitaba en mi interior. Ni él, ni nadie. ¿Por qué? ¿Acaso no merecía yo un amor que lo comprendiera?

Su amabilidad, calo fondo haciendo tambalear todos los argumentos que pudiera tener a cerca de él y su amor. ¿Debería considerarle? Mi corazón atormentado no quería saber del amor, no quería saber de lo bueno, sino qué de malo guardaba en su interior. Con las buenas maneras todos nos hacemos con las primeras impresiones pero ¿qué hay de sus temores, sus inquietudes, lo que busca en realidad en una mujer como yo?

Mi corazón se ilusionó por un momento al cogerme de la cintura y casi caer vencida ante su buena percha con aquellos vaqueros y esa dichosa camisa, ¿Qué me pasa? <<No debo enamorarme>> pensaba para mis adentros. El corazón danzaba ondulando mi alma y hacerme sentir, que casi va a saltar de alegría por su cortesía al caérseme una hamburguesa al suelo y yo sentirme culpable por que la tuviera que volver a pagar. Poco se habla del que los hombres tengan que pagar siempre en una cita. Estaba acostumbrada a pagarlo todo yo. <<Puede ser un buen partido>> pensé.

No logro contener mis piernas temblorosas al acercarme a la máquina de tabaco y ser consciente de que me está mirando, mientras habla con mi amiga. << Esto no me está pasando. Esto no me está pasando>> trato de decirme a mí misma para disipar el temblor ,pero éstas piernas mías, no me responden.

Su mejor versión, su sonrisa enternecedora que poco a poco, me va ganando.

El momento de estar solos, llega con demasiada prisa. No nos podemos contener y entre su deseo y mi batalla interna, le freno y como si comprendiera qué me estaba pasando, pasa su mano por mi cintura nuevamente y nuestros cuerpos yacen en la cama por primera vez, pero la duda y la vergüenza arremeten contra mis sentimientos haciendo ademan de que si esto ha ocurrido la primera noche, muy probablemente, nunca más volvería a verle. Mis palabras salen a borbotones:

- Si no me quieres dímelo claro. Tú me gustas mucho y no quiero sufrir.

Me miró con amor en sus ojos y nos abrazamos sellando el día con un beso apasionado

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