martes, 17 de octubre de 2017

Múltiples vidas en un mismo escenario

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©ELRINCÓNDEKEREN



Una ventana en la casa, no está ahí por ninguna casualidad. Ni por estética. No es para observar a los vecinos, pero hubo algo que si le hacía admirar el mundo desde el cristal que intermediaba el exterior del interior:

Se incorporó del sofá y directamente, alzando la mirada al horizonte la naturaleza mostraba el inicio de un día con la paletilla zambullida entre nubes y los rayos tímidos intentando ser reconocidos por aquel que se precie a ver con la mirada de un pintor. si reconocía los tonos magenta, algo menos intensos y suavizados, si reconocía el amarillo por doquier allá por ese cielo que pronto sería substituido por el azul templanza de un día ya habitual en su ciudad, ¿Sería un pintor? Sumergirse entre colores le indicaba que no era todo homogéneo. Sin duda la ventana intentaba comunicarle algo. ¿Qué sería? Debía ser el motivo por el que se abren las ventanas, no solo porque el frescor azota nuestro rostro que envuelve, y también, el lugar y airea la casa para que lo nuevo entre mientras los rayos toman posesión del habitáculo, de los muebles, el sillón y sus posesiones más preciadas, la luminosidad se hace presente mientras el remover de la cucharilla emite el primer sonido de la mañana. En ese instante casi de micro tiempo, pasa fugaz el primer pensamiento, pero la brizna ya le pertenece al ahondar en la respiración con la inspiración del nuevo ambiente antes cargado pero que poco a poco refrigera y devuelve el verdadero estar de su casa.

Ya hay la suficiente luz como para encender un cigarrillo mientras se toma su tiempo el ordenador para iniciarse con la exhalación y por consiguiente el humo formando hiladas entre la puerta de la terraza y el salón sin embargo en la ventana, un pajarillo se ha posado en la repisa retorciendo su pequeñita cabeza, picoteando allá dónde cree que debería de haber algo que llevarse a la boca y en ese momento piensa que no somos tan distintos de los animales al inicio de un amanecer solo con la excepción de que ellos pueden admirar la aurora todas las veces que se da.

El pajarillo emite un sonido con el que parece dar conversación a su perro, pero este lo más instintivo que haría sería ladrar. No obstante, esa mañana parece que es inquebrantable para los barrieros. Se desprende silencio en las calles. No es hasta pasadas las ocho y media que se oyen a los infantes hacer el particular camino hacia sus lugares de estudio; con la mochila en la espalda de las madres madrugadoras de aquellas que tienen hijos aún demasiado pequeños para cargar el objeto imprescindible. Se oye entonces, bajo la atenta mirada como espectador de la persiana corredera de los pocos comercios en la barriada, se oye algún nombre propio, pronto los más mayores con sus coches y motocicletas, con sus voces graves, con las voces de la vecina dando los buenos días…

Todos hemos amanecido en el mismo lugar, en el mismo sitio, desde diferentes distancias pero
¿Habrán presenciado el mismo espectáculo que él , esa misma mañana?

©ELRINCÓNDEKEREN



4 comentarios:

  1. Como siempre Keren un relato muy entretenido e interesante. Ha sido un placer leerlo. Un beso y feliz finde.

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    1. Gracias, me alegra que te guste. Un saludo !!

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  2. El placer de las pequeñas cosas, como el amanecer de todos los días, no está al alcance de cualquiera, aunque parezca raro lo que digo. No todo el mundo es capaz de disfrutar de cada tiempo, como el protagonista de tu relato. Lo has expresado de una manera maravillosa, Keren. Con un halo lírico atrapante.
    Un besazo.

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    1. Hola,
      Es cierto, a veces en lo simple y cotidiano está el disfrute. Me enorgullece que te guste. Gracias por tu aporte al texto.
      Otro besazo para ti.

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