martes, 14 de noviembre de 2017

Desconfiada, hasta la saciedad

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Debilitada por una tormenta que la dejó más que pasada por agua, lo indudable es que aquella semana acabara con un resfriado que acto seguido la empujara a las profundidades de la cama teniendo como amigo el Vicks vapor Up y sin olvidarnos del amigo el pañuelo.

Acabando la semana todo quedó tal como se predecía, pero se resistía a quedar postrada en la cama como un oso que hiberna o tal vez que como un salami oculto al público para conservarse mejor. Aquello era insoportable, el moqueo constante, los dolores de cabeza y la garganta seca era la mezcla perfecta para no querer salir al mundo, sin embargo, se propuso cuidarse mientras iba de acá para allá con su botella de agua dando su particular repaso a todo lo que tenía en mente y que por hacer cosas que no falte.

Después de haber estado casi una semana dándolo todo pensó en retomar el cauce de su vida: café con la vecina, paseos regeneradores y sus clases particulares; nadie la pararía. Así pues, los días después de acicalar su hogar se debía a si misma para una noche confortadora, pero en su mente ya le llegaban los pensamientos inevitables de si llegaría antes que ella su marido y lo dejaría todo empantanado y desordenado. Ella seguía la conversación mientras Julia le hacía señas con la mano de que se iba de clase y todos ya volvían a sus quehaceres mientras ella iniciaba su camino a dar un gran paseo, así como ver lugares nuevos. Por su mente se sucedían flashes del 'tinglaos' que habría montado en la cocina ese hombre para hacer un estofado. <<Madre mía… >> piensa para sí misma.

Paseando por la plaza unas palomas visten a la ciudad de unas ya habituales aves en esa parte de la ciudad pero que no podía evitar quedar anonadada del paisaje que le brindaba. Otro flash le llegó a la mente con el montón de ropa desperdigada encima de la cama recién hecha.  Caminaba rambla abajo y trató de apartar el pensamiento incomodo haciendo fotografías.

Decidió buscar alguna actividad para hacer y como llevaba tiempo queriendo hacer algo diferente, se paró en una cafetería para leer en internet más detenidamente y mientras le daba sorbos pequeños al café y bocados algo generosos a la tostada, observó las migas en el regazo que precipitadamente caían a cada bocado y la imagen de que la mesa del comedor llena de migas fue el vivo retrato de una sentencia justa al llegar a casa. Ana no pudo aguantar más, se bebió el zumo de golpe y mientras pedía la cuenta se acabó de una pasada la tostada.  Rompiendo con todo dejó lo que había ido a hacer aquella mañana para acudir a casa y soltar el nerviosismo que llevaba reprimiendo toda la mañana.

Cogió un taxi para llegar antes, aquello no fue una idea muy acertada, pues por norma general los taxistas de aquella ciudad ralentizaban la macha para una mayor adquisición y aquello le haría resoplar todo el camino, aunque solo le costará cinco euros el trayecto.
Cuando por fin llegó a su destino, tocaba buscar las llaves en el inmenso bolso. Ello la llevó a rebuscar 10 minutos frente a la puerta como una posesa, pero en el bolsillo pequeño se asomaba el llavero burlón como si hubiera estado ahí esperando a que ella lo encontrara. Del mismo temblor abre la puerta con tanta fuerza que pega un portazo hacia adentro, pero aquello no le impidió cerrar con fuerza la puerta de la calle, subir las escaleras y ver que su marido había dejado una nota en el ordenador del niño, que lo había dejado en el comedor, en la que decía:

Pensaba que estarías en casa y al no verte y ver que tendría que comer solo, además al ver que lo tenías todo limpio, me he ido con Roberto, el de la empresa, a comer fuera y así no manchamos nada, después de que te hubieras pasado toda la semana limpiando se me olvida que todo lo haces tú y no te lo agradezco lo suficiente. Gracias por todo”


<< Bien, encima ahora llegará borracho y me vomitará en la puerta o peor aún, me dejará el baño que será toda una escena de un crimen>> Pensó Ana para sus adentros.



©El Rincón de Keren

2 comentarios:

  1. Que buena redacción se mete una bien en las historias que escribes, enhorabuena por el relato y que mal la vomitona que tendrá que limpiar, no? jaja, un abrazo

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    1. Hola Sara,
      es cierto que hay una vomitona que se hará de cajón pero también, podría ser que no. Lo gracioso en este sentido, es que a veces nos preocupamos mas de lo que parece. he querido exagerarlo mucho para ver en que cosas se suele pecar o dejamos, algunas, a disposición de querer controlarlo todo o bueno, también se podría entender de otra manera, ¿No?

      Gracias por aportar tu granito. Como siempre, me alegras los comentarios jeje!

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