viernes, 12 de enero de 2018

La quietud de un banco.

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Imagen propia
©ElRincóndeKeren


Sentada en ese banco, el silencio reinaba en su interior. No sabía si aquello era lo habitual en alguien; para una persona que se había pasado media vida en el pensamiento, en las situaciones que le hubiera gustado vivir, en los recorridos que le hubiera gustado conocer o en las historias que le hubiera gustado recrear y hacer realidad. 

El vaivén de la gente era silencioso a simple vista, y ellos también tenian una historia que se estaba relatando mientras ella observaba impasible: 

Un hombre con el móvil, y de la mano, la correa del perro que, posiblemente, le había tocado pasear porque la mujer le habría dicho que lo sacara. Le hacía pensar, o tal vez creer que, quizás, no tenía mucho tiempo para poder sacar al fiel compañero familiar, impaciente por hacer sus recados allá dónde le dejara su amo. o que por no escuchar a la mujer dando la lata se había resignado a bajar al peludo animal.

La chica que va enviando notas de voz como si el mundo no reconociera su instante en la historia. Tal vez, se la enviaba a su mejor amiga, o a su madre preocupada por cuando llegaría a casa mientras sujeta una bolsa de la compra, y el móvil, con el auricular que indicaba el manos libres insertado. 

La madre que corre a toda prisa, para llevar a sus retoños al colegio para que lleguen a tiempo, una lección más. Parece cansada, parece también harta de ese trajín que le lleva a cargar las mochilas de sus hijos porque sí. ¿Dónde estaba el padre? 

Una pareja paseaba por la zona, pero parecen olvidar que en el mundo hay más seres, y algo me dice que se han saltado las horas lectivas para verse. Cuan imprevisible puede ser el amor adolescente... 


... Y sentada allí entre historias que se iban aconteciendo a medida que la mañana se iluminaba con el sol del mediodia, el rugir de la panza hace mella, haciendo caso omiso, la imagen se torna totalmente diferente. Las calles se llenan de niños y adolescentes de todas las edades con el propósito de ir a llenar sus barrigas para volver a emplear, más tarde, otras cuatro o cinco horas más de clase. 


El bullicio la inquieta, las risas la desconciertan y es que hay tanta gente que, ella nota algo estresada y saturada la ciudad a esa hora punta. Pero en menos de media hora, las calles vuelven a guardar la armonía del silencio, y es ahora, el rugir de los coches, y el claxon de aquellos que vuelven de trabajar, o quizá, hacen su ruta para ir a comer al bar más cercano con los compis del trabajo, revisar el Smartphone y comer, y hablar, hablar todo lo que no han podido en toda la mañana que han ocupado haciendo sus tareas de media jornada. 

El rugir de sus tripas, le advierte con seguir pidiendo algún tipo de alimento que haga callar el quejido. Tal vez no son las historias, sino más bien, las historias inacabadas que, por algún motivo, se les puede añadir un final sacado de la más pura imaginación, dignas de ser escritas o de admirarlas. Pero, lo que está claro, es que son atrayentes para el que observa desde la quietud de un banco.


©El Rincón de Keren

4 comentarios:

  1. No hay mayor placer que sentarse y observar,... escuchar,... en silencio.

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  2. Hola Norte,
    Suele ser una sensación agradable. Estoy de acuerdo. ¡Un saludo!

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  3. Genial! A mi también me gusta suponer o tratar de adivinar las historias detrás de cada persona. Se vuelve todo un enredo de pensamientos e infinitas posibilidades y la mejor de todas las dudas ¿La historia de esa persona se cruzara con la mía? XD
    Me ha pasado ello de quedarme solo observando a la gente... y ahí donde sucede la magia.

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    1. Hola Helena,
      Qué alegría verte por aquí. Sí, a veces uno acaba por pensarlo. La vida de unos y otros incluso con la nuestra, podría estar ligada a la nuestra por esas casualidades de la vida y con ello, me refiero a que: El amigo de otro amigo, que es tu amigo, (o amiga) puede conocerlo/a y por lo tanto hay un punto de conexión que no se descubre a menos que las partes mencionadas, te lo hagan saber. Por eso, a veces pienso que, somos como una gran red invisible. Gracias por dejar tus pensamientos en esta ocasión, te animo a seguir aportando en la próxima entrada, ya el lunes. ¡Un saludo!

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