miércoles, 14 de febrero de 2018

Relato: La Naturaleza que habitas.

¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Llevaba muchas semanas pensándolo y no lo hacía. 
Quería escribir ficción con algo de fantasía. Creo que ha quedado bastante bien pero 
espero que vosotros, asiduos lectores, 
seáis lo que juzguen mejor. 

Así pues, 

¡FELIZ LECTURA!


...Bajo aquel sol que alumbraba el valle, correteaba una muchacha que, lejos de ser una mujer, estaba siempre en su mundo. Allá dónde había montañas, dónde el agua se esparcía a sus anchas, donde los gorriones volaban en libertad y los animales habitaban como se les antojaba, aquella chica de campo, estaba viva. Quizás demasiado. 

Gabriela, que como cada mañana tenía que recoger agua en el pozo, a unos siete kilómetros de la cabaña de donde vivían, emprendió su caminata entre pinos, abetos, setas, musgo y puede incluso que algún que otro oso merodeara por la zona. Sus padres le habían advertido de los peligros del bosque, pero Gabi, no creía que el bosque fuera tan fiero. Ella en cambio, se divertía dando de comer a los cervatillos, observando a las ardillas o las hormigas, sintiendo el aire fresco que inflaba sus pulmones. 

Debía cruzar un río antes de adentrarse en un bosque frondoso. Poco después, atravesar un poblado inhabitado desde hacía décadas. Allí, en medio de la plaza deshabitada, se hallaba el pozo. 

En su andar entre los árboles, pronto se encontró a las diversas criaturas de la naturaleza. El sol iluminaba todavía las hojas, era una luminiscencia que embellecía hasta las gotas del rocío. Se había levantado una brisa fresca que la obligaba a taparse, con la solapa del abrigo de lana, la boca. Mientras atravesaba el lugar, un árbol, que ya conocía, tan viejo como la tierra, con enormes raíces emergiendo de la tierra y zarzales que lo rodeaban, notó un manto de luz alumbrando las raíces de este, enfocando delicadamente unas flores rojas rebosantes de pigmentación amarilla. Gabi, como buena curiosa, se acercó a ver más detenidamente aquella hierba esplendorosa. Se acercó con cuidado. Cuando ya la tuvo cerca, se agachó de cuclillas y las rozó suavemente con la yema de los dedos. << ¿Cómo se llamarán estas plantas?>> Se preguntó. Lamentó no tener el libro que le dejó su abuelo, antes de morir, en el bolsillo. Era un libro que recogía toda la fauna de aquel bosque. Descrito por la sabiduría de su amado abuelo hoja a hoja exclusivamente para ella. 



 El ensimismamiento la llevó a un estado de paz inconmensurable. Sintió como el árbol podía latir, como la naturaleza la llamaba, como se hacía presente el amor hacia aquello que tanto tiempo había admirado en su niñez. Cada vez que rozaba alguno de los pétalos de la roja flor, brotaban pequeñas partículas de las raíces. Tanto era así que, aquello se convirtió en un espectáculo para la retina y en ese estado de paz y, por consiguiente, calma, la muchacha quedó ahí en medio del bosque fascinada. Ya no recordaba que era lo que le había hecho salir aquella mañana. Se dejó admirar cuan maravillosa era la naturaleza salvaje. Pero si la vida era tan maravillosa, debía ser como las partículas que en remolinos se sacudían y revoloteaban permanentemente a su alrededor como algo etéreo. No tuvo más remedio que sentarse entre las raíces del viejo árbol anonadada. Recostada en el tronco, recordó que aquella sensación le era familiar. 

“Debes de estar siempre alerta” se escuchó ante el espectáculo. Por un momento creyó que su padre estaba ahí, pero pronto se le disuadió aquel pensamiento, pues estaba lejos y aquel estado de calma no la dejaba pensar con claridad.

Poco a poco, aquellas partículas formaron un camino luminoso, como si quisieran mostrarle algo a Gabi. Se sintió atraída. Con algo de torpeza se levantó y siguió la luz que la llevó al riachuelo dónde solía ir de niña. El agua resplandecía más bello que otras veces. Pensó en beber algo de agua, pero cuando su figura se hizo reflejó en el agua, vio algo turbio. Se apartó instintivamente, pero al mismo tiempo le picaba la curiosidad. Cuando volvió a mirar, el agua estaba cristalina. No había nada. 
Entonces cuando alzó la mirada hacía el otro lado del riachuelo, lo vió. Una figura flotante la saludaba. Pareciera que la conociera. ¿Conocía Gabi a esa figura? Se enjugó los ojos, pues aquella figura le sonaba de algo, sin embargo estaba tan lejana que no podía ver con claridad quien era. Por lo que hizo un gesto con la mano para devolver el saludo y entonces la figura se adelantó unos metros, levitando en el aire y desapareció rápidamente entre la vegetación. La muchacha no podía creer lo que había visto. Quedó petrificada al ver aquello. Dudó durante unos instantes y salió corriendo en busca de la figura. Al fin y al cabo, si le había saludado  no sería mala persona ¿no?

Atravesó el bosque hasta llegar a las puertas del pueblo al que previamente y desde hacía ya algunas horas, debería haber acudido. Entonces recordó cuál era su cometido. Recoger agua. Dejó todo misterio a un lado y se dirigió al centro del pueblo fantasma. Recorrió una calle. Otra. Ya faltaba poco para llegar cuando volvió a ver a la figura. Esta vez, al lado del pozo y de espaldas, resplandeciente por un hilo de luz que la iluminaba. La figura llevaba unos pantalones marrones algo gastados, una camiseta azul agujereada y el pelo canoso. Un vuelco al corazón le dio a la chica. Se acercó rápidamente y la figura, aún de espaldas, le dijo: 

-Debes tomar los consejos de tus padres al pie de la letra. Pues el bosque esconde misterios que aún no comprenderías:
- ¿Eres tú?- dijo entre sollozos
- Quien soy no importa. Debes cuidarte. ¡Maldita sea Gabita! ¡No puedes morir en este bosque. Sola, sin nadie a tu lado! 
- ¡Sí que eres tú!- Gritó Gabriela. Se acercó lo suficiente como para que sus corazones se escucharan pero la figura aún estaba de espaldas. 
- Mi niña…Recuerda cuanto te gusta esa naturaleza tuya que habitas. Estoy ahí, estaremos juntos ahí. - Se giró y le acarició la mejilla. Entonces lo supo. Era él. 
- ¿Cómo es que te veo?- La chica intentó abrazarlo pero entonces se desvaneció entre la iridiscencia que se había formado a causa de la luz extrañamente depositada justo allí, en la lúgubre plaza. 


Gabriela rompió a llorar sin consuelo resonando en todas las calles un llanto quebrado. Lo había vuelto a ver, le había hablado. Después de tantos años volvía a tener una clara visión de cómo era, pero ahora, no soportaba la idea de no volver a verlo:

- Abuelo, sé que me cuidas allá donde estés. Te quiero con toda mi alma. –Susurró al cielo. Se enjugó las lágrimas y volvió a casa con el agua que sus padres le habían encomendado que trajera a casa, convencida que, si su abuelo vivía, vivía y respiraba en la naturaleza que ella tanto amaba. 

©El Rincón de Keren

12 comentarios:

  1. ¡Hola Keren!

    Vaya relato más emocional y tierno te has marcado. Vamos que no te negaré que se me han puestos los ojos vidriosos, con ese encuentro entre lo real y lo fantástico. Bonito homenaje a la Naturaleza con mayúsculas, y además con tu fluido lenguaje y rico vocabulario, la lectura se convierte en un placer. ¿Quieres un juicio crítico del relato? Sobresaliente.
    Un gran abrazo.

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  2. ¡Hola Miguel!

    Agradezco enormemente el juicio, tanto si es malo como malo. El homenaje a la naturaleza y un poco espiritual recordando a los que ya no están hoy con nosotros que de algún modo, viven entre nosotros en todo lo que nos gusta o nos gustaba.

    Gracias por tan buen juicio pero por dedicarle tiempo también que se que no es fácil conciliar tantas labores a la vez. Así que, se agradece.

    Abrazo.

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  3. Te ha quedado genial el relato Kerem. La mezcla de ficción con algo de fantasía se te da muy bien así que espero más. Un beso

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    1. Pues tomo nota, y crearé algo de este estilo. Un gran saludo!!

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  4. Buenas. ¡Me ha encantado! Qué arte...enhorabuena!!

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    1. ¡Hola Tania!
      Bienvenida al blog. Muchas gracias por tu felicitación. Celebro que te guste.
      Espero verte mañana por aquí.

      ¡Un saludo!

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  5. Precioso es poco!! Ains es un relato que provoca mucha emoción y ternura, especialmente a alguien como yo, que siempre he tenido mucho trato con mis abuelos y mi abuela murió el pasado noviembre.
    Me ha encantado, de corazón!
    Un besazo reina!!

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    1. Hola Maria,
      No sabes cuanto me alegra. Yo al revés, nunca he disfrutado de ese gozo de lo que es tener abuelos. Pero bueno, debe ser como en la historia.
      Celebro que te hayas sentido identificada. Un gran saludo!!

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  6. Puedo ver algunas referencias de otros cuentos, pero el tuyo me gusto mas :D.
    Has dado en la nostalgia por querer ver de nuevo a esas personas amadas. Me encanta como describes todo :D

    Os mando una brazo enorme mi estimada :D

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    1. Hola Helena,
      ¿Cómo estás? Espero que bien.
      Es cierto, pero si te digo la verdad, es referente a un dibujo con acuarela que hice. Cualquier coincidencia con otros cuentos, es eso, una mera casualidad. Me gusta que te hayas notado esa nostalgia, que aunque a veces puede sentirse dolorosa, es bueno ver el lado positivo. Algunas personas nos dejan pero nos dejan recuerdos muy bonitos. Eso es lo realmente importante. Y que te guste como lo he descrito, me enorgullece muchísimo.

      Un gran abrazo, compañera.

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  7. Bello relato, Keren.
    A mí también se me han puesto los ojos vidriosos con el encuentro del abuelo y he recordado al mío.
    Me gusta la sensibilidad que desprende.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Hola Ana,
      me encanta que me digais que es lo que funciona, es alentador. En el tema abuelo, yo no pude disfrutar tanto de mi abuelo, pues falleció antes de que yo naciera pero me han hablado muy bien de él. Creó en mi una especie de magia que al igual que mi tío, creo que poseían. Y pensé, por que quedarse solo con lo que recordamos de ellos, creo que nuestros seres queridos, están allá dónde nos sintamos a gusto, en todo lo que nos rodea. Para mi la naturaleza es no es solo onírico, fantástico o admirable, es capaz de latir dentro de nosotros transformandolo en emociones, y quería captar eso, y dándole toques fantasticos y misteriosos parece que ha funcionado. Espero que, hayas sentido alegría, eso es que lo prentendía. Las lagrimas son buenas siempre que sean para sonreír.
      Gracias por tu tiempo y aportación.
      Abrazo literario.

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