viernes, 20 de abril de 2018

Relato: El mensaje


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Para que quede constancia de a lo que 
NUNCA SE DEBE LLEGAR.

Verano del 2000

El último cubata resbalaba por su garganta, mientras Jenny y J salían por la puerta de la discoteca. Aquella noche era como otra más, sólo que el frío que se arreciaba era de esa clase de cosas, a las que uno no se acaba de acostumbrar nunca, excepto por el efecto del alcohol que mantenía a Jenny en ese estado embriagado en el que todo parece más atractivo, atrayente o posible. Jenny sentía que podía con lo que fuera así como hablar con el chico más guapo de la sala ,o bailar bien arrimada al chico que ahora la acompañaba de vuelta a su piso, J.
Habían conseguido quedar todas las noches para salir a bailar ,y ella, comenzaba a notar la impaciencia de este.
Se enviaban mensajes durante el día, los emoticones a mansalva con los corazones como ojos, cerraban todas las conversaciones. Él le preguntaba siempre cuando iban a ser algo más que compañeros de farra, ella siempre le respondía lo mismo, <<cuando me demuestres que puedo confiar en ti>> y el no decía nada, le soltaba una broma y volvían a las conversaciones banales, simplonas ,para pasar el rato.

Un viernes cualquiera

Jenny envía un mensaje a J para ,por fin , quedar en una cafetería y hablar. Aunque ella le haya sido tan esquiva ,lo cierto era que ese chico moreno y rapado, de piel a arena de playa paradisíaca, ojos profundos, labios carnosos y ese carácter tan extrovertido, quizás la ayudarían a ella salir de su confortable seguridad. Y que le gustaba, era cierto, tanto que hasta se pasaba las semanas pensando en él ,si ocurría algo cuando estaba con sus amigas ,deseaba que él estuviera allí para compartir sus alegrías. Le importaba mucho.
J dejó en visto el mensaje. No contestó. Pensó que el chico estaría ocupado o en el taller arreglando alguna moto con su hermano.
 Jenny se arregló para quedar con sus amigas y después pasarse por la cafetería que le había a comentado a J, mientras charlaba con su amiga Liah ,de vez en cuando miraba el móvil. Nada, no responde. A los pocos minutos, llegan más amigas. La artillería pesada. Jenny ojea una vez más el móvil y harta, lo deja sobre la mesa con un leve golpecito que denota impaciencia. Sus amigas aunque sumidas entonces en el cotilleo se dan cuenta de su estado:

-¿Problemas en el paraíso?-bromea Liah
-Muy graciosa. -arruga los morros Jenny
-No seas mala con ella. Dinos, ¿qué te ocurre?-dice Laura pero Liah la coge del brazo y la lleva a los servicios y entienden que necesita hablar en confianza. De hecho , Liah es su mejor amiga y sabe muy bien cómo sonsacarle lo que sea. Y si tenía que llevársela lejos para que se pudiera desahogar, lo haría, porque eso hacen las amigas ¿No?

Liah agarra el brazo de su amiga y la conduce al servicio. Liah pone el bolso a un lado del mármol, saca su pintalabios favorito ,se los maquilla  ,resopla y le dice:

-A ver petarda, iban bien las cosas con J ¿ O ha ocurrido algo?
-No es nada…
-Venga que llevas unos morros que hasta los puedo pisar . A mí no me engañas. Dímelo o le llamo y se lo pregunto.
- Sé que lo harías
-Pues desembucha- la mira burlona y acto seguido adopta un rostro solemne
- Es solo que le he dicho de quedar en aquella cafetería, ya sabes, dónde nos reuníamos antes todas y que tienen tan buen menú. Esa con el cartel y la fachada azul y blanco…
-¿Cuál es el problema?
-Ninguno … sólo que no contestó mi mensaje- En ese preciso instante suena el móvil de Jenny y es J .Se le asoma una sonrisita cuando ve el nombre pero al leer el mensaje le cambia la cara de súbito y le dice a Liah- este fin de semana quedamos todas para un café o para ir a bailar ¿Vale?
-¿Quién era? Era J verdad? – Jenny no dice nada. Le arranca de las manos el pintalabios y se maquilla los suyos también.
Liah sabe que en ese estado de intranquilidad es mejor no intentar hacerla reaccionar. Vacila en si decirle algo ,pero se contiene y salen las dos haciendo el payaso y se sumergen en una nueva conversación con las demás.

El primer sábado

Todas están arregladas y dispuestas a darlo todo en la pista de baile. Jenny lleva un modelito deslumbrante y todas ellas también. Cogen un taxi que las llevará a las estrechas calles y de allí a la discoteca. Todas logran entrar sin problema y se dirigen a la barra a por sus primeros chupitos. Luego un baile y después el primer cubata .Sólo es el inicio de una noche en la que todas bailan ,ríen, bromean y beben.
Liah y Sandra bailan en las tarimas Jenny y otra de las amigas logran encontrar un lugar más cercano a las tarimas. Le da un gran sorbo al cubata  y Jenny sube al podio más alto con su vestido de lentejuelas y colores vibrantes. A lo lejos alguien la observa. Se abre paso entre la multitud y logra llegar dónde están sus amigas que gritan enloquecidas por el contoneo de sus caderas y un  “eso es nena ,a darlo todo” .
Las chicas están tan eufóricas que no han percibido la presencia de J

Después de casi tres canciones Jenny baja a refrigerar el cuerpo a golpe de ballantines y Coca cola y ella se da cuenta en seguida de que él está allí ,pero ella se hace la despistada. Él que se siente amenazado por las ahora acusadoras miradas. Desaparece entre la multitud.
Jenny siente que no debió ignorarlo pero piensa que primero lo hizo él, por lo que decide disfrutar de la noche con sus amigas.
Se le acerca un chico, dos , y luego desaparecen. Hasta que una mano la sujeta y la arrastra entre la multitud y la lleva hasta la barra . Es J:
-No soporto esto- le susurra mientras la trae contrae contra su pecho y bailan un lento a pesar de que todos en la pista saltan y gritan por lo animado del tema que suena. Ella no puede sino dejarse llevar. Los tres ballantines parece que han hecho efecto. J le acaricia el cuello y ella se estremece. El ruido es al otro lado sin embargo, parecen sumidos en sus propios problemas.

El café

Jenny va de camino a su trabajo,lo del sábado la tiene en las nubes, cuando al pasar por la cafetería azul, por simple curiosidad, ve a un chico muy parecido a J cediéndole el asiento a una chica despampanante. No lo puede creer. No puede creer que Sea J. No lo duda y va directa hacia dónde están ellos. Justo a la misma mesa y¡ bingo! Era él. Se quedó perplejo al verla y ella salió de allí enfurecida sin mediar ni una sola palabra entre ellos. Lo que no logra ver es que en silencio J salió a la entrada del establecimiento, vio cómo se alejaba y volvió dentro.

Dos meses después: El mensaje

“Se que lo que viste en la cafetería no debió ocurrir pero es mejor que entre nosotros no ocurra nada. Espero que todo te vaya bien. “

Unas horas más tarde. Otro sábado

Cogió el revólver y se apuntó a la sien mientras se miraba amenazante en el cristal del espejo.
¿Qué importaba una vida más?




©El Rincón de Keren



6 comentarios:

  1. ¡Bravo Keren!

    Pedazo de final, que da prestancia y profundidad a un relato urbano muy de nuestros días.

    De nuestros días digo, por el uso de la mensajería móvil, las relaciones que van y vienen y por la ambientación que has creado.

    Me gusta también como has presentado la historia, a través de capítulos y etiquetas otorgando al relato un cierto aire de misterio e intriga con la impactante resolución final.

    Un gran abrazo escritora.

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  2. Hola Keren,
    ...Como la vida misma ¿No?...
    Creo que el final es genial, aunque con lo que ocurre hoy día, ya no me extraño de nada.
    Muchos besos

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