lunes, 18 de junio de 2018

Relato: ¨El teléfono al que llama, está apagado o fuera de cobertura¨





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Caminaba alegre. Lo podía notar en el buen tiempo, en las palomas, el sol, el cielo... Había sido una buena semana, todo lo que tenía que hacer para olvidar el mal sabor que deja la sensación de estar sola, lo podía invertir mediante los paseos curiosos en un día soleado cómo aquel. Y no había día más ocupado, que el de su día a día. 


Los lugares a los que acudía, eran la melodía de un lunes, pero si tenía que elegir un día de la semana, supongo que todos estarían de acuerdo con ella. Los viernes. Los viernes eran la delicia de cualquier pareja, de los que se dejan caer por las terracitas, las calles con sombra y las heladerías. El verano había llegado pero ella persistía en dejar su cuerpo al sol, para sentir la luminosidad del camino. No por frío, sino por emociones encontradas. 

Un viernes tenía todas las de ganar, pero no por ello el lunes era menos valioso. El lunes le daba la oportunidad de demostrarse, así misma, cuanto podía disfrutar de ese estar sola. Abría el portátil , buscaba lugares para visitar, y echaba a andar hasta que el hambre fuera su más urgente recurso del momento. Era entonces cuando se refugiaba bajo la multitud de bares veraniegos que en invierno, no había dios que alguien visitara. Y aun resistiéndose, un café helado caía. 

Aquel día, aunque eran la inmesidad que cualquiera quisiera para su día, luchaba con la inoportuna idea de que no tenía lo suficiente cómo para cruzar el puente que unía la ciudad con un pueblo cercano. Tendría que seguir rebuscando en la agenda. Lo bueno de las ciudades, sea cual sea, es que ofrecen un amplio abanico de actividades y cómo buena ciudadana se apuntaba a todas ellas. Eso no le impidió acudir a la cita de cada mes. 

Cómo cada mes, Andra acudía a su terapia particular. Perderse por las calles de una ciudad desconocida. Viajar le había proporcionado la ventaja de aplacar pensamientos que nada tenían que hacer con su ímpetu de querer estar viva. Esa ciudad que degustaba todos y cada unos los días desde hacía ya una década. Si algo le hacia sentir más triste de lo que podía soportar, se echaba a lo incierto de adquirir imágenes renovadoras pero que siempre le dejaban buen sabor de boca. Y eso, le alegraba.


Hubo un tiempo, en el que salir a pasear y curiosear, se convirtió en la pesadilla del no querer salir a menos que fuera estrictamente necesario pero, aquello ya pasó a la historia y la hacía sentir la protagonista de su propia historia. 

Solía recorrer aquel lugar cómo si fuera una turista más. La hacían un poco más astuta al conocer ciertos lugares únicos a los que poder reservar para otras salidas. Ella, cogía a la vida con ganas y se notaba en cada sonrisa que esbozaba al acercarse a cualquier lugar repleto de coches. No comprendía cómo la gente podía cruzar la calle sin detenerse a admirar, por ejemplo, el alboroto de los coches intentando encontrar el carril correcto para llegar lo antes posible a ese lugar ¿Cuál sería? 

Suena el móvil pero, ella no se da cuenta hasta que hace su primera parada, al llegar a la cafetería. Revisa, mira y vuelve a revisar. Andra ve un mensaje de Trevor, pero este no parece ser él, pues su forma de expresarse no la de siempre. Decide llamar a su amigo pero antes se enciende un cigarrillo por lo nervios. Este no contesta y logra el nerviosísmo de Andra que, para rematar, se había pedido un café cargado debido a lo temprano del día. 

Cómo Andra conoce bien sus estados, decide no darle importancia. Al menos, no toda la que se merece. Pero acude en la pantalla un correo del amigo con sus típicos debates que suelen crear las delicias de las conversaciones matutinas y que, aunque nunca se lo ha dicho, encuentra a Trevor una persona de la que aprender y copiar cada buen hacer en su vida. En cierto modo, Andra, admiraba su forma de abordar cada difícil situación y si no fuera por él, aun seguiría en casa metida, con un buen bote de helado y el Netflix. Su fortaleza le impulsó a imitar su lucha. El resto, vino solo. 

El correo, parecía verdadero pero el mensaje no. Decidió preguntarle si había cambiado de número de móvil pero, este le evadió diciéndole que estaba ocupado y que en cuanto ella tuviera tiempo, que le contestara a su primer correo. Ella no lo tomó cómo algo que fuera de mala educación, de hecho ,Trevor siempre andaba metido en miles de proyectos. No hizo caso y se dirigió hacia el centro de la ciudad a llevar a cabo su cometido, disfrutar del día. 


Si algo le gustaba de aquella ciudad era el esmero con el que cuidaban las plantas. Los árboles parecían sacados de las mismísimas revistas. El empeño de la urbe por cuidar la naturaleza era evidente, de recordar los espacios que habitaban los lugareños, no solo eran cuestión de vida humana. No sabía cómo pero, había logrado iniciar un debate con Trevor sobre los inicios de la humanidad. Sin querer, acabaron riendo como siempre con alguna ocurrencia de él: Esto es cómo lo del huevo y la gallina. Nunca lo sabremos del todo. 
Los dos rieron.

Se avecinaba la hora de comer y una llamada entró: -Sí, mamá ... estoy bien y como bien, pero no me atosigues más con ese tema -Cuando tengas hijos comprenderás mi preocupación pero veo que ahora ya estáis bien tú y Raúl. - ¡Qué sí, que sí! que te has vuelto una mamá cotilla. Las dos ríen al unísono y se dejan llevar por la conversación animada. Andra cuelga y se da cuenta de que le queda poca batería pero de ningún modo dejará su modo de diversión por la tecnología. Aun le quedaba la cámara de fotos.

Otro mensaje se atreve a intentar desequilibrar a la chica. Pero de pronto su marido Raúl le llama y el aparato no puede con el consumo y se apaga. Andra piensa en qué sería lo que querría. Eran las cinco y media de la tarde y tenía que ir a esa charla que tanto había estado esperando. No le dió importancia al hecho del teléfono. Continuó con su día algo cansada de andar de acá para allá.

Entra en la sala, los integrantes hacen la comprobación del micro y la charla discurre sin ningún problema. Al salir, Andra está emocionada y animada pero el viaje de vuelta, la habían llevado a volver más que extasiada y rendida por el ajetreo de andar sin la ayuda de buses. No le quedó remedio. Cogió el bus que le dejaba cerca de su casa y después de veinte minutos llegó a casa y puso a cargar el móvil.

Se sentía eufórica. Aquello era normal pero aquel día había arreglado la casa, había fotografiádo la ciudad, había logrado apartar el pensamiento de malas vibras y había acudido a la charla que tanto le ayudaría con su proyecto. Suena el fijo del hogar: -¿Dónde te has metido durante todo el día? llevo enviándote mensajes y llamadas al móvil pero me aparecía apagado. ¿Estás en casa? - Sí , lo estoy. acabo de llegar. Cuelga el teléfono fijo y sigue en sus emociones.

Se oye como abren la puerta y Andra le muestra una sonrisa muy amplia a Raúl:
Pesaba que te había ocurrido algo al no verte en casa después de haber llegado de trabajar. Me has asustado. Tan asustado estaba que he llamado a tu madre. 


Andra lo miró con cariño, y le plantó un beso en los morros.

(A veces, la única manera de hacerse con la visibilidad de un amigo, una pareja, es haciendo una misma su propia vida. Habrán malos pensamientos, incongruencias que no entendemos pero a veces, no haciendo caso a lo malo y dándole la oportunidad a eso que nos engancha cómo es el disfrutar de la vida (De la forma que sea) nos proporciona esa libertad y el ímpetu que escondíamos pero que rezumámos aunque no queramos verlo claro. En serio, esta es una forma de darse amor propio, de darse ese valor que una merece, de darse cuenta que no debes vivir para nadie. Solo para ti mism(X): ¿Cuál crees que sería una forma de hacerte valorar? )


©️El Rincón de Keren

5 comentarios:

  1. Hola Keren, aunque los viernes se asocien a un día de felicidad y los lunes a un día de trabajo, pienso que no hay dias, sino estados de ánimo. El mejor día de la semana por lo tanto para mí, no es el que marca el calendario, sino el día que mejor te encuentres anímicamente y eso nos lleva al beso con el que cierras la historia. Así que nada feliz lunes y feliz semana llena de días de colores. Un abrazo.

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    1. Hola Miguel,
      No es una cuestión día, ni tan siquiera de lugar. Los mejores momentos podrían ser hoy, mañana o incluso pasado. Pero siempre disfrutando. P.D: Los lunes me encantan jajaj

      Gracias por pasarte por el blog tan asiduamente.

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  2. Bonita historia sobre como ser emocionalmente independiente. Creo que lo mejor que le puede ocurrir a alguien es ser capaz de gobernar su propia vida y saber disfrutar de esos momentos en solitario, que tanto aportan. La compañía es buena, pero también hay que saber estar solo en algunos momentos y dedicarse cada uno a sus cosillas, o al menos, yo siempre lo he valorado.
    Me ha gustado la protagonista de tu historia y como has definido su cambio interior!!
    Un besote guapa!!
    PD: estoy de acuerdo con Miguel en que todos los días tienen su parte buena!! :))

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    1. Hola Maria,
      Me ha costado darle dramatismo o al menos darle esa parte que denote indepencia. Bajo mi punto de vista, estar pendiente de lo que demás hacen, sea tu pareja o una amiga , no hace sino restar tiempo a tu vida. Merma los buenos ratos con una misma y lo peor de todo es que al final acabas dependiendo sin quererlo de los demás.
      Celebro y con creces que te haya gustado, te admiro mucho. Por cierto, felicidades por esa reseña que te han echo de tu libro. Está genial.

      Gracias por tu persistencia en mi blog.

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  3. Hola Keren, me ha gustado el enfoque del relato. Vivimos cada uno en una isla, se podría decier. Ya nadie habla con el vecino de al lado, o con alguien que lo está pasando mal. ¨Todos van a lo suyo". En mi vida particular como voluntaria me he entregado a los demás, siempre.

    Pasa un buen fin de semana.

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