lunes, 23 de julio de 2018

Relato: NEGRO EN ESPAÑA

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Avanzó abatido con la poca fuerza con la que podía sostenerse. Al decir verdad, la vida era algo que tampoco le proporcionaba la fuerza suficiente. Sin trabajo, sin una casa propia, sin reconocimiento por sus estudios realizados con tanta dedicación, pareciera que no tenía ni pies, ni cabeza y mucho menos sentido.

Los golpes que le hacen a uno desgarrar al alma no es ni tan siquiera el motivo por el cual uno acaba abandonándose al primer trabajo que encuentras o al que te dejan. En una tierra dónde el color negro es apropiado para campañas, dónde en las meses de debate son el bulto que escurre cualquier queja en dónde poder decir que no es un debate solo de residentes, dónde el negro solo es motivo de elegancia en los atuendos o para comparar con los de al otro lado del charco, nada parecía tener sentido. ¿O sí?

En un país dónde se cree que los migrantes quitan de comer por ser negro. ¿Qué ayudas hay en pos del color?

Djon solo sabía que había llegado a España y le denegaban la residencia aun habiendo tenido múltiples trabajos en Guinea como profesor, como portavoz de radio, tras haber cursado y obtenido su lincenciatura en letras y maestría. Poeta para una radio local, ejemplo de muchos en África, logros que muchos quisieran en España, pero que al llegar al país tenía que convalidar porque por algún motivo, el país había olvidado sus lazos con el continente. Guinea, colonia española.





No importaba que cuantos estudios tuviera, su destino estaba marcado por su piel. Y cómo mucho, unos meses eran lo que le deparaba lejos de África.
No era bienvenido para la sanidad, debido a su irregularidad y sin los aclamados "Papeles" no era privilegiado, no estaba en posesión de nada. ¿Cómo iba a recibir ayuda si para empezar debía estar regularizado en la Península? Y ¿Cómo se atrevían mostrar la luz de una llegada en patera cuando muchos de ellos, al no tener familia en el país estarían de vuelta al continente de en menos que canta un gallo?

Tras mucho investigar sobre quien podría ayudarle, preguntando a la familia, averigüa que un amigo vive en Valencia y le hará el favor de ofrecerle cobijo además de ayudarle con el papeleo para empadronarse, conseguir visado y todo lo necesario para residir aquí. Pero ellos ya tienen su vida hecha allí. Casi le sabe mal tener que instalarse en casa de un matrimonio con niños que , aunque paisanos necesitan su intimidad, cómo pareja, cómo familia que son.

Tras vaciar el minúsculo piso que había conseguido por medio de un trabajo sin darse de alta y mal pagado, echando más horas que un reloj, con la ayuda del matrimonio envía lo poco que tiene a Valencia.

Al llegar a la gran ciudad costera, no solo le paran numerosas veces, aunque solo para preguntarle la hora o preguntar una calle. Tiene miedo que algún agente de paisano descubra que esta sin "Papeles" y tenga que volver a África. Entonces, no podrá pagar la escuela de su hija en el internado, ni el uniforme, ni la ropa de su mujer y mucho menos podrá aportar un sustento alimenticio a sus pequeños. Pero lo que más le asusta es, con qué cara va a mirar a su mujer y a sus hijas si le deportan. ¿Con qué cara?



El era el cabeza de familia, el hombro sobre el que llorar su mujer, la salvación a una vida mejor para sus pequeñas...

Y sin aquella única oportunidad, quizás tuviera que volver a ahorrar de nuevo para poder coger un avión. ¿Con qué destino? ¿Qué comerían? ¿Qué sería de su familia?

©️El Rincón de Keren

2 comentarios:

  1. Hola Keren, este relato es un ejemplo perfecto del drama de la inmigración y sirve para ponerle rostro a un tema muy complejo y en el que habría que retrotraernos a la época de las potencias colonizadoras y a la posterior época de la descolonización. Pero en definitiva, todo es cuestión de empatía en lo personal y de voluntad legislativa en lo político. Si algunos comportamientos en España son vergonzosos en este tema, lo que esta pasando en Italia con su nueva política neofascista anti-inmigración sientan un precedente muy peligroso.
    Un gran abrazo y bien por tu relato reflexivo.

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    1. Exacto. La empatía hay que ejercitarla además de optar por la lógica. No sé cuánta gente me ha llegado a decir que los inmigrantes nos quitan el trabajo. Lean pues. Informense!

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