lunes, 6 de agosto de 2018

Relato: El muro esconde una verdad

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Abrió la puerta, tras aquel muro de madera se encontraba el caos y la armonía en la propia conciencia de la chica. Porque el caos solo es caos, si uno no conoce su propio caos. Por eso, dentro de aquel desorden, había cierta coherencia.

Cerró la puerta con llave y luego echó el cerrojo. Subió las escaleras y se deslizó cómo pudo hacia la habitación. Pues los zapatos estaban tirados por todo el pasillo, la toalla sobre una mesita , que antes, lucía chic en la casa de dos plantas, pero que ahora estaba cubierta de cartas. Montones de cajas apiladas en la habitación contigua le recordaban que debía hacerse a la idea de que esa era su casa pero ahí seguían, olvidadas.

Giró el pomo de la puerta de la habitación. Se dejó caer en la cama con el abrigo aun encima. Aquel invierno estaba dando mucho de lo que sentir en sus carnes. Se descalzó, se puso un atuendo adecuado para ir por casa y adiós al sujetador. ¿Qué mejor gloria que ir sin nada que ahogue? Se sentía libre. Encima de la cama ,con sus calcentínes, extremadamente gruesos, pero que había tenido que buscar entre la ropa sucia y la limpia, pero que cómo casa suya, sabía cual era cada cosa.

Suena el teléfono. El sonido atraviesa toda la casa y resuena tan fuerte, que puede oírlo desde arriba, pero no lo coge. Quizás sea su hermana. En lo poco que quedaban de días de vacaciones, había que reconocer que la había llamado más de tres veces al día, enviado parrafadas de mensajes de texto y enviado ropa y más ropa de casa de su ex marido. Comenzaba a sentirse un poco controlada.

Se dirigió a la cocina y se preparó un café solo. Tenía tanto frío que no le apetecía comer, solo acurrucarse en el sofá para dejar pasar las horas hasta que llegara la hora de irse, al día siguiente, al trabajo. Bien se lo merecía después de una jornada extra. Aquella madrugada, en el comedor, miró la televisión, leyó su novela y se dignó a leer todos lo mensajes de su hermana Carlota, pero no la llamó, no la respondió. Al fin y al cabo, Ana era dueña de su vida y salir de aquel bache era cosa suya.

Ana se quedó dormida en el sofá olvidando poner la alarma del móvil para madrugar y así salir temprano de casa.

El sonido insistente del timbre y los aporreos a la puerta, sobresaltan a Ana que yacía en el sofá desde las cuatro de la madrugada. Se levanta de un salto y como puede llega al recibidor y abre la puerta. No sin antes quitar el cerrojo. Cuando abre, se encuentra a su hermana Carlota fuera de sí:

- ¡No oías el timbre y los golpes? - Le grita
- Tranquila, no es para tanto. Me quedé dormida en el sofa- le suelta con toda la calma del mundo mientras se dirige hacia el interior de la casa, Carlota la sigue tras de Ana y cierra la puerta después. -¿Tan urgente es eso que quieres decirme?- le espeta de mala gana
- No coges mis llamadas, no contestas mis mensajes... -Resopla la hermana- Comenzaba a pensar que te habría ocurrido algo. Ya sabes que no es bueno que dejes de ver a la familia.
- Cuanto menos contacto tenga con la vida y familia mejor será. Ya oíste al inspector.
- Ya... pero ... soy tu hermana...- Carlota la mira con amor - ¿Estás bien?- la abraza de sopetón
- No seas pesada. Ya te he dicho que estoy bien. Es solo que estoy haciendo lo mismo que me aconsejó el inspector. No... no es mi intención hacerte sentir mal.

Carlota mira a su alredor y contiente las ganas de regañar a su hermana menor por el desorden. Por lo que opta por la amabilidad:

-¿Qué te parece si nos vamos a tomar un café, a esa cafetería tan mona que hay, a tan solo una manzana de aquí?
-Tengo café en casa. ¿Para que querría ir si tengo aquí? - dice en un tono condescendiente
-No seas borde. Estoy siendo amable. Venga... que invito yo.- trata de de animar
-No sé ... -Dice algo temerosa- ¿Y si nos quedamos en casa... ?- Entonces es cuando Ana recuerda que debería de haber estado en el trabajo hace horas y coge el teléfono para llamar al despacho de su encargada y esta no la reprocha nada, conoce su situación y es indulgente con ella.

Ambas Hermanas están sentadas en el sofá mirando la televisión en silencio. Un silencio incómodo que hasta cortaba el aire. Carlota no puede evitarlo y comienza a recoger cada camiseta, zapatos o cosa que encuentra a su paso. Recoge todo el comedor. Además, barre y friega. Ana no para de resoplar y de decirle a su hermana que ya lo hará ella cuando tenga tiempo, cuando se sienta con fuerzas. Esta hace caso omiso de lo que dice y en unas horas toda la casa luce recogida y limpia. Excepto por las cajas que siguen ahí, amenazantes:

-¿Cuando vas a comprender que ya no tienes nada qué temer?- Ana cabizbaja alza los brazos y la hermana mayor se acerca y la abraza.- Él ya no está aquí. Eres libre. Ese bestia nunca más te hará daño ni a ti, ni a ninguna mujer. Nunca más.

Las dos se abrazan mientras unas cajas que llevaban tiempo a la vista, son deshechas por la decisión de una hermana que apoya a la otra.



©️El Rincón de Keren

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