jueves, 27 de abril de 2017

De la ciudad del amor a la Toscana: parte 2

¡HOLA, mis seguidores, Lectores habituales y Nuevos lectores!


Queridos lectores, 
siento la demora de la publicación de la entrada de hoy. He tenido contratiempos y algunos nervios imprevistos que me han causado el parón del día casi al completo y es que a veces uno quiere abarcar muchas cosas pero supongo que todo está en la organización que tenga uno y entonces todo se arma y surgen cosas tan bonitas como ésta. 
Os traigo ésta segunda entrega "De la ciudad del amor a la Toscana" que ya tenía preparada para hoy.
Espero de todo corazón que disfrutéis y sobretodo riáis con mis ocurrencias. 
Prometo hacer más largas las entradas aunque a veces creo que no va a gustar que sea tan largo pero de momento, os dejo sin más dilación con la entrada de hoy. 

¡Felíz lectura!





Aquel el día era como otro cualquiera, o tal vez no. La noche la pasó en casa recordando lo ocurrido en aquel local y cuando sus recuerdos comenzaron hacer borrones en su mente, un sueño apacible, cegó su pensamiento dejándola dormida hasta encontrarse en su lujoso apartamento en el cual se hospedaba para no llamar la atención. ¿Quién era ella?

Cogió del armario lo primero que le vino en gana y allí en la barra americana desayuno mientras escuchaba la radio y ojeaba a una revista y pensaba que bajo el manto de la noche era una mujer deseada con sus atuendos pero debajo de todo aquel envoltorio no era más que otra chica más. Sabía que no era solamente una chica guapa y en ello confiaba, sino que poseía una riqueza que gracias a el fallecimiento de su abuelo, al que tanto amaba con devoción, había adquirido y que desde entonces la gente no la trataba como siempre. Había llegado a notar que la gente era hipócrita e interesada cuando quería conseguir algo de ella. Era algo, que con los años había tenido que aprender a la fuerza. Ella no olvida de dónde viene, ni como se criaron sus antepasados. Hija de padre africano y madre española. Su presente es todo un hallazgo pero su pasado tormentoso y con muchas dudas. Pese a todo, y con la riqueza de su abuelo, había logrado su postergado logro como diseñadora hasta que una cadena de ropa le hizo posar como modelo para una revista debido a su extremada belleza e iniciara su carrera como tal desde hacía ya más de 6 años.
Los viajes eran continuos y desde de tres años seguidos viajando tanto, por fin estaba donde quería estar. De vacaciones y disfrutando de la vida un poco más. Porque el mundo de las modelos al igual que está lleno de alegrías, es de mucho sufrir, envidias y celos, constancia y mucho autocontrol.  Era un mundo muy competitivo en el que si una no usaba una gran coraza podía ser hundido con facilidad y ella, había aprendido a las malas todo aquello. Su agente y madre a la vez había sido quien le había guiado en su proceso y quien tantas veces la había aconsejado que si no quería seguir como modelo, siempre podría volver a las costuras y los diseños pero ella estaba decidida a seguir como modelo aunque ello le hubiera costado, los primeros años, no dormir, y largas colas en el aeropuerto. Además de dejar su vida sentimental aparcada.

Le quedaban 6 largos meses de descanso en los que solo trabajaría para compañías situadas en la ciudad de Francia para la última semana de sus vacaciones.
Ocupaba su tiempo en salir de compras, leer revistas de moda, y últimamente salir a clubs en los que le habían recomendado que se regodeara con los más famosos pero ella no era como las demás chicas. Iba bares donde nadie lo conocía o eso creía ella y se dejaba un dineral en arreglar su casa como si con eso pudiera tapar el dolor que le causaba el no tener pareja desde hacía más de tres años.

Si en algo no tomaba medida era en el sueño. Ella dormía todas las horas que hicieran falta por que tenía la certeza de que así su rostro se mantendría sano, fresco, y rejuvenecido. A sus veinte nueve años comenzaba a pensar que si no se cuidaba quizás no encontraría a su pareja ideal, pero todo aquello no hacía falta que lo recordara ella su entrenador personal se lo recordaba cada tarde, y sus managers y las líneas con las que firmaba… hasta la vida misma se había encargado de recordárselo ya que estaban comenzando a fichar chicas más jóvenes y con cuerpos más voluptuosos que el de ella. Ya no estaba de moda estar extremadamente delgada lo cual ella defendía porque a pesar de pesar 60 kilos y ser mestiza, era evidente que tenía cuerpo de negra y lo que vienen siendo curvas, de eso , no faltaba en ella.

La mañana se presentaba como otro día más. Tenía pensado ir a alguna librería y ya de paso tomarse un café por las calles de Barcelona, y como estaba de vaciones, a lo mejor también podría viajar a Madrid por placer pero eso era algo que veía lejos. Quería disfrutar de la tranquilidad.
Tocan a la puerta, y es la vecina del cuarto con la que hizo muy buenas migas y que es Asesora Financiera. Aquella mujer siempre encontraba hueco en su apretada agenda para echar un rato de risas con ella aun teniendo cuatro hijos, un marido escritor en paro y una abuela viviendo en su casa.
Anabela , la vecina del cuarto , solo viene a pedir azúcar y charlan quince minutos sobre su marido, lo vago que se ha vuelto y lo mucho que están creciendo los niños y ella cierra la puerta para ducharse , vestirse y salir corriendo para el parking a coger el coche.

Aparca donde puede por Plaza Cataluña y camina calles abajo hasta una plaza donde encuentra un rastrillo de libros viejos. Echa una ojeada con su café del Starbucks escoge dos y se va directo para la Barceloneta, a la playa a leer y pasar allí el mediodía.

Aparentemente todo parece normal, todo está en calma en el mundo de Kate pero en algún lugar de Barcelona hay un grupo de hombres que charlan en la terraza de un bar antes de despedirse:

               - ¡Esa chica tenía que ser brutal tío! ¿Cómo pudiste hacer eso sin que te cruzara la cara o pasara de ti? – dijo con énfasis

               - Tenía que hacerme notar y se me ocurrió que podía hacer aquello para captar su atención y obviamente, sé que no la deje indiferente. Ya sabes que yo solo quiero divertirme pero esa chica… tiene algo. Tengo que volver a verla. Tiene que ser mía.

               - Tío tendrías que habértela llevado al catre y luego a vérnosla presentado pero ¿ no os habéis dado los números de teléfonos? Normalmente una miradita de las tuyas, una risa por allá y caen a tus pies. Solo les hace falta bajarse las…. 

               -  No seas cabrón. Esa tía me gusta. Me gusta de veras y no sé como pero me suena de algo y voy a dar con ella sea como sea.

               - Sin su número de teléfono… ¿sabes cómo se llama? 

              - Los babosos que la rodeaban la llamaban Kate. Si es su nombre real, puedo comenzar por ahí 

           - Tío, sabes que en el mundo entero hay muchas chicas con ese nombre ¿no? – Dijo intentando echar por tierra sus esperanzas y los demás hacen muecas

               - Olvidáis algo. Un pequeño detallito bribones. 

               - ¿Y cuál es?- Dicen al unisono 

               - Sé dónde vive - Dice mientras arquea las cejas 

               - ¡Menudo cabronazo! ¡¿No me digas que la seguiste hasta su casa?!- Suelta uno 

               - Elemental querido Watson. 

               - ¿Y que vas hacer te vas a presentar como un pringado en la puerta de su casa?- se ríen a carcajadas

               - Algo mejor que eso…. – dice pensativo 



CONTINUARÁ...


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