miércoles, 20 de diciembre de 2017

Relato: Eso, una vida.

¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!



El sonido de la cajita me dejaba boquiabierta con su melodía dulce. Aquella bailarina dando vueltas en un soporte me hacía imaginar la vida llena de ilusiones, llena de esperanzas y lo cierto es que mi madre solía inculcarme que la vida podía ser todo lo bella que una quisiera mientras al acomodarme entre sabanas y mantas, accionaba la cajita y esta hacia su magia:

-          ¡Querida…! Querida, te has quedado callada- dice la señora Ada.

Las palabras de Ada, me recuerdan que en esta realidad hay un motivo por el que luchar, pero no logro absorber bien nunca lo que me dice.
Ada es de esa clase de personas que no les encuentra obstáculo a las circunstancias. Es de esas que le encuentran solución a todo y le ve el lado bueno de las cosas mientras otros, se sientan a llorar. Por eso me gustaba visitarla. Desde que murió mi madre solía acudir a ella como si ella pudiera resolver el vacío que había en mi después de la gran partida.

-          Marga… ¿en qué estabas pensando?

-          Nada, solo en lo mucho que me gustaba esa cajita con la bailarina.

Ada tenía un sexto sentido con las cosas y solía acertar en más de cientos de frases en las que yo no veía sentido alguno.

-          ¿Qué es lo que te inspiraba o recordaba esa muñeca? - dice arqueando una ceja Ada

-          Pues… Magia. Mamá solía decirme que la vida te sorprende siempre… solía imaginarme siendo una mujer fuerte, con una vida exitosa y con grandes aspiraciones. Ella lo hacia posible.

-          ¿Qué te lo impide?

 Ante las preguntas de Ada siempre quedaba confundida. Como si necesitara de algo que me hiciera cerciorar el sentido de lo que planteaba, pero era algo que solía provocar en nuestras tertulias mañaneras de café y pastelitos.

-          Quizás si mi madre no se hubiera ido… si no estuviera tan profundamente condicionada por el montón de facturas que se vienen cada mes… o mi trabajo… no sé. No creo que …

-          Crees que no eres útil. Tu madre no hubiera cambiado tu situación. Tu situación la cambias tú con tus acciones y tu decides si quieres seguir dónde estas ahora, o dando vueltas como un trompo sobre ti misma.

Aquello me hizo enfadar. Ella no comprendía que tenía que pagar facturas, que tenia que sobrevivir, que los sueños eran para los grandes soñadores, que mi actual trabajo como limpiadora, no me dejaba tiempo para una vida mejor, sino que más bien me había tocado la cruda y devastadora realidad con la que nos encontramos todos.

-          ....Crees que no hay otras posibilidades. Que tu mundo se ha quedado ahí, y no hay cabida para otras cosas. ¿Quieres que sea totalmente franca Querida? - dijo vehemente

-          Claro…- dije con algo de sorna

-          Tu problema es que te has acomodado. Te has conformado. No es que la vida que llevas no sea la adecuada. Te has rendido. ¿Sabes? Todos estamos marcados por un don. Una habilidad, y todos estamos aquí para ofrecerle algo a esta vida y a nosotros mismos. ¿Para que eres útil tú?

-          Para limpiar. Es lo único que sé hacer…

-          ¿Eso es lo que crees Querida…?

Su templanza, me inquietaba siempre que me aconsejaba. No es que no fuera buena para nada, simplemente era que yo ya no era tan joven. Las acusadoras facturas amenazaban todos los días con algo que me ayudaba a sobrevivir y las múltiples horas a las que me había sometido por unos pocos euros apenas dejaban tiempo para algo más. Tenía que asumir que mi momento, ya pasó.

Cogí los pastelitos que había preparado para Ada y los llevé a la cocina. Los tapé con el film transparente mientras Ada me seguía allá donde iba. Nos dirigimos a la terraza que tenía Ada para encendernos un cigarrillo y seguir la conversación allí. Mientras ella me miraba con paciencia. Con esa mirada de madre que, por algún motivo, hizo que me preguntara por que nunca hablaba de su familia aquella señora.

En la terraza, se podía observar múltiples plantas, todas verdes, muy bien cuidadas. Y en el centro, una palmera que daba sombra a una mesita de exterior blanca con sus cuatro sillas del mismo color las cuales, invitaban a cualquiera a tomarse un té o un café. Evocaban en mí, una sensación vacacional de la que nunca había disfrutado. Ahí, mientras inspirábamos y exhalábamos el humo de los cigarrillos y nos impregnábamos del silencio que envolvía a aquella casita apartada de la ciudad entonces, lo pensé:

-          ¿Sabes? Creo que es una locura, pero … me voy a tomar unas vacaciones. He trabajado como una mula los últimos tres años y sin parar. Me iré unos días.

-          Querida, no es ninguna locura lo que dices. – sonreía – Creo que te puede hacer mucho bien. - Exhala humo

-          Yo también lo creo. – dije con ánimo.

Nos quedamos ensimismadas con el silencio que nos impulsaba a la quietud. Al decir verdad, con ella podía estar largos ratos sin decir nada y ella disfrutaba. Sus ojos se le iluminaban y se notaba que, con eso, ya era feliz.

Dos semanas después, me tomé esas merecidas vacaciones.

 Un día, paseando por el pueblo en el que por aquel entonces vacacionaba vi un cartel en el que se impartían clases de cocina. Pensé en mi madre. En los dulces que siempre llegaban a la mesa después de un gran festín. Me dije que quería aprender hacer los pastelitos que con tanto cariño y gusto preparaba ella. Pregunté adentro y días después comencé mis clases. Por cierto, eran gratuitas.

Imagen Google
Retocada

Durante una semana, elaboramos desde los más sencillos roscos de Navidad, hasta platos de curiosa elaboración y que para nada pensé que yo sería capaz de lograr hacerlo.

Practicaba durante mis vacaciones en el horno que contenía la casa que había alquilado para descansar. De pronto, me vinieron las palabras de Ada: << ¿Para que eres útil tú? >> No le di demasiada importancia, pero lo cierto es que estaba entusiasmada con las clases y las personas con las que coincidía.

En los días previos al final de curso, se comunicó un concurso en el que el ganador conseguiría una placa honorifica y un vale descuento para comprar utensilios para repostería. Aquello me emocionó y durante los siguientes días practiqué hasta altas horas de la noche. Se me daba bien y una vocecilla dentro de mí me decía “Si no ganas, al menos sabrás que lo has intentado”.

Aquella noche recibí una llamada de Ada. Iba a presentarse a una ceremonia en la que una amiga iba a ser honorada por su labor como escritora y quería saber si estaría libre. Le hablé de mis hazañas como cocinilla, como se quemaron algunos postres, como aprendí y mejoré. Le conté lo que había aprendido hacer y por supuesto la invité al concurso. Ella aceptó y me despidió con un “Sé que lo harás muy bien”.


***


El gran día llegó. Ada vino a la hora acordada y una sensación de paz invadió mi ser haciendo que los nervios que afloraban en mi quedaran totalmente sepultados.

La labor consistía en elaborar un dulce, el que más nos gustara, en el tiempo máximo de dos horas en los que debíamos sorprender al jurado con nuestros mejores postres.

El calor era evidente.  Algunos tuvieron que repetir el plato, otros más habilidosos, hacían de sus manos las mas inquietas y delicadas para acabar finalmente y mostrar, después de las dos horas, nuestras creaciones.
El jurado degustó los diez platos. Desde el mejor presentado hasta el menos sugerente a la vista.
Después de media hora debatiendo el jurado, la impaciencia se apoderó de mi.  Ada me miró, me dio un beso en la mejilla y con las palabras: “Simplemente lo has hecho y ya está” me dejó sin algún ávido pensamiento. Como siempre sus intrigantes palabras lograban desviar la atención de lo que realmente importaba y mi mente se sumergió en sus escuetas palabras, las cuales no lograba desencriptar.

Finalmente, por el altavoz dijeron a los tres ganadores:

-          Marga, suba al escenario… ¡Margarita! – chillaron por el altavoz

Yo estaba en mi mundo pensando cuando Ada me dio un codazo. Y otro, hasta que por fin volví a la realidad.

-          ¡Suba por favor Margarita al escenario ante el jurado!

Subí las escaleras junto con otras dos personas pensando que estaba entre los tres primeros. Aquello me halago un poco, pero no lo suficiente:

-          Nos complace anunciar a los ganadores de este primer concurso. - Tragué saliva- En la última posición Lidia Benabarre. - Aplausos del público mientras observo como el jurado delibera y hablan entre ellos. Solo quedábamos yo y otra persona. - Debido a los elaborados platos, pero suculentos y con la añadidura de que se nos ha hecho difícil el veredicto…- Un murmullo se hace entre los presentes- … Hemos querido otorgar el segundo premio a Margarita Lara fuentes quedando en el primer puesto Laura Villaespesa- Aplausos de la multitud y al fondo, Ada me guiña un ojo.

No podría creer que hubiera quedado en segunda posición. Aquello era más de lo que hubiera imaginado. Entonces bajé las escaleras y vi a Ada emocionada:

-          Sabía que estabas hecha de muy buena pasta.

La abracé. Mis ojos se llenaron de lagrimas y entonces comprendí que me había acomodado todos estos años. ¿Por qué no iba a valer yo para algo? Las palabras de Ada resonaron en mi cabeza sin que nos dijéramos nada más cobrando el verdadero sentido de mi vida, de la de cualquiera que se precie a apostar por eso, la vida.


Fin.


©El Rincón de Keren

4 comentarios:

  1. Hola Keren, me has recordado a un concurso gastronómico al que me presenté con 6 o 7 años en el colegio donde estudiaba. Y quedé entre los primeros con unos ricos sándwiches de quesitos La vaca que ríe, ja,ja,ja.

    Muy trabajado relato tanto en sus formas y estructuras gramaticales como en la moraleja que dejas.

    Este blog cada día es mejor y me siento muy honrado de ser tu lector y seguidor.

    Un gran abrazo.

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    1. Hola Miguel,
      ¡Vaya por dios! encima cocinillas ¿también? que gracioso tendrías que haber estado en el concurso gastronómico.
      Respecto al texto que he escrito, me halaga profundamente que lo veas bien. Le di varias correcciones, y además, la idea la saqué de un libro que leí. La moraleja, como viene siendo costumbre, por dar un empujón motivador que creo que lo consigue. Aun con todo, se quedaron algunos fallos. Pero me siento orgullosa que haya despertado una parte de tu niñez.

      Por cierto, gracias por seguir visitando el blog. Para mi es un honor que gente como vosotros, no solo tú, haga sus valoraciones y pueda experimentar sensaciones nuevas o de antaño. No sabes cuanto me alegra. Por lo que este comentario que has dejado, creo que es mi primer regalo de Navidad.

      Gracias a por todo.

      ¡Felices Fiestas!

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  2. ¡¡Hola guapa!! ¿¿Cómo llevas el ordenador??
    Me ha encantado el relato, es muy esperanzador. Yo no creo que las personas sirvan más o menos para algo, sino que el esfuerzo y la perseverancia es lo más importante.Cocinar, escribir, dibujar (yo también dibujo)...todo esto, si los demás lo hacen ¿por qué no lo vamos a hacer nosotras???
    Me ha gustado mucho leer este relato tan optimista y el significado que lleva implícito!!
    Un besote guapa!

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    1. ¡Hola María!
      El ordenador ahí va... Con sus más y sus menos jaja!
      Respecto a el relato, estoy de acuerdo que quizás no somos más útiles o menos, pero ello te ha llevado a analizar un poco mejor la historia para sacar conclusiones, por lo que he hecho bien mi trabajo. Quería una historia que hiciera pensar, Yo creo que en la medida de lo que he podido, y al menos contigo, lo he conseguido. A lo largo de nuestra vida hay baches y a veces no sabemos muy bien como enfocarlo o también esa comodidad que a veces, se convierte en un lastre y circulo vicioso del que lo podemos salir se convierte en la pesadilla pero que a veces con soltura se dan los desenlaces mas fructiferos y sin forzar demasiado sino más bien siendo consciente de en qué estamos fallando. Me alegra mucho que te haya gustado. (De eso se trata)

      Yo dibujo también y por cierto, he visto tu arte en instagram y tienes talento( desde mi humilde punto de vista nada profesional jeje!)

      ¡Feliz Navidad!

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