miércoles, 19 de septiembre de 2018

Microrrelato: Recuerdos

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Declaró la guerra al mundo y a la suerte. Total, ya no había dónde esconderse y el único lugar dónde sentirse segura, ya no era ni tan siquiera las calles. Si le había tocado estar así por fortuna, era que la suerte, el azar y la magia que pudiera habitar en este universo, no estaba de su lado. 


Cargando... uno; paso uno de tres...; Cargando... dos; paso dos de tres... ; Cargando...



Ilania, que cómo cada mañana miraba Marte desde la cápsula de su cuarto, un mundo en el que si llamabas, estaban ocupados, en el que si enviabas un mensaje, recibías una respuesta a las horas y el café era el deleite de todo aquel que apreciara una buena bebida, esa que siempre había estado en auge, << No sería casualidad que se anunciara tanto en televisión >> rumió juiciosa.

Si la lluvia hacia gran estruendo, la gente se refugiaba dónde mejor sabía. En una tienda y los precios daban igual, todos agolpados, mirando el exterior harían de la escena más simple, el momento elegido por todos cómo, el "¡Cómo llueve!" y los ojos más calmados, para algunos, del momento más preciado para aquellos que anidan en el interior de sus casas con el libro. 

Pero si algo destaca a los de Marte, son los seres queridos. Esos, de los que no hace falta una llamada, un abrazo, un consejo, una regañina o una anécdota loca para estar por ellos o ellas. Siempre puedes aprender algo de alguien, como de los mayores. Pero a veces nos acercamos a lo nímio de las cosas. Nos acercamos tanto a los pocos días ... pero se suman sentimientos más fuertes, momentos para la inmensidad, y aprendizaje a través de la locura de un mal acto. 

Los seres queridos. Por ejemplo su abuela, a la que esperaba que le durara otros pocos años más, hacía la suya cada viernes, y a última hora, estaba con la compra. Aquello implicaba encontrar el mejor precio. Preciados aquellos que se enganchan a la yaya, y observan el regateo inquieto al son de la risa de astuta de una mujer que se la sabía todas...

 Cargando recuerdos...  ¡Completado!

Cuánto os echo de menos...

©️El Rincón de Keren

lunes, 17 de septiembre de 2018

Todo cambia

¡Hola mis lectores habituales, lectores habituales y nuevos lectores!



El día cambia según las horas. Bueno, el cielo y la luz solar. Había tanto de cambiante, cómo el girar de las manecillas del reloj, que nunca marcaban la misma hora, y en cada hora, algo  podía suceder, todo puede cambiar.

La mujer sentada que le da comida a las palomas, el quiosquero que da sus buenos días con los chistes malos, que un día le parecieron graciosos pero que ya no, la mujer de la administración que siempre le respondía con una sonrisa amplia, el ir y venir de los jóvenes con los padres para una nueva etapa escolar y el barrido de coches en una ojeada a la ciudad en la que, ahora dicen y aseguran, hay que cambiar.

¿Cambiar? Cada mañana juan apagaba el despertador que ahora era un móvil. Él y tropecientos mil habitantes más en la planta, como asiduos a las mañanas tempranas, el café era indispensable. Daba igual como fuera, había que tomar café, aquello del segundo quizás era más por continuar la mañana con el buen hacer de seguir trabajando y no decaer, pero los siguientes con el jefe y luego con el compañero ya eran algo más que por aguantar: Porque me gusta- Solía decir juan

Durante la mañana y en cada descanso alguna cosa buena sucedería que merecería una fotografía, algo bueno ocurriría al llegar a casa también, pero la fotografía de su trabajo y de lo que no lo era, por unos puntos a favor, le hacía gracia. Quizás no ganara dinero, pero como mínimo esa hora en silencio con los colegas del trabajo, no se haría inútil, inservible, incómoda. Además, estaba acostumbrado.

Mientras deslizaba las páginas para leer aquellas noticias que eran portada en el móvil, visionó escapadas, cenas de en sueño, libros famosos, ocio para las familias, utilidades varias… vamos, era algo que solo con cliquear, le ofrecía una actividad para los fines de semana. Pero su revista favorita seguía mostrando todos los meses ese título: “¿Cómo cambiar tu vida a mejor?” – Rezaban el titular. Pero siempre miraba la fotografía y pasaba a otra cosa. Al fin y al cabo, su vida estaba lo suficientemente bien como para no tener que cambiar nada.

Caminando por las calles, en una escapada con otra chica de las webs de citas y por enésima vez se había dado cuenta de que aquello, nada tenía que ver con lo que se escribe desde el móvil o el portátil. Caminaban algo silenciosos después de un día de playa. No podía ser verdad, aquella chica se había mostrado interesada por él todo el tiempo y él estaba cortado. Parecía ocurrirle lo mismo. Pero ya llevaban una semana así. Aquello no avanzaba y con todas las chicas con las que había quedado no ocurría nada.

Almería 2018
Imagen Propia
De vuelta a los días solo, haciendo la compra a última hora del día se le ocurrió pasar caminando con la compra, con unas pocas bolsas, por un callejón solitario. Al girar la calle unos chicos que estaban fumando, todos ellos encapuchados y de una edad aparentemente joven, se le quedaron mirando. Juan sabía que si aceleraba el paso lo único que conseguiría sería que fijaran su atención aun más en él. Así que, continuó su camino, tratando de no mirar atrás.

Se oyó un murmullo y gente correr. Tuvo que hacer un esfuerzo memorable por no curiosear qué ocurría, en su decisión de no mirar, bajo ningún concepto atrás, pero no le costó demasiado averiguar que iban tras él. Le interceptaron en el callejón, y sin que le pudieran dejar hablar si quiera, le robaron las bolsas con la cena y almuerzo de toda la semana. Se quedó petrificado. No podía hablar. Salió del callejón con la mirada perdida cuando una chica, apareció de la nada. Al ver su expresión, logró hacer recobrar algo que se movía en él. Solo logró a emitir un desgarrador sonido. Acto seguido un taco, después otro, hasta que cómo pudo, la mujer, logró hacer que se explicara.

Acudieron a comisaría, puso la denuncia, y cómo todo, tocaba esperar.

Durante las siguientes semanas, juan se sentía inseguro. Pero había logrado establecer una calma aparente ante los demás. Hecho que le hizo interesarse por temas que antes no se interesaba. Llegó a un punto en el que comenzó a no relacionarse, se comunicaba con los demás vía teléfono móvil y solo compraba por internet.

En una mañana en la que aparecía en su revista favorita el famoso titular se lo quedó mirando. Dubitativo ante la posibilidad que le ofrecía solo un título: “¿Cómo volver a ser feliz y ocupar tu tiempo?” y "Cómo cambiar tu vida" -Se dijo que, solo por curiosidad, iba a ojear el artículo.

El teléfono sonó en ese momento. Era Cris, la chica que le socorrió la noche del incidente. Estuvieron hablando de cosas sin sentido hasta que hubo un momento en el que ella le contaba cómo había superado la muerte de su novio. Como la pintura, la fotografía y las clases de yoga habían marcado un antes y un después. Según decía, ella lo hacia para no pensar y con poco tiempo, se había hecho una rutina indispensable en su vida. Se sentía viva y con ganas de seguir haciendo más cosas, pero “Días malos, los tenemos todos” -Aseguraba.

Juan sintió algo de vergüenza y algo de agobio al pensar en salir de nuevo a la calle. Al despedirse de ella con el trato de que en unos meses se verían, decidió que debía volver a ser el de antes. Volvió a los documentos guardados y leyó todos los artículos que pudo sobre cómo ocupar su vida, cómo vencer al miedo y se puso metas pequeñas.

Un día solo fue a comprar el pan y parecía que el corazón se le iba a salir por la boca, pero aquel acto era triunfal no solo porque había logrado salir, sino porque estaba plantando cara al miedo. Estuvo encarando la semana hasta que ya le resultó algo normal. Pasaron muchas semanas, pero lo consiguió. Encontró actividades para hacer en casa y fuera, pidió ayuda a los amigos cercanos y en unos meses, salir a la calle mientras no hubiera nadie que no conociera, le resultaba natural.

En aquellos días, Juan y Cris se habían hablado más de lo que lo había hecho en años con cualquier chica de la red. Se animaban mutuamente. Cris, vivía en la ciudad, pero por motivos que no entendía él, desde el incidente no se habían visto, pero si hablado por teléfono, cada fin de semana. Cris había conseguido que luchara por la vida que se merecía. No sabía si lo hacía por ella, por que le gustaba o porqué, pero su corazón se alegraba cada vez que escuchaba su voz.

Era mediodía y tocaba ir a comprar el pan, al cruzar la calle, allí la vio con su cabello Afro y sus jeans. Su piel azabache, con una cinta que cubría parte de sus cabellos y su frente. Esa sonrisa que había olvidado desde aquella noche precipitaron una sonrisa bobélica, el corazón se le aceleró y por primera vez después de casi nueve meses, sabía que estaba enamorado. Si cambiar era luchar por el bienestar de uno mismo, y vivir la vida con los ojos de un enamorado, estaba dispuesto a ello. Y salir con Cris, como su novio, claro.


©️El Rincón de Keren

lunes, 10 de septiembre de 2018

Somos

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Piedras Redondas, Almería
IMAGEN PROPIA



Somos espacios infinitos que llenamos con cosas, sensaciones y letras que no hallan un lugar al que acudir cuando el corazón golpea diferente. El que anhela inconsciente de lo consecuente, dirá que no sabe lo que le ocurre y se añade la incertidumbre a la razón del "Cómo entender" ¿Cómo ser consciente de lo que no se comprende?

Cada añadidura al camino, ahora recorrido con los avances a pequeños soplidos, parecerán los pasos más largos. Imposibles de volver a recorrer, difícil de recordar. ¿A caso hemos olvidado?

Una risa, un sentimiento o un conocimiento. Son solo algunas de las cosas que nos depara nuestro interior que si nos faltara algo rompería en el interior desequilibrando nuestra balanza, haciendo fuego a la hoguera de todo lo que no hemos hecho para no tenerlo en nuestro interior y arderá tan fuerte, que sabremos certeros que nos estaremos quemando y culparemos a el de al lado, puede que aun pasado inalcanzable, incapaz de tocar el presente, lejano a lo que llegará. 

Somos esos trocitos de estrellas ante los rostros que se nos devienen entre la multitud. Tan bellos, tan impolutos y relucientes por fuera... nadie diría que estamos ardiendo, nadie diría que nuestro todo, lo rellenamos con los soplidos de aliento del otro: de una risa, una anécdota. un apunte prestado, un consejo bien avenido, una receta o una serie ... ¿Y si ese libro te cambia? habrán tantos "Posibles" como rodajas de anhelos y rozaduras por no hacernos entender. 

Somos esos sentimientos que nos sobrecogen cuando se posa la euforia y alegría desmesurada que a veces incluso, parece exagerada pero que es parte de nosotros. Imperceptible al ojo en ciertos estados, inerte para el ojo humano, terrenal para aquellos que encuentran la ilusión en los gestos que nos depara el prójimo y es que ... hay tantos cielos estrellados y con diferentes perspectivas... 

No me detiene pensar que somos un caos que sabe cuando mostrar su choque, feo para el que solo busca coherencia, hermoso para el que ve más allá. En general, hay tantos cielos ocultos por las calles de alguna urbe, que nuestro primer impulso no es decir lo que nos nace del interior, es intentar hacer estallar al tembleque para conseguir que ese otro, por alguna poderosa magia, entienda que en realidad, es toda una galaxia. 

©️El Rincón de Keren

viernes, 7 de septiembre de 2018

Relato Corto: Dos Palabras

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!



Como muchos saben, de vez en cuando hago mis propios retos con palabras 
creando relatos mediante una palabra o dos.
El problema es que no lo hago a menudo. 
Pues bien, voy a mostrarles el de hoy:

(Cliquea el vídeo para ver las palabras)







Cada mañana, peinaba sus rizos y se miraba ante el espejo como actividad ya habitual y ritual comprendido entre el sueño y el café. Escogía las prendas adecuadas y se sentaba en el taburete mientras miraba las noticias que, lejos de captar su atención, le hacían perderse en sus pensamientos.

 ¿Cómo adquirir dinero, si aun con dos trabajos no conseguía guardar durante el año? En las noticias hablaban del creciente paro, pero ella solo podía ver ocasión de expandirse y crecer cómo lo que era, una buena profesional a la que no le habían dado demasiadas oportunidades. Y aunque de momento conservaba su trabajo como decoradora de interiores, seguía trabajando para alguien más y eso, la mantenía en un estado reflexivo todas las mañanas. 

De lunes a miércoles trabajaba en un Co-work con una empresa que le proporcionaba la oportunidad de explotar su otra faceta, la de dibujante. Durante los días restantes, trabajaba para una empresa de construcción que hasta día de hoy, no daba problemas pero los recortes eran exagerados. Menos horas y menor sueldo. ¡Aquello era un disparáte! ¿Cómo se puede vivir con setecientos euros cuando hay un niño de por medio? Tenía que hallar la manera. 

Los ratos y reuniones que tenía en el trabajo, en el Co-work, le servían, ademá de trabajo, como oportunidad de aprendizaje, pero comenzaba a pensar que no traspasaría esa barrera después de casi tres años y echaba de menos a su marido y a su hijo Carlos. Los dos la hacían tan inmensamente feliz que decidió que tanto trabajo quizás no le daría toda la claridad que se merecía un tema cómo el dinero. 

Ainoha, que era decidida y talentosa, pero sobre todo consciente de que se merecía un descanso, comunicó su baja por una semana y así lo hizo. Dedicó unos días esplendidos a la familia. 
Pero su marido, que ya la conocía, sabía que por dentro, el monstruo del miedo anidaba en sus pensamientos. 

Con mirada la mirada perdida hacia el parque, las piernas cruzadas y la revista en el regazo, mientras su marido, Iker, la observaba con descaro su semblante, tras varios instantes, finalmente le hizo la pregunta:

- A ver , ¿que es lo que te preocupa?- Ainoha cabizbaja y con la mirada hundida en la revista con aparente interés no dijo nada - No seas así... Sabes que no puedo soportar tu silencio. 

- Sabes que el trabajo no está nada bien ... - Alcanzó a decir

- Pero sabes que aun con todo, has logrado mantenerte en los dos trabajos y yo también. Si me vas a decir que no es suficiente todo lo que has conseguido, que Carlos no tiene nada de lo que un niño podría sentirse orgulloso... -Intervino

- Iker, es que creo que no es suficiente... Debo ser un buen ejemplo para él... - Se llevó la mano a la boca y este añadió: 

- Lo estás haciendo muy bien. ¿Sabes lo que creo? Entre lo que cobras tu y los ingresos que yo recibo como arquitecto en Marruecos, cada tres meses, sobrevivimos demasiado bien. Dime, ¿no crees que nuestro hijo está en un buen colegio, recibe la mejor educación, tiene comida, ropa ...? Déjame decirte que aunque todo eso no lo tuviera, tiene unos padres que hacen todo lo que pueden por verle bien y feliz. Tiene mucho amor por parte de los dos. En serio ... Ainoha... - Ainoha tenía los ojos vidriosos y cabizbaja se tapó el rostro. 

Iker que mostró su apoyo incondicional, y orgullo, con gran paciencia a su mujer y con un sentido beso sosegador, no sin antes añadir, que era una gran mujer, con los ojos brillantes y el rostro iluminado, le apostilló un beso ósculo en la mano y le espetó:

-Estoy contigo en todo lo que decidas.

Se miraron con dulzura, entrelazaron las los dedos, mano con mano, y él la volvió a besar. Esta vez, en la frente. Lo que sucediera después, ya en el hogar, quedaría para el recuerdo familiar.


Fin.


Por último, les quiero compartir un popurrí de relatos y poesías 
de hace ya algun tiempo.

 Espero los disfruten mucho.
Popurrí Literario


©️El Rincón de Keren 

lunes, 3 de septiembre de 2018

Poesía: Respira

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores! 

Almería
verano 2018
Imagen propia


RESPIRA

Alientos gélidos se posan en la nuca
 Con la consecuente alerta del por venir. 
¿Cuántos alientos sin rastro, amanecen en una mañana de invierno? 

Ha vuelto del viaje a sus pensamientos 
Inocuo al ojo 
Sabedor del curtido camino 
Mal logradas piedras 
Con el cariño que anhela el placer 
de un momento que no sea instantes escuetos 
Quebradizos 
de esos que se deben hasta el aire que nos pertenece.

Le ves en cada rincón de las vísperas venideras.
Tu voz se quiebra sin saber que 
"No hay mal que por bien no venga". 

Vuestra indecisión de salir o quedarse en el círculo 
Os obliga a permanecer a las obligaciones. 
Hay trocitos internos que mueren en un aliento. 
Alientos, con agridulce pesar... 
Alientos, bobélicos... 

Sin el respirar de jugar a ser dos entes sin sentimientos lógicos. 
¡Qué locura!

Un ente entre vísperas de amor y sosiego.
 No distingues el "porqué" 
en este vacío sin la insuflación inyectada
 de su bocanada sentida en tu rostro. 
Te alerta de su presencia, sabes y sientes  que estás. 
Para solo palparos y averiguaros en la oscuridad.
Tan incierto y lleno de ella. 

Entre menos vemos
más hay que cerciorarse 
para captar aquello que
nos perdemos del otro. 

No le cuentes, respira ... 
No le preguntes, respira ... 

Ese sonido ahogado
Inducirá a amar vuestras almas naturales
En este caos tan ajetreado
Las palabras se amontonan en la garganta 
Encasquilladas 
Atragantadas, a golpe entre cortado.
Por querer decir tanto ...

No digas nada
Emana tu amor mediante las yemas de tus dedos 
Ilústrate con la imagen de su rostro en tu mente 
En medio de la penumbra.

Seréis dos luminiscencias en medio de tanta lugubrez 
Seréis reconocidos a ciencia icástica 
Para no deteneros 
En el furtivo deseo  de formular la pregunta... 

<< ¿Cómo estás, mi amor? >>


©️El Rincón de Keren

viernes, 31 de agosto de 2018

Poesía: Una emoción


¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos seguidores!

No me digas que no existes, 
No me digas que no hay nada,

A los ojos tristes les viene bien verte, 
A las almas distantes cómo tú, ilusionar 
A los corazones desalentados, emocionar

No me digas que se disuelve sin más
Cuando en su regazo lo envuelve,
El sol es partícipe del encuentro
Tanto si hay regañina
Tanto si hay alegría en su iluminar

De los días fríos, aguantarán su paso
De los que un día alzaron la mirada
De los que hoy entornar los ojos, al verlos hundidos en las máquinas
Aquellos, 
Hallarán una salida en el aire sosegado
Ahí entre tu aparente esponjosidad

Sé que juegas a ocultar al sol 
¿Pones a prueba mi esperanza?
No me digas que no te puedo ver
Si a esta ojos mios, aun no han dejado de ver
Si a este cuerpo mío, aun no ha dejado de intentar saberte

Dirás locura, 
¡Qué majestuosa locura!

Que con sus vientos, 
culununimbus,
Precipitación,
Dame tormeta
¿Es eso lo que quieres?

Hermosa seguirá
Asombro traerá

Agua nos aportas
limpias mi atmosfera
Denso ropaje
gruesa luz...

Volverás en Cúmuluniforme
Atraviesas mi verano ... 
No te detiene nadie

Sea la forma
que me deleitas
y me das en mis emociones

Sea el color o la rapidez

Aunque no te pueda abrazar...

Abrazas mis sentimientos.

No me digas entonces, 
que no eres parte palpable 
Cuando puedo verte y sentirte

Anidas desde un apice
Pero desapareces con mi sueño
Para volver en mis días. 
¡Y qué dichosa soy!

Según he podido indagar, Estas nubes son Estratiformes: Extensas capas nubosas que
traen consigo lluvia continua.
IMAGEN PROPIA



©️El Rincón de Keren

martes, 28 de agosto de 2018

Relato: Uno de esos días


¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Derramado el café sobre la mesa, habiendo roto los pantalones que antes le sentaban como anillo al guante, habiendo quemado el bizcocho que tan bien le había salido durante años y solo con un dedo de café en la taza, el cabello alborotado por lo imposible de domarlo había llegado a la conclusión de que aquello era acto de algo que no era sobre humano, real o de este mundo. ¿Qué sería?
Con el disparatado día que llevaba, escribir dos paginas para columna a la que le dedicaba su más amplio afán, se había convertido en la maraña más grande que podía ocupar un miércoles. - ¡¿Pero ¡¿qué más puede pasar hoy?! ¿Es que no va a acabar nunca el día de hoy? - Gritó a su piso de sesenta metros cuadrados.

Imagen extraída de la red

Decidió darse un paseo para despejarse. Cogió el bolso y salió huyendo de allí cómo si estar allí le picara tanto como el que tiene urticaria. De hecho, estar demasiado tiempo dentro de aquella cárcel, a veces, le producía el ahogo más intenso de una tarde, pero aquella mañana Marta, se dijo que el trabajo no iría a ninguna parte y que se dedicaría unas horas a sí. ¿Por qué preocuparse? Aun había tiempo.

Serpenteó las calles a fin de no hacer el mismo recorrido que haría si fuera a la oficina o a casa de su madre. Las calles cada una con casitas adosadas, le recordaban lo mucho que le hacía falta el dinero, pero fantaseaba con la idea de algún día ser ella la que ocupara uno de esos dúplex adosados. -De ilusiones se vive- introspectiva

El camino la llevó a una taberna que no conocía. Muy acogedora y poco invadida por los lugareños. Se animó a entrar. Dentro todo estaba decorado a lo rústico con intención de dar sensación hogareña. Lo cierto es que al dirigirse al asiento, no se sabe cómo tropezó con uno de los tablones y cayó al suelo de panza con tan mala suerte de que en ese momento salía el camarero de la cocina.
No habría importado nada, no le habría dado importancia alguna si no fuera porque el camarero estaba condenadamente atractivo y la media sonrisa junto con la preocupación por el golpe y estruendo que causó la hizo avergonzarse todavía más pero cómo ya estaba dentro decidió tomárselo con filosofía y espetar un: 

Es que me gusta el suelo – El camarero sonrió ampliamente.
-Espere, le traeré un vaso de agua, no se vaya y siéntese aquí y descanse mientras voy rápidamente a la cocina. -Dijo servicial y amable.

No lo quedaba de otra, había recibido un tremendo golpe, y lo único que la hacia no detenerse a morir de la vergüenza era que llevaba pantalones. En el caso opuesto, habría sido, ridículo y digno de fotografiar para la juventud de hoy. - ¿Qué narices te pasa Marta? - pensó habría dado lo que fuera por un día, mínimamente normal.  Pero parecía que el día no le iba a dar tregua ni un segundo.
Acto seguido aparece con un vaso de agua y el botiquín todo apurado el camarero. Fran, se llamaba. Y Fran muy gustosamente, inspeccionó sus rodillas muy a pesar de que Marta insistió en que estaba bien. Este halló un moretón y le untó una pomada. Luego se la vendó y con una sonrisa que casi quitaba los males le dijo que había que prevenir por si se había roto algo, por eso le vendaba la rodilla pero que se sentiría mejor si dejaba que la llevara al hospital, por si era algo más grave.

Marta se las ingenió para disuadir de aquello al camarero preguntándole que tenían en la carta. Educado él, le ofreció la carta. Ella hizo su pedido y después de hacer ver que todo lo que había sucedido en cuestión de minutos no era nada. Se despidió de Fran, asegurando que iría a urgencias.
Cojeando ligeramente, anduvo hacia su minúsculo piso con la intención de no volver a sufrir semejante humillación.

Llegó al portal. No tuvo que subir las escaleras, vivía en el entresuelo. Abrió la puerta y la cerró entonces no calculó bien dónde se hallaba el perchero y el bolso cayó al suelo pero comparado con lo que le había sucedido hoy, fue nimio.
Marcó, el numero y cuando el teléfono dejó de emitir el sonido, se descolgó:

-Hola hija, ¿Qué tal estás hoy?
-Fatal, tengo uno de esos días…
- Ay! Mi patosilla nata… Lo que tienes que hacer es tomarte unas vacaciones y volverás a ser a la que eras. Esto no es nuevo, ya sabes que de pequeña eras cómo un pato mareado. Allá por dónde pasabas, caía al suelo, o los objetos o tú.
-¡Mamá! No te pases
-Lo siento hija. Entonces sufría, pero ahora que se que es fruto del nerviosismo, no puedo parar de reírme. Eras tan graciosa…
- ¿Mamá sabes que no lo hacía queriendo verdad? - dijo suspicaz
- Ay hija, para una madre, aunque su hija sea una patosa patológica, en el peor de los casos, siempre serás adorable, incluso si tu no lo crees.


©️El Rincón de Keren

lunes, 20 de agosto de 2018

Relato: Una dicha

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Rambla Federico García Lorca
Almería Capital 

Abría los ojos, cogía aire y los volvía a cerrar. Entonces, miraba a su alrededor absorbiendo el lugar, el relente de la mañana y las escasas personas que se veían al pasar por el lugar. Anduvo casi toda la mañana, hasta llegar a su lugar favorito. allí podía observar a los deportistas haciendo su habitual recorrido para la ciudad en vistas de conseguir una marca mejor o tal vez, mantener a ralla esos kilos.  Fuere como fuere, cada mañana encontraba a la gente sumergida en sus cascos y haciendo lo habitual. 

No le sobrecogía que todos llevaran diferentes aparatos para medir los pasos, el recorrido en el que se iniciaban a correr y no parar. Para variar, ella llevaba su propia música en el bolsillo. Como si aquello fuera un ritual colocó los cascos y siguió andando después de haber acabado por deducir, supuestamente, las vidas de la gente. El lugar al que quería llegar, mostraba otra faceta que ella conocía bien, pero que siempre se la inyectaba con tal de huir del caos interno. 

El aire fresco le ayudó a coger una bocanada de aire que inflaría de nuevo sus pulmones, dejándola en un estado de calma en el que el batir del corazón, le recordaría lo bueno de una mañana caminando a paso ligero. El sol recorría la ciudad como el que hace su trayectoria cada mañana para llegar a ese lugar y mostrar lo mejor de sí. En cierto modo, era cómo decir , o más bien, declarar, que estaba aquí para ser vista. Sin palabras, sin banalidades, Solo una imagen y una iluminación, que daría su particular saludo, con el paso de las horas, hasta desaparecer misteriosamente dando lo mejor de sí, con sus destellos. En cierto modo, era cómo ver a esa gente corriendo, caminando y hasta haciendo sus estiramientos sobre aquella jungla de asfalto. 


Subió las escaleras del parque lo más rápido posible. Localizó un banco y jadeó, al mismo tiempo que intentaba recobrar el aire. Una vez llegado al lugar y normalizar la respiración, se acercó al borde de aquella cima y observó la ciudad a sus pies. Un trocito de lo que ella llamaba, su paraíso. Llevó su mano al corazón mientras observaba el paisaje a sus pies con los ojos vidriosos y la mirada puesta en todo lo que le rodeaba. Intentaba percibir las vibraciones de aquel día. 

En su estomago sentía un cosquilleo, las piernas parecían de mantequilla y aunque el calor ya comenzaba a dar sus azotes, y el sudor a dar mella, el sentimiento era más profundo que cualquier otro día. Era ese lugar privilegiado dónde dejar volar la mente, dónde el silencio se entre corta con el ajetreo, y juntos ... Formaban la dicha de un día, bien recibido.

¡Qué bonita eres vida!



Puente de los tristes
Almería Capital 




©️El Rincón de Keren

viernes, 10 de agosto de 2018

Microrrelato: Estrategia

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Él la miraba, podía ver su vena en su entrecejo. Señal de que le había enfurecido aquello que le había contado. Entonces, él le decía que no lograba abrir una caja. Ella resoplaba y le espetaba: - ¡Qué flojo que estás! Luego, al ver que aún seguía ensimismada con el embrollo del que se había enfadado, la llamó para que le dijera cómo hacía ella los espaguetis que a él tanto le gustaban. Ella de un revuelo lo obligó a salir de la cocina y le preparó esos suculentos espaguetis, tal cómo él los quería. Carla seguía en sus trece, así que Juan acabó por darle la noche dejando sobre el tocador todas las revistas de pesca que se había comprado. Fue pues el momento en que Carla estalló y le estuvo dando un sermón que duró cerca de una hora, pero Juan pensó: << Por lo menos, no está triste>>. 



©️El Rincón de Keren

miércoles, 8 de agosto de 2018

Relato: Apego.

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!



"Me devora las ganas y encima me deja cansada. Es inevitable, se abarrota de gente y una vez entras ya no hay salida" - Se decía Camila una y otra vez con respecto a las rebajas. 

El solo hecho de entrar allí a por unas, le agotaba, pero ella seguía con ansias de querer pasear con ellas, aunque sucias, roídas por el paso del tiempo, algo destartaladas para la época, decían algunos. Era imposible hacer que se deshiciera de ellas. Y es que aunque habían perdido su apariencia inicial, nueva e impoluta, guardaban miles de historias nuevas por contar cada día. Aquellas zapatillas eran su mejores compañeros de viaje, pues le ayudaban a soportar largos recorridos ya fuera para caminar o correr. Eran ideales para hacer deporte fuera o dentro de casa, para ir a comprar o para vestir casual, quizás no fueran bonitas, ni tuvieran la imagen de antaño pero ella las quería, tanto era así, que un día mientras caminaba, se le asomó un agujero en la parte delantera, en la puntera. Dudó un poco de si tirarlas a la basura o no, pero optó por lucirlas solo cuando fuera a caminar con su compañero de cuatro patas. Pronto los cordones le recordaban que necesitaba unos nuevos y eso hizo, comprar unos nuevos, pero ¿tirar el calzado? ¡eso nunca!

Imagen extraída de la Red

A la cálida tarde que se le presentaba, se decidió a caminar, como tantos otros días vespertinos, su andadura fue desde su casa hasta el descampado que había al otro lado de la barriada. Tropezó con uno de los lazos del cordón y la suela se despegó. Tuvo que volver a casa y pegarlos con cola caliente. Aquello había durado mucho. Quizás demasiado para lo que eran. Unas zapatillas de deporte que ya casi habían perdido la legibilidad de lo que eran en realidad. Fue entones cuando en un descuido, su madre las tiró a la basura y en la entrada, junto a el recibidor, dejó unas zapatillas nuevas. 

Al principio se enfureció. No supo cómo encajar aquello, pero las miraba mientras volvía de la cocina, cuando cerraba la puerta por la noche, cuando volvía de comprar el pan y hasta cuando limpiaba la casa. En un día de lluvia, volviendo con los zapatos mojados, no teniendo qué calzado ponerse para ir a correr, las vio allí. A simple vista parecían tan delicadas... sus lineas rosas le daban un toque femenino que combinaban muy bien con las otras azules y el blanco las hacía resaltar además de agraciárlas más de lo debido. El sol salió antes que pudiera darse cuenta. Un rayo de sol las enfocó como iluminadas. Quizás era la señal de que debía dejar lo viejo para que entrara lo nuevo.

 Subió las escaleras y abrió el armario. Todavía guardaba un vestido marrón que ya no le iba, además de feo, habían pasado tantos años que, estaban pasados de moda. Junto a ese vestido habían múltiples prendas como aquella: viejas y con urgencia de tirarlas a la basura. 

Cogió unas cuantas bolsas de basura, y se deshizo de todo lo que no valía. De ropa, hasta objetos que ya no eran para nada de esta época y lo peor, ocupaban un espacio que ella podría bien utilizar para cualquier otra cosa. En pocas horas había logrado tirar ropa de por lo menos, hacía veinte años y de los últimos seis. Dejó solo unas pocas prendas para combinar y los más nuevo hasta el momento. 

Una vez habiendo sacado lo viejo de su vida, ya podía mirar su casa cómo algo qué poder volver a estrenar. Cada mes compraba algo nuevo y se deshacía de algo viejo. Hasta que por fin, no tuvo más remedio que estrenar el calzado que su madre había comprado harta de su dejadez. Entonces, comprendió que no es bueno apegarse a las cosas. Hay que dejar el pasado atrás y dejar espacio a las cosas nuevas que vendrán. 



©️El Rincón de Keren

lunes, 6 de agosto de 2018

Relato: El muro esconde una verdad

¡Hola , mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Abrió la puerta, tras aquel muro de madera se encontraba el caos y la armonía en la propia conciencia de la chica. Porque el caos solo es caos, si uno no conoce su propio caos. Por eso, dentro de aquel desorden, había cierta coherencia.

Cerró la puerta con llave y luego echó el cerrojo. Subió las escaleras y se deslizó cómo pudo hacia la habitación. Pues los zapatos estaban tirados por todo el pasillo, la toalla sobre una mesita , que antes, lucía chic en la casa de dos plantas, pero que ahora estaba cubierta de cartas. Montones de cajas apiladas en la habitación contigua le recordaban que debía hacerse a la idea de que esa era su casa pero ahí seguían, olvidadas.

Giró el pomo de la puerta de la habitación. Se dejó caer en la cama con el abrigo aun encima. Aquel invierno estaba dando mucho de lo que sentir en sus carnes. Se descalzó, se puso un atuendo adecuado para ir por casa y adiós al sujetador. ¿Qué mejor gloria que ir sin nada que ahogue? Se sentía libre. Encima de la cama ,con sus calcentínes, extremadamente gruesos, pero que había tenido que buscar entre la ropa sucia y la limpia, pero que cómo casa suya, sabía cual era cada cosa.

Suena el teléfono. El sonido atraviesa toda la casa y resuena tan fuerte, que puede oírlo desde arriba, pero no lo coge. Quizás sea su hermana. En lo poco que quedaban de días de vacaciones, había que reconocer que la había llamado más de tres veces al día, enviado parrafadas de mensajes de texto y enviado ropa y más ropa de casa de su ex marido. Comenzaba a sentirse un poco controlada.

Se dirigió a la cocina y se preparó un café solo. Tenía tanto frío que no le apetecía comer, solo acurrucarse en el sofá para dejar pasar las horas hasta que llegara la hora de irse, al día siguiente, al trabajo. Bien se lo merecía después de una jornada extra. Aquella madrugada, en el comedor, miró la televisión, leyó su novela y se dignó a leer todos lo mensajes de su hermana Carlota, pero no la llamó, no la respondió. Al fin y al cabo, Ana era dueña de su vida y salir de aquel bache era cosa suya.

Ana se quedó dormida en el sofá olvidando poner la alarma del móvil para madrugar y así salir temprano de casa.

El sonido insistente del timbre y los aporreos a la puerta, sobresaltan a Ana que yacía en el sofá desde las cuatro de la madrugada. Se levanta de un salto y como puede llega al recibidor y abre la puerta. No sin antes quitar el cerrojo. Cuando abre, se encuentra a su hermana Carlota fuera de sí:

- ¡No oías el timbre y los golpes? - Le grita
- Tranquila, no es para tanto. Me quedé dormida en el sofa- le suelta con toda la calma del mundo mientras se dirige hacia el interior de la casa, Carlota la sigue tras de Ana y cierra la puerta después. -¿Tan urgente es eso que quieres decirme?- le espeta de mala gana
- No coges mis llamadas, no contestas mis mensajes... -Resopla la hermana- Comenzaba a pensar que te habría ocurrido algo. Ya sabes que no es bueno que dejes de ver a la familia.
- Cuanto menos contacto tenga con la vida y familia mejor será. Ya oíste al inspector.
- Ya... pero ... soy tu hermana...- Carlota la mira con amor - ¿Estás bien?- la abraza de sopetón
- No seas pesada. Ya te he dicho que estoy bien. Es solo que estoy haciendo lo mismo que me aconsejó el inspector. No... no es mi intención hacerte sentir mal.

Carlota mira a su alredor y contiente las ganas de regañar a su hermana menor por el desorden. Por lo que opta por la amabilidad:

-¿Qué te parece si nos vamos a tomar un café, a esa cafetería tan mona que hay, a tan solo una manzana de aquí?
-Tengo café en casa. ¿Para que querría ir si tengo aquí? - dice en un tono condescendiente
-No seas borde. Estoy siendo amable. Venga... que invito yo.- trata de de animar
-No sé ... -Dice algo temerosa- ¿Y si nos quedamos en casa... ?- Entonces es cuando Ana recuerda que debería de haber estado en el trabajo hace horas y coge el teléfono para llamar al despacho de su encargada y esta no la reprocha nada, conoce su situación y es indulgente con ella.

Ambas Hermanas están sentadas en el sofá mirando la televisión en silencio. Un silencio incómodo que hasta cortaba el aire. Carlota no puede evitarlo y comienza a recoger cada camiseta, zapatos o cosa que encuentra a su paso. Recoge todo el comedor. Además, barre y friega. Ana no para de resoplar y de decirle a su hermana que ya lo hará ella cuando tenga tiempo, cuando se sienta con fuerzas. Esta hace caso omiso de lo que dice y en unas horas toda la casa luce recogida y limpia. Excepto por las cajas que siguen ahí, amenazantes:

-¿Cuando vas a comprender que ya no tienes nada qué temer?- Ana cabizbaja alza los brazos y la hermana mayor se acerca y la abraza.- Él ya no está aquí. Eres libre. Ese bestia nunca más te hará daño ni a ti, ni a ninguna mujer. Nunca más.

Las dos se abrazan mientras unas cajas que llevaban tiempo a la vista, son deshechas por la decisión de una hermana que apoya a la otra.



©️El Rincón de Keren

miércoles, 1 de agosto de 2018

¿Es amor?

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Cómo sabréis, he tenido poca actividad estos días y es que con el calor, el ritmo baja. Precisamente hoy, con la ola de calor que se nos viene he recordado unos días que han sido preciosos y por eso, a modo de relato en prosa, os lo voy a relatar. La dinámica del blog bajará pero seguirán habiendo entradas. El Rincón de Keren no va hacer , de momento, vacaciones hasta nuevo aviso. Así que, vais a tener que seguir aguantándome. 

Cómo os decía, os dejo el relato aquí abajo.

¿Es amor?

Imagen extraída de la interfaz

Tres días en los que el amor fueron los amores pronunciados de puertas adentro. Si me lo hubieras dicho no te hubiera creído. ¿O tal vez sí?
La verdad es que estoy con mi sonrisa bobélica...


¿Cómo te cuelas en mi pensamiento?
Aterrizas en mi mente como un torbellino envestido, transformas mis penas en flores perfumadas y de los labios de tu boca ¿Quién no quisiera tu boca?  te escondes en solemnidad de desacuerdos con ella, y es que siempre te arranco una sonrisa, ¡Qué aroma tan bonito! el de tus labios entre abiertos... Que semblante tan inesperado... Siempre consigue sorprender...

¿Cómo puedes hacer girar mi estómago?

Se retuerce por dentro gritando << ¡Te quiero! >> aunque quisiera susurrarte al oído, me contengo. Y es entonces cuando las mariposas vuelan libremente. Como si lo estuvieran celebrando. Espolvorean la habitación como polvo de hada y soñolienta de amor, me acurruco en tu pecho.

¿Cómo logras acelerar mis pulsaciones?

Debí preverlo desde la distancia. Un roce hace más que una palabra. El silencio y vacío en el hogar, muestran el latido incesante de nuestros corazones y me parece oír música de fondo. Me da armonía... Ella que con su son eleva el alma hasta lograr alzar nuestras manos, que con una tímida mirada el choque logra fundirse entrelazando nuestros dedos

¿Es amor? ¿Porqué lo pienso?

Deberías haberme advertido de éste, que cómo tú dices, "Es el verdadero amor"
Un amor de vacaciones
Un amor de fin de semana
Un instante durante el café
pero todas...

AMOR.


©️ El Rincón de Keren

lunes, 23 de julio de 2018

Relato: NEGRO EN ESPAÑA

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!




Avanzó abatido con la poca fuerza con la que podía sostenerse. Al decir verdad, la vida era algo que tampoco le proporcionaba la fuerza suficiente. Sin trabajo, sin una casa propia, sin reconocimiento por sus estudios realizados con tanta dedicación, pareciera que no tenía ni pies, ni cabeza y mucho menos sentido.

Los golpes que le hacen a uno desgarrar al alma no es ni tan siquiera el motivo por el cual uno acaba abandonándose al primer trabajo que encuentras o al que te dejan. En una tierra dónde el color negro es apropiado para campañas, dónde en las meses de debate son el bulto que escurre cualquier queja en dónde poder decir que no es un debate solo de residentes, dónde el negro solo es motivo de elegancia en los atuendos o para comparar con los de al otro lado del charco, nada parecía tener sentido. ¿O sí?

En un país dónde se cree que los migrantes quitan de comer por ser negro. ¿Qué ayudas hay en pos del color?

Djon solo sabía que había llegado a España y le denegaban la residencia aun habiendo tenido múltiples trabajos en Guinea como profesor, como portavoz de radio, tras haber cursado y obtenido su lincenciatura en letras y maestría. Poeta para una radio local, ejemplo de muchos en África, logros que muchos quisieran en España, pero que al llegar al país tenía que convalidar porque por algún motivo, el país había olvidado sus lazos con el continente. Guinea, colonia española.





No importaba que cuantos estudios tuviera, su destino estaba marcado por su piel. Y cómo mucho, unos meses eran lo que le deparaba lejos de África.
No era bienvenido para la sanidad, debido a su irregularidad y sin los aclamados "Papeles" no era privilegiado, no estaba en posesión de nada. ¿Cómo iba a recibir ayuda si para empezar debía estar regularizado en la Península? Y ¿Cómo se atrevían mostrar la luz de una llegada en patera cuando muchos de ellos, al no tener familia en el país estarían de vuelta al continente de en menos que canta un gallo?

Tras mucho investigar sobre quien podría ayudarle, preguntando a la familia, averigüa que un amigo vive en Valencia y le hará el favor de ofrecerle cobijo además de ayudarle con el papeleo para empadronarse, conseguir visado y todo lo necesario para residir aquí. Pero ellos ya tienen su vida hecha allí. Casi le sabe mal tener que instalarse en casa de un matrimonio con niños que , aunque paisanos necesitan su intimidad, cómo pareja, cómo familia que son.

Tras vaciar el minúsculo piso que había conseguido por medio de un trabajo sin darse de alta y mal pagado, echando más horas que un reloj, con la ayuda del matrimonio envía lo poco que tiene a Valencia.

Al llegar a la gran ciudad costera, no solo le paran numerosas veces, aunque solo para preguntarle la hora o preguntar una calle. Tiene miedo que algún agente de paisano descubra que esta sin "Papeles" y tenga que volver a África. Entonces, no podrá pagar la escuela de su hija en el internado, ni el uniforme, ni la ropa de su mujer y mucho menos podrá aportar un sustento alimenticio a sus pequeños. Pero lo que más le asusta es, con qué cara va a mirar a su mujer y a sus hijas si le deportan. ¿Con qué cara?



El era el cabeza de familia, el hombro sobre el que llorar su mujer, la salvación a una vida mejor para sus pequeñas...

Y sin aquella única oportunidad, quizás tuviera que volver a ahorrar de nuevo para poder coger un avión. ¿Con qué destino? ¿Qué comerían? ¿Qué sería de su familia?

©️El Rincón de Keren

viernes, 20 de julio de 2018

Relato: LUNA LLENA.


¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Escaparon y a lo lejos, las luces indicaban los fuegos artificiales que cantaban la melodía de una unión. Sin embargo, el gallo que se oía cada mañana para iniciar las tertulias matutinas anunciaban café acaramelado  con el dulce acompañante y soñoliento amanecer, obligó sin más remedio ....

A apartar sin más remedio, el cabello de ella a un lado del cuello, ella acarició su nuca y se formó un silencio reconfortable en el que se dijeron hasta que el amor que se tenían, era impredecible: cómo cuando él trabajaba el jardín y ella le observaba por puro placer; cómo cuando ella se deleitaba en su particular lectura y el se ofrecía a hacerle compañía sin haber mediado palabra entre ellos... 

Todo era armonía regida por el amor que se mostraban, sin atenciones forzosas, eran inevitables, les nacía icástico, puro, sosegado por otro lado, mientras ella cocinaba y él picaba las verduras al son del jaleo melódico, el cristal destellaba y centelleaba las últimas iluminaciones, haciendo murmurar a la bestia canina que les acompañaba en su andadura cómo pareja y seres enamorados. 

... Pero todo plato con gusto suele ir reñido de sutiles amargos miedos, falta de congruencia en debates sin sentido que desencadenaron la muerte de los rosales, la afonía de la bestia y la consecuente inquietud, además de los cafés fríos, largos sin silencios incómodos y el resquemor que se proclama al cielo. 

... En una noche de niebla, él se arma de valor y la escoge por la cintura. Sabedor de lo que hacía, algo inquieto, la coge con una mano por la cintura y con la otra esconde algo. Ella no pudo sinó sonreír al mismo tiempo que el cielo se salpicó de infinitas estrellas, fue entonces cuando él le mostró lo que escondía en un acto solemne. La canción que los unió brilló en su mano, y allí, los dos, de pie ,
se abrazaron al tiempo que el universo vibró creando cielos dignos de una noche de romance, haciendo soplar al viento y correr como el que corre una cortina, el cielo gris que una vez hubo para lucir esa hermosa... 

LUNA LLENA.
Extraída de PicFinder






©️EL RINCÓN DE KEREN






viernes, 13 de julio de 2018

Relato: Si supiera escribir... tendría la llave.


¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Quisiera poder decir que la noche me embargó una inmensa alegría, que un día me arrebató ella, que en mi soledad, alguien que decía que podía hablar con total libertad. Sería la salida a todas las articulaciones enmudecídas que entonces callé por miedo al qué dirán. Por el contrario, nunca callé.    Y es algo a lo que estamos tan acostumbradas... 
Callar por no molestar, callar por no herir ni ser heridas, callar para no discutir y en cuanto se abre la comisura nada bueno puede salir de allí, el callar no es bueno. 

Quisiera tener la llave que me lleve a un camino en el que todos obtengan cuanto desean ver en esta vida, pero la vida no está hecha para los demás. Una noche en la  que el dolor puede convertise en el desahogo de un día terrible puede ser un día siguiente lleno de luminiscencia por haber vislumbrado tanta penumbra en algo que no atisbas ni con la mejor de las palabras, ni el mejor de los consejos. 

Quisiera tener la llave que nos conduzca a una noche onírica en la que el tecleo de las letras atravesara la pantalla, así como los corazones, 
y de hecho, 
cada tecleada es un suspiro de amor, sea desamor, amor, vivencia o una luz al final del día. Y es que la lucha no es con los demás, es con una misma. 

Cogí el bolígrafo y lo escribí:

Si supiera escribir, escribiría las más bellas vocales rimando 
Si supiera escribir, entrelazaría cada vocal con el dedo corazón para disparar las pulsaciones, escribiría los mejores adjetivos que el paladar pudiera emitir, 
Entre graves y agudos, entonaría las mejores e interesantes historias. 
Si supiera escribir, 
quizás los pensamientos no serían ni tan crueles, ni tan sentenciosos.
Si supiera escribir, 
Los dedos cometerían la muerte de los textos en un punto que dejára al corazón extasiado, y tal vez así, una emoción derrocharía,  
Pero soy una mera escritora de las emociones y los observatorios de días y menos de noches. 
Aunque el boli muere cada noche 
con el recordatorio de que hay que comprar otro, 
con la sensación de que ese día, 
ha cambiado algo en el interior del que, por casualidad, 
Ha leído este trocito de texto. 

©️El Rincón de Keren

lunes, 9 de julio de 2018

Relato corto: Los radares con sensor.

¡Hola mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Enzarzados en el remolino de pasiones carnales, de pronto sonó el timbre. El pantalón desperdigado por el suelo , un sujetador asoma en el borde de la cama y unos calzoncillos reposan en el tocador aun. La carrera a contra reloj para encontrar a tientas, y con prisas, dónde se encontrará la próxima prenda, son la ocurrencia salvaje por salir en camisón o con medio cuerpo enfundado y el otro medio al descubierto. 


Imagen propia


Entre prenda y prenda, la disputa no es quién se viste antes, o quien llegará a la puerta, ni quién vaya mejor vestido. En todo caso, quién abrirá la puerta es la apuesta del ganador que abra a medio vestir y con el cabello alborotado, por si aun no se pudiera dar cuenta el visitante, por si aun habiendo dicho que están ocupados, este se interesa, se preocupa y decide invadir el hogar y atravesar el área que delimita, a los del interior con los del exterior, Anfitriones e invitados. Pero cómo hay que ser educado, el anfitrión le ofrece un café con la esperanza de que no se percate de nada de lo que hacía unos momentos acababa de suceder, o bueno, intentaron que sucediera. 


Imagen extraída de Internet

Logran despedir al invitado creyendo que todo ha salido redondo. Pero al mes siguiente, vuelve a suceder lo mismo. Y es que a partir de entonces, ya no son los invitados , son los radares, los sensores que llevan integrados cada uno de ellos que saben en que momento deben darle al timbre, para que los anfitriones jueguen  al escondite con la ropa y hagan malabarismos para enfundarse de algo de ropa, si es que la ocasión, lo permite. 


©️El Rincón de Keren

martes, 26 de junio de 2018

Poema: Al deleite de ti.

¡Hola, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Almería, Junio 2018
Una mañana a la sombra inmersa en una
lectura.
©️elrincondekeren


Cobijo para el afortunado, entre placeres y el festín.
Las caricias 
en pena caerán,

No podré comprenderte
en enfermedad
en explosión de enfrentamientos

No podré culparte
por el bien
por el mal

No encontraré tu apoyo
pues ella es el refugio de los que se detienen al amor,

Sentada en mi alivio por el sol,
arrugo la nariz 
pues no estoy para ti
ni para nadie

Al cálido le acojo entre página y página
cuidando un amor ilustrado

Enemigo del desaliento 
inocente o desbocado
se alimenta de cada ilusión  

Ya no hay desaliento 
asoma la sonrisa 
¿Que el amor dulce es?

Que le digan al hambre si es saciedad 
cuando de dulce se trata
¡Qué le digan!

Susurra el viento cálido 
la página ya no es de papel 
Click a la página 
ávida lectura 
ensoñación al amor 

Ella me sigue dando aun así cobijo 
Ella negra 
Ella que tantos huéspedes conoce 
El refugio del sol 

Bocanada de aire en los últimos párrafos, 
Ciudades europeas y sentimientos 
gentes inventadas, 
¡Qué locura el vibrar de la historia!

Y pensé que no pude tener un amor 
Y aquí sigo, 
en pie, 
disfrutando las sensaciones 
si se vive de emociones...

La sombra de mis días, 
es en ella mi alegría
emana sonrisas
rebosa a las múltiples miradas
y yo sigo aquí, 
como roca,
al deleite de tu sombra. 

©️El Rincón de Keren

jueves, 21 de junio de 2018

Relato: El Defensor

¡Hola, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!



Carlos volvía con sus amigos después de una noche de concierto. Joan, seguía con sus temas de conversación que nunca acababan; Joana que no se perdía nada le seguía la corriente e intentaba rebatirle cada comentario; Eli que solo hablaba para meter pequeñas puyitas para que Joan dejara de hacerse el interesante con Joana y dejarlo callado, y Carlos, que seguía el panorama ,divertido, sin perderse nada.

Un sonido pareció retumbarle los oídos de tal manera que logro echar a Carlos al suelo encogido como un niño de cinco años. El sonido era tan agudo que podía atravesar el tímpano. Pareció una eternidad pero, una vez fue bajándose la intensidad de aquel sonido, vió que sus amigos le miraban atónitos y expectantes por saber que le había ocurrido. Al parecer, había sido el único afectado:

- ¿En serio no habéis oído el sonido agudo y persistente que se ha escuchado?- Los tres amigos se miraron entre ellos y al unísono aseguran que no. 
-Tío, debe de haber sido la cerveza de barril, en estos conciertos no sabes qué mierda te pueden echar en el vaso. -Todos ríen pero, Carlos, esboza una media sonrisa medio fingida, como para quitarle hierro al asunto. 

Los cuatro amigos se despiden cada uno con una chica a la que acompañar por las calles solitarias. Joan con Joana y Carlos con Eli. Cada pareja sujeta el móvil por si sucediera algo para lo que no estuvieran preparados. Llevaban rememorando esa vieja tradición desde los diez y ocho y ahora que el mundo se había vuelto un poco más inseguro, no iban dejar de hacerlo. 

Carlos y Eli bajaron una larga cuesta hacia abajo mientras los dos caminban sin decirse nada. Unos metros más allá, Joan y Joana van a lo suyo en una animada conversación sobre los grupos que han visto esa noche, añadiendo datos de los artistas que creen que el otro no sabe pero, Joana pronto se queda pensativa y la conversación toma un giro:

- ¿Crees que Carlos está bien?- espeta Joana
- ¡Carlos es una roca! no te preocupes mujer...- trata de consolar Joan
- Ya pero ¿ y si no fuera unicamente un dolor de oído como hemos hablado otras veces? Ya es la quinta vez esta semana. Temo que algo malo le este ocurriendo. 
- Joana, ya le sugerimos que fuera al médico pero no quiso. Nosotros no podemos hacer nada más por él. 
- Ya... 
- Y sabes que si Carlos te viera triste de daría una colleja de las suyas.- Rien juntos mientras se alejan lentamente. 


A unos kilómetros más allá, Carlos se despide de Eli con quien no ha mediado apenas palabra hasta que ella, rompe el silencio:

- Deberías ir al médico.- Carlos que no quiere hablar del tema, disimula.
-¿Qué?
- Ya sabes, por lo del oído.
-No es nada. A lo mejor solo necesito descansar... -trata de quitarle hierro al asunto de nuevo pero esta insiste:
- Carlos- Eli adopta un semblante solemne- Si cuando pase la semana no se te ha pasado, por favor, ves al médico- Carlos la mira boquiabierto- Por favor, ya que no lo haces por ti, hazlo por los que te queremos. - Este cabizbajo asintió y se dió la vuelta, al mismo tiempo que hace un ademán de despedida en el portal de Eli y se aleja silenciosamente. 

A la mañana siguiente, Carlos escogió su taza favorita e hizo las pertinentes comprobaciones antes de encender el microondas. Pruebas de sonido. Sacó una cucharilla y la chocó contra la taza. Notó un leve zumbido pero nada comparado con lo de anoche. Aun sintiendo la imperiosa necesidad de que debía ir al médico, él seguía en sus trece. Por lo que haciendo caso omiso al zumbido, se sirvió el café y encendió el microondas con la taza dentro. 

El sonido le obligo esta vez a literalmente tirarse al suelo durante los minutos que el aparato estuvo en funcionamiento. Cuando este emitió el timbre que indicaba que el café ya estaba listo, se retorció en el suelo de dolor. Todo le daba vueltas, y el dolor en la sienes y los oídos eran horribles. Comenzó a sangrar de una oreja. 

Salió escopeteado hacia el hospital pero en el trayecto, la pena fueron los obstáculos que no supo preveer, ya que el sonido del gentío, el claxon, y el ruido de los motores le obligaron a ir por la calle con las manos tapándose las orejas. No fue hasta que llegó al hospital, que encontró algo de paz. Lo suficiente cómo para no tener que taparse. 

Después de casi dos horas, el médico le atendió. Carlos le explicó asustado y medio horrorizado, sus síntomas y el doctor extrajo los instrumentos, Observó los timpanos, los ojos y la boca. Y le preguntó:

- ¿Tomas drogas?
-No.- y entonces añadió - Usted cree que yo voy a tomar ... 
- Es un simple test para recopilar información, para llegar a un diagnóstico claro- interpuso. Y este no dijo más- ¿Duermes bien?
- Pues ... ahora que lo dice, me cuesta conciliar el sueño por las noches. 
- Bien.- dice mientras anota en el ordenador y añade- ¿Has tenido algún trauma psicologico o emocional?
- Bueno, mi padre nos abandonó cuando yo tenía siete años, pero lo tengo superado... No es ningún trauma. 
-A veces no es cuestión de superarlo pero voy a mirar si puedo concertarte cita con la psicologa. Creo que te pude ir bien. 
- Pero vamos a ver, yo he venido por el oído. ¿Qué tiene eso qué ver con mi problema?
- Mucho más de lo que piensas chico.- Odiaba que por tener unos años más que él le llamaran chico pero ¿qué podía hacer? añadió el doctor entonces: - Creo que tengo un diagnostico pero quiero llamar al especialista inmediatamente porque tu problema podría ser grave... 
- ¿Cómo de grave?- se apresuró Carlos
- No puedo decírtelo con exactitud pero llamare a mi colega. 

El doctor se marcha de la estancia y después de quince minutos aparece con un hombre con gafas, alto, mayor y con las manos arrugadas. Este procede a revisar su orificio auditivo. Cruzan miradas entre el doctor y el especialista. tras un silencio interminable. El doctor imprime una hoja que muestra a Carlos. Lo primero que aprecia y por que la letra es grande es la palabra: Hiperacusia:

- ¿Qué es esto? ¿Qué es la Hiperacusia?
- vamos a ver, oyes los sonidos más fuertes, tienes dolores de cabeza, malestar y no puedes casi ni diferenciar entre un sonido normal y uno extramadamente fuerte sino que, todo es extremo, ¿no?
-Así es, doctor. 
-Pues a eso se le llama Hiperacusia. Tienes una extrema audición.
- Ahora me encaja todo. 
- Lo que se viene se puede tratar.
- ¿Cómo?
- No me es fácil decirte esto pero los pacientes que la sufren, muy raramente hacen vida normal y tienden a aislarse del mundo por la sensibilidad de los sonidos... 
- ¿Está sugiriendo que me internen?
-¡Jesús! ¡No! nadie en su sano juicio haría eso hoy en día pero hay tratamientos mediante medicación que pueden aplacar levemente los síntomas. Te sentiras mejor. De hecho aquí tienes la receta y te he concertado cita ya con la psicologa y con nosotros para dentro de dos semanas y así seguir tu caso más de cerca. 

- Bueno, le hice una promesa a una amiga y la cumpliré- dijo sin estar muy convencido- Por lo que no me quedará más remedio que ingerir pastillas. 

Carlos salíó de allí estupefacto. Pero no concibia el hecho que había planteado el letrado. Sus amigos eran cómo hermanos. No se aislaría. 
Antes de salir a la calle, se guarda la receta en el bolsillo y sale con las manos en a ambos lados de la cabeza. Busca la farmacia mas cercana. 

Después de unos minutos, en la misma farmacia casi tuvo que rogar un vasito de agua para poder ingerir las pastillas y quedarse allí  hasta que la sensibilidad auditiva redujera considerablemente. Es entonces cuando se dirige a casa lo más rápido posible. No sabía el efecto de esas cosas pero debía refugiarse de tanta acústica. 

Una vez en el su zona segura, su casa, se sentía a salvo de tanto ruido o eso creía por lo que tuvo que llamar a clase y al trabajo para decir que estaría unas semanas sin ir. No se sentía con el suficiente ánimo como para ir a aquellos lugares sin que le fuera a estallar la cabeza. Se sintió aliviado de no tener que pasar por aquel mal trago. 


***

Habiendo pasado una semana, Carlos estaba casi acostumbrado al nuevo oír. Solo que ahora, el habitáculo era un cúmulo de voces susurrantes que hablaban entre ellas, las cuales, no podía hacer callar, ni tan siquiera podía hacer nada por no oírlas. Y es que siempre se escuchaba lo mismo, la vecina de algún lugar del edificio hablando de una chica ¨Esa chica seguro que anda en algo¨ ¨No debe ser fácil ir por la calle con esas pintas por las calles¨ en alguna ocasión se oía al supuesto marido que aseguraba que alguien, algún día la escucharía y entonces otro gallo cantaría. Era cuando carlos sonreía y pensaba ¨Y tanto que te oigo bruja¨ 

Carlos dedicó los ultimos días de aquella semana, mientras mascullaba por lo vagini y maldecía a la vecina por decir aquellas cosas tan crueles a aquella chica. Bueno, por eso y porque daba la casualidad de que aquella vecina era la ultima en acostarse.

Decidió hallar a la chica. Al fin y al cabo, no debía ser dificil ¿no? En una de las demostraciones de despreocupacion por aquella chica, la vecina dió una descripción que la hizo llevarse la reprimenda de su marido con creces. Aquello le sirvió para deambular por el edificio y cómo sabía el nombre de ella, lo unico que tuvo que hacer fue mirar en el buzón del portal . 

La misteriosa chica, tan mencionada, casi una amiga, como de la familia se llamaba Rosa Morales y supo que vivía justo una planta por debajo de él. Ahora solo tenía que hallar un modo de tener conversación con ella. Fue cuando pensó detenidamente en lo que estaba haciendo. ¿Se iba a plantar frente a ella y le iba a contar que gracias a su habilidad sensitiva podía escuchar a la vecina de enfrente? ¿Y luego qué? se quitó la idea de la cabeza. 

Carlos seguía ensimismado, por medio de las pastillas, que le dejaban medio estable como para escuchar al recinto vecinal en sus cosas. A veces, resultaba agobiante pero había aprendido a confiar bien en las pastillas, tanto que ya no podía vivir sin ellas. De hecho, un día casi se le olvidó y fue como si le amartillearan la cabeza. Comenzó a dejar de quedar con sus amigos. 


La situación agravó cuando al ver a la vecina chismosa, mientras bajaba las escaleras , por detrás vió a la posible Rosa Morales. Allí estaba la vecina chismosa que le daba codazos a su marido como si nadie se diera cuenta. Rosa , iba impoluta, unos vaqueros, un top y el cabello suelto con una melena pero la vecina maleducada le sacaba de las casillas. No pudo captar la media sonrisa de Rosa, que se dirigía hacia el buzón en busca del correo y este decidió ligar delante de la vecina cotilla para callarla. 

Rojo como un tomate se dirigió hacia una Rosa de piel negra e imponente:

- Oye... -intervino cortadísimo
-Dime vecino - declaró Rosa con intención y animada
- Tienes... Tienes ... - Rosa comenzó a tocarse el cabello como si tuviera algo en ahí o en alguna parte pero este mira de nuevo a la vecina cotilla y espeta:
- ¿Tienes algo qué hacer esta tarde?- Rosa sonrió pero la vecina tenía la boca desencajada de la sorpresa, cosa que no vió Carlos porque estaba demasiado nervioso.

Los vecinos cotillas se marchan hacer lo que tuvieran que hacer, si es que tenían que hacer alguna otra distracción,  y rosa habló libremente:

- No veas vecino, has logrado lo que yo en veinte años no he conseguido. Gracias por la invitación- Le guiña el ojo- ¿Me recoges a las cinco? 

Carlos no sabia como lo había hecho pero había logrado su objetivo. Un par de semanas a la vista del vecindario y esa bruja callaría para siempre. Carlos estaba sumido en sus pensamientos y las voces del gentío en la calle. Tuvo que asentir seco y disculparse. Salió corriendo hacía el apartamento con lo que parecía ser otro síntoma. Rosa no se extrañó, sonrió y se fue poco después a su piso.


Esa misma tarde Joan, Eli y Joana pasan a ver cómo está su amigo pero Carlos insiste en que no deberían de haber venido. Él aseguraba estar bien mientras ingeria otra pastilla demás. estuvieron charlando, casi susurrando debido a la notoriedad de lo sensible de las vibraciones vocales. Finalmente, les pidió por favor que le dejaran descansar. Acto seguido puso el despertador a las cuatro y se echó a dormir en la cama a oscuras. 

Se sumió en un festival de voces que iban y venían hasta que a la hora acordada, sonó el despertador. Era horrible , no había mejorado pero tenía otro recurso para quedar con Rosa. Invitarla a su piso aun a riesgo de parecer un salido. ¿Qué otra cosa podía hacer? el dolor era terrible por lo que pronto desistió de aquella idea, dejó pasar las horas y se quedó dormido en el sofá. 

Suena el timbre. Como puede abre la puerta y al abrirla es Rosa, que trae un tarro y va con ropa de estar por casa:

-Hola, espero que no pienses que soy un estorbo pero al ver que te enontrabas mal ... - añadió una sonrisa de oreja a oreja - Se me occurrió prepararte esto. 

-Ah! Sí sí! pasa por favor... y ... ¿qué es lo que has preparado?

-Un remedio muy bueno para tus sintomas. 

-Bueno, lo probaré. Es un detalle por tu parte. Pasa mujer que no te voy a comer- rien los dos sin dejar de mirarse a los ojos. 

La tarde se hace una velada de los más agradable gracias a Rosa y su ¨hunguento mágico¨ el cual no quiso revelar qué le había echado. Los dolores desaparecieron y el malestar también. Quedaron para una próxima vez. 

***

Habían pasado las dos semanas acordadas y acudió religiosamente a la cita. Carlos acudió a la cita con la psicóloga y con el especialista. Ambos les aseguraban que mejoraría pero él no dejaba de pensar en lo bien que se encontraba. Hasta la charla con la psicóloga le pareció que le dejó , de lo más raro que de costumbre con sus mantras y el positivismo. Carlos no necesitaba aquello o eso quiso hacerse creer. 


Rosa ha invitado a Carlos ese fin de semana a cenar pero, ella la anula sin dar explicaciones. Carlos queda con sus amigos y pasa una tarde entre la familia que no es de sangre, pero cómo si lo fuera. 

Todos hacen bromas con respecto a su vecina y todos rien cómo si el incidente nunca hubiera ocurrido. Carlos sentía el poder de querer estar vivo aunque a veces, le sobrecogia un temor infundado que le hacía creer que se encontraría mal en la calle, delante de sus amigos. Ello le preocupaba. No quería hacerles sufrir más de la cuenta.


Volviendo al vecindario, ya en su barrio, comienza a notar el alboroto de voces leves , tal y como cuando tomaba las pastillas. Soportable , tranquilo. Al fin escuchó cómo su vecina de en frente, Marga, comentaba la jugada de la semana pasada. Esta vez su marido daría en el clavo, para que dejara de hablar definitivamente ¨A ti lo que te pasa es que te gustaria ser cómo Rosa, y no tienes nada mejor que hacer que meterte en vidas ajenas. Cómo sigas por este camino ...¨ Carlos no cree que haya hecho nada malo pero si su marido le dejaba, se lo tenía merecido. Pensaba que no hay que ser tan cotilla, que hay que dejar ser algo así como ¨vive y deja vivir¨.

Carlos piensa en Rosa, y en lo acertado de todos estos días, ¿cómo podía ser que conociera tan bien sus dolencias? es más, le sorprendía incluso, lo bien que habían encajado para no haberse dirigido la palabra en tantos años y estando en el mismo edificio. Será que ella es de las que sabe como hacer sentir bien a los demás se decía Carlos. 

Pronto comenzaron a dejar de quedar por indisposición de ella. Mientras tanto, Carlos seguía pasando por el gaznate pastillas y mejorando con los días pero de lo que no se libraba era de las oleadas decibélicas que para si oído, habían sido reducidas mediante la ingesta. En este caso, oía las conversaciones de alguien que andaba en problemas.

¿Sería demasiado loco ayudarlo? Pensó en Rosa y decidió pasarse a verla ya que la Hipersacusia la tenía bien controlada. 

Bajó los escalones y llego a la puerta. Tocó el timbre y allí estaba ella tras varios minutos. Con su bata rosa de siempre y su cabello, esta vez, despeinado:

-Venía a ver cómo seguías. Estás mejor ?
- Qué bien! no esperaba menos, pasa- adecua con una sonrisa amplia
- Qué te ocurre Rosa?
- Bueno, esto le suele suceder a poca gente pero de niña ya me ocurria así que tengo a la bestia dominada o eso creo yo a veces...
- venga Rosa... No te hagas la fuerte, en mi puedes confiar.
- Lo sé 
-¿Entonces?
- Síentate en el sofá -Le indica Rosa a Carlos y este le hace caso
- Es como si todo mi mundo se trastocára ¿me entiendes? me siento débil, tengo mal estar en el cuerpo ... a veces no duermo ... - Carlos se teme lo peor pero sigue escuchando- A ver, es que lo que a ti te pasa... a mi también me ocurre- Carlos quedó boquiabierto , con la mandíbula desencajada. No sabía qué decir. 
- En... Entoces tienes ... 
- Sí Carlos, lo que has intentado hacer estos semanas por mi, no lo ©️había hecho nadie, de hecho , te considero el defensor del edificio. Eres una buena persona, ¿Sabes? Y.. un consejo, esa persona a la que seguramente quieres ayudar, es mejor que no la ayudes. Hazme caso. - Carlos quedó atónito. Quería expresar su alegría pero al mismo tiempo le desconcertaba que supiera tanto de él. No sabía muy bien cómo reaccionar por lo que optó por sonreír. - Deduzco que no sabes que decir, es normal , cuando yo lo supe también me ocurrió. 
- Debes saber ... que ... no quería nada raro contigo, solo quería que Marga, mi vecina de enfrente dejara de cotillear...
-jajajaj lo sé tranquilo, no te veo como esa clase de tios.- Carlos se quedó pensativo
-¿Que clase de tios?- dijo tajante
-Eres un buen chico, ya te lo he dicho 
-Dejando a un lado eso, ¿tienes... Hiperacusia?
-Exacto 

Carlos comprendió todo , su sonrisa cómplice, su habilidad para tratar los dolores... todo. 

Aquello no fue el final de una historia sino que, afianzó su relación y bien que lo hizo, pues ahora ya no eran una colla de cuatro sino de cinco. 





©️El Rincón de Keren