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Microrrelato: Afán de vida

 ¡Hola, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Este relato, viene de la mano de las madrugadas y las cavilaciones con el mundo que nos rodea. Es posible que ahora que aun sigamos en este rojo pandemia, y alerta social, no sepamos los entresijos que guarda el Covid, pero no sé porqué, creo que hay algo más. Esperemos que no, pero hemos superado a la ciencia ficción de Ray Bradbury o C. Clarke. ¿Qué más puede ocurrir?



 MICRORRELATO

«Dejé tras de mi la reja que divisaba este mundo y en el que había ejercido cómo médico, para hacer una promesa. No volver a hablar con nadie de lo que había sucedido allí, a cambio de algo.

Este mundo tiene algunas modernidades: puedes ir de un sitio y a otro, con echar una moneda en el vehículo que elijas, tomar algo o comer con dos monedas, asistir a algún evento por otras tantas monedas y divertirte por poco menos de cinco monedas. En resumidas cuentas, todo es accesible si tienes dinero, solo hay un gran problema, el precio de la vida se está encareciendo y el mundo en el que había crecido, se debilitaba debido a su poca vegetación. En su lugar, había espacios artificiales que simulaban la naturaleza, pero yo seguía pensando, que no tenía comparación con lo real. Sobre todo después de conocer ese hermoso mundo.

Aquel mundo, separado por una gran vivienda que, podría ser la mansión de un conde, divisaba la vida que yo conocía y la que, a mi parecer, debía ser.

Tras años de una vida artificial, me encontré con lagos dulces, extensas vegetaciones y arboledas, seres vivos cual más extraños que había visto, y lo mejor de todo, todo lo que desearas tan solo tenías que pensarlo. Así, si querías una cama, aparecía una; si querías una tumbona, también; pero los lugareños, lejos de desear cosas de la vida futura, deseaban comida o calor hogareño para los meses de lluvia, todo compuesto por una armonía que asombraba. Tal vez mis deseos eran demasiado… extravagantes y superficiales. Pero con el tiempo, fui conociendo la cultura y adaptándome a la forma de vida que había allí.

Accedí al mundo, que se llamaba Luba, enviado por el consejo de guerra en una misión secreta para averiguar el legado de su longeva vida y el de la adaptación vegetal. Todo se complicó cuando una guerra estalló, pero no era nada comparado con lo que imaginaba del mundo moderno del que provenía. En lugar de bombas de virus atómicas, lo que había, eran temporales emitidos por cada uno de los combatientes, mediante la fuerza de su naturaleza. El cielo se tornaba gris o rojo según el poder que albergara en su ser. A veces, pensaba que aquel planeta simplemente se apagaría o estallaría como una olla a presión, debido a los cambios luminiscentes que se experimentaban.  Lo que duraría apenas unos días en el mundo moderno, se prolongaba por semanas en Luba. Debido a las descargas eléctricas, había tantas bajas, que se me hacía difícil mi oficio. Fue entonces cuando me pidieron que me las apañara cómo fuera, pero que salvara su mundo a cualquier precio si quería volver al mío. 

Fuera como fuere, a aquellas alturas, ya había violado las normas al interesarme por su anatomía. Sus cuerpos se regeneraban al coserlos a otros, cicatrizaban rápidamente una vez se les realizaba una simple operación juntando miembros o recomponiéndolos gracias a la tecnología que mi mundo me había proporcionado. ¡Era fascinante! Hasta que a la sala médica , llegó un niño de unos doce años al que no hubo manera de hacer cicatrizar ninguna de las heridas ni juntando los miembros, tampoco encontrando órganos sanos. Por lo que sumido en un profundo sueño, con los múltiples cables que pendían de él, se me ocurrió crear un cuerpo nuevo. La idea era coger partes de otros cuerpos diseccionados y depositar el joven cerebro en ese. Sería lo mismo, pero con la ventaja de que tendría un cuerpo mejorado, adulto y perfecto. Si os preguntáis porque no desearon que se curara la criatura, fue porque debido a la información que se filtró en base en mis investigaciones, hicieron desaparecer al consejo, ya que ellos eran los que regían los poderes del mundo de Luba. La operación surtió efecto, pero había creado una abominación, que destruyó parte del nuevo mundo. Ahora, corría peligro mundo moderno.

Mis superiores me pidieron discreción y la posibilidad de volver a mundo moderno sin preocuparme de ningún gasto económico. Solo había un problema que no vi venir, no debía hablar de lo que había visto allí, debía prestar toda información que hubiera aprendido o adquirido acerca de los lubeños. Impidieron la entrada o la salida hacia aquel mundo,  con un acceso desde el interior de la sede por el que solo se podía penetrar con identificación.

Para cuando me quise dar cuenta, tenía un coche que no hacía falta que pagara su gasolina o su mantenimiento,  eso sí, no tendría que preocuparme por ningún gasto en lo que me quedaba de vida. Sin embargo, no era feliz, ya que ahora estaban a punto de dejar a media población morir de hambre y miseria. A los nuevos acontecimientos, se añadía, que aquella abominación de mi creación consiguió cruzar la frontera y arrasar con todo lo que encontraba en mundo moderno. Comencé a sentirme culpable, a sentir miedo por mi vida y a tener pesadillas.

Fue esa noche en la que cogí mis cosas y me dirigí hacia a la gran mansión, pasé la tarjeta identificativa, sin levantar sospecha, crucé el umbral y al  ver la vida tal cómo la recordaba en su momento en Luba, cuando estuve allí, lo supe, paz y naturaleza; Bondad y respeto; Armonía y principios... Sabía que les había traicionado; ¿Quién era yo para reprocharles los daños les había causado? quisieron matarme, quisieron celebrar un juicio, pero en lugar de ello, como el consejo ya no existía, me dejaron en el valle de las almas perdidas donde animales y seres místicos me devoraron, dejando una sola cosa de mí, que brotaría para la eternidad en la naturaleza de la creación. Mi alma.

Luba es ahora, el único ecosistema existente en la vía láctea escondido en una mansión en un lugar recóndito del mundo. Hoy, solo soy un ente que viaja aéreamente para prevenir de la codicia del mayor mamífero que habitaba la tierra, el hombre moderno»  

REFLEXIÓN

 La mano del hombre a lo largo de la historia ha cometido un montón de atrocidades. Sobre todo, los colonos en lugares cómo África, América latina, entre otros. ¿Cómo podemos concebir que el ser humano es la mayor creación perfecta de la que desconocemos muchas cosas si tras su creación hay tantas aberraciones?

En Bélgica el rey Leopoldo II cortaba extremidades de hombres y mujeres negros por castigo en trabajos forzosos y en otras partes del mundo se han realizado experimentos en los que se quería demostrar que, los hombres y mujeres negros eran una raza demasiado resistente cómo para no hacer experimentos con ellos. Hay estudios, hay artículos. Luego sabemos que el rey de la ginecología extirpaba partes intimas de mujeres negras, para sus conclusiones. 

Entonces, conocemos en la historia, muchas cosas que no nos hacen mejores pero que hay que conocer para poder mirar con otros ojos. 

Dentro de las maravillas que esconde el cuerpo humano, sea negro o no, hay que reconocer que la historia por parecer diferente o ser de distinta piel o condición sexual, se han cometido actos que hoy, nos llevamos las manos a la cabeza pero... ¿Cómo podemos llamarnos modernos si las personas  cambian de pensamiento, de era, pero el sistema se empeña en llevar acabo prácticas que son retrogradas? 

¿DEBERÍAMOS INTROSPECCIONARNOS? ¿SOMOS REALMENTE TAN AVANZADOS Y MODERNOS CÓMO NOS CREEMOS?


¿Estás en acuerdo o en desacuerdo? Me gustará saber tu opinión. 

Sé que el relato no es de los mejores, pero tendréis una nueva versión dentro de poco. 

GRACIAS POR PASAR POR MI ESPACIO Y SOBRE TODO DEJAR TÚ SEMILLITA. 

Si te perdiste el anterior microrrelato del viernes pasado, leelo AQUÍ


©El Rincón de Keren 

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